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¿Qué es la filantropía? El diccionario de la Real Academia Española lo define comoel amor al género humano. Etimológicamente proviene del griego philanthrōpía, un vocablo compuesto por las palabras philos (amor) y antropos (hombre).

La filantropía es tan antigua como las grandes civilizaciones de Oriente y de Occidente. Frecuentemente se la suele equiparar con los conceptos de caridad y generosidad. Para diferenciarlas, digamos que tanto la caridad como la generosidad pretenden solucionar un problema en el corto plazo, mientras que la filantropía pretende solucionar de manera inteligente ese mismo problema en el largo plazo. En la Edad Media se le denominó mecenazgo, un tipo de patrocinio que se otorga a artistas, literatos o científicos a fin de permitirles desarrollar su obra.

Tampoco se la debe confundir con el patrocinio (sponsorship). El patrocinio es un convenio entre una empresa u organización, denominada patrocinador, y otra organización o persona, denominada patrocinado, a fin de que éste presente la marca o el producto que desea promover la empresa patrocinadora.

La filantropía universitaria es la contribución principalmente monetaria pero también no monetaria de seres humanos racionales, generosos, altruistas y desinteresados a sus altas casas de estudios, con el fin de contribuir al logro de sus objetivos. La filantropía es uno de los antecedentes más cercanos al concepto de la Responsalidad Social Empresarial (RSE).

«Esperamos saber de usted en cinco años, señor graduado«, fueron las incomprendidas palabras con las cuales me recibió mi asesor (advisor) de maestría cuando lo visité para despedirme por haber finalizado mis estudios en la Escuela de Negocios de la Universidad de Kansas. Al principio, confieso no haber entendido el sentido de sus palabras, hasta que muy amablemente Mr. David Collins me entregó el folleto institucional de la fundación de la universidad, la encargada de gestionar las donaciones de fondos (fundraising) para que lo lea y luego me explique las numerosas razones por las cuales debería ser generoso con mi alma mater de posgrado. Su inteligente explicación quizás haya sido mi primera aproximación al concepto de la filantropía universitaria.

Es justamente en el sistema universitario norteamericano donde más está arraigada la cultura filantrópica universitaria. De hecho, varias de sus grandes universidades sin fines de lucro llevan los apellidos de sus antiguos benefactores, como Harvard, Stanford y Carnegie Mellon, entre tantas otras. Aún tengo viva en mi memoria aquellas largas caminatas en el bello campus de la Universidad de Kansas, una grant university, en la que varias sus aulas, laboratorios y edificios académicos, administrativos y hasta deportivos se denominaban con los nombres de sus donantes. Hasta las computadoras o equipos de laboratorio tenían inscripciones de quien las donó. Estos serían algunos ejemplos de la filantropía física o tangible.

Pero una contribución filantrópica también puede ser no física o intangible. Si bien ambas tienen como denominador común el hecho de que conllevan la entrega de fondos financieros, se distinguen en los resultados que podrían obtenerse con la aplicación de los mismos.

La filantropía intangible consiste en la donación de fondos para realizar investigaciones específicas, para becas, algunas denominadas con los nombres de sus donantes; para abrir cátedras (professorships o chairs) con nombres de las personas físicas o jurídicas que las apoyan; para dar charlas o conferencias magistrales, etc.

Por otra parte, desde maestrías y hasta doctorados se denominan con los nombres de sus benefactores, y también es frecuente observar placas de agradecimiento o cuadros de los donantes en lugares de alta circulación en la universidad. Lo último, gracias a la ubicuidad de Internet, se ha potenciado sustancialmente.

La Universidad de Stanford comenzó a funcionar en 1891. (WikiCommons)

En el siglo XIX se produjo el boom de la filantropía moderna en Estados Unidos, siendo sus grandes impulsores dos de los grandes millonarios de aquel siglo: Andrew Carnegie y John D. Rockefeller.

Carnegie escribió en aquellos años de «capitalismo salvaje» un ensayo titulado El evangelio de la riqueza, que llegó a ser una especie de biblia para los filántropos. Una de sus tantas sugerencias sobre qué podían hacer con sus riquezas los millonarios fue justamente fundar universidades, en algunos casos de la nada, tal como lo hizo Leland Stanford en memoria a su hijo, fundando la Universidad de Stanford en 1891.

Filantropía en la Universidad de Kansas

Tan solo para tener una idea de la importancia de la filantropía universitaria en Estados Unidos, repasemos algunos datos de la Fundación de la Universidad de Kansas: 91 % de las donaciones son iguales o menores a USD $500; 67 de los edificios del campus fueron construidos con aportes privados; 194 professorships o cátedras fueron creadas con fondos privados; 6.500 estudiantes reciben cada año becas financiadas por el sector privado y además financia a largo plazo a los estudiantes matriculados en la universidad.

Como dato no menor, el KUendowment ha sido la primera fundación en su clase y es un ejemplo que fue seguido por otras 1.000 fundaciones creadas a lo largo del gran país del norte.

Para ilustrar mejor el funcionamiento de la filantropía universitaria en EE. UU., y también con el propósito de que sirvan de ejemplo en nuestro país, hablaremos sobre las características que adornan a sus fundaciones universitarias (foundations) y cómo gestionan los fondos provenientes de las donaciones o dotaciones (endowments) que las mismas reciben. Son las instituciones filantrópicas que forman parte del tercer sector.

Las fundaciones universitarias en EE. UU. son entidades sin fines de lucro e independientes de las universidades y de los estados que financian la educación superior. Recordemos que en el país norteamericano son los estados los encargados de gestionar y regular las universidades, según la Constitución. Están exentas de impuestos y las donaciones son utilizadas de acuerdo a los deseos de sus donantes.

Generalmente estas fundaciones están asociadas al Council for Advancement and Support of Education (CASE), que es una entidad de segundo nivel. CASE ofrece a sus miembros productos y servicios, establece estándares y principios éticos para las entidades y profesionales que actúan en el campo filantrópico, en los fundraisings y en el cultivo de las relaciones con exalumnos.

Las dotaciones son una de las tantas formas de apoyar o donar que tienen los filántropos norteamericanos. Las dotaciones deben generar retornos positivos a perpetuidad con el fin de financiar ciertas actividades presentes o futuras de la universidad. Sin lugar a dudas, la dotación de la Universidad de Harvard es la más conocida y grande del mundo. Es tan importante que financió el 36 % de los gastos operativos de la universidad en 2016.

También existen otras experiencias exitosas a nivel internacional sobre la participación de las donaciones en el total de ingresos de las universidades. Por ejemplo, la bien rankeada y privada Pohang University of Science and Technology (POSTECH) de Corea del Sur obtiene el 34% de sus ingresos del retorno producido por la generosa dotación recibida en los años 80 de POSCO, una de las más grandes acerías del mundo. El endowment de POSTECH está compuesto principalmente por acciones de la empresa POSCO. Las ganancias anuales generadas le permite otorgar gratuidad completa a sus aproximadamente 3.000 estudiantes de grado y posgrados, de los cuales la mitad son de candidatos a Phd, los que viven en confortables residencias universitarias ubicadas en la cercanía de edificios y laboratorios de investigación de clase mundial (ver Byung Shik Rhee en Altbach & Salmi, 2011). 

Por otra parte, en América Latina resaltan dos experiencias exitosas en filantropía universitaria: la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) y el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITSEM). La PUC fundada en 1888, obtuvo el 7% de sus ingresos totales de donaciones, mientras que el ITSEM, fundada en 1943, el 13 % de sus ingresos totales provino de este mismo concepto, en ambos casos para el año 2010 (Jamil Salmi en Altbach & Salmi, 2011).

En cuanto a las donaciones recibidas por las universidades nacionales, desconocemos los montos y porcentajes, porque no existen.

Filantropía universitaria en el Paraguay

Hablemos ahora de cómo estamos en nuestro país con la filantropía y para ello me animo a preguntar, ¿cuánto dinero ha donado usted a la universidad de la que egresó?

La filantropía universitaria no la practican solamente los millonarios, sino que debería ser una iniciativa ciudadana. Esta pregunta en nuestro medio es un poco ridícula porque nadie dona a su universidad, ya sea porque piensa que no es necesario o porque nunca fue motivado a que ello. De hecho, en Paraguay la cultura filantrópica universitaria es inexistente, o si la hay está pobremente divulgada.

Se debe desarrollar esta cultura para que nuestras casas de altos estudios, en las que existen grandes carencias, obtengan nuevos fondos para desarrollar sus objetivos de docencia, investigación y extensión y de esta manera se integren mejor a su entorno.

La ausencia de esta cultura filantrópica universitaria ha sido uno de mis principales cuestionamientos a la propuesta del estamento estudiantil consistente en aumentar la composición de los egresados no docentes en el gobierno colegiado de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), el denominado 8 + 4 + 4, o sea la paridad estamental del gobierno universitario.

Recuerdo haber preguntado a colegas docentes y alumnos cuál ha sido o es el gran aporte de los no docentes para que los mismos aspiren a tan grande presencia en los órganos de poder de la universidad. Les pregunté si alguno de ellos conoce sobre donaciones recibidas de exitosos profesionales o empresarios egresados. También pregunté si alguna vez vieron en las facultades de la UNA donaciones de computadoras, pupitres, acondicionadores de aire, libros y ni qué decir donaciones para obras de infraestructura tales como aulas, laboratorios, bibliotecas, etc. La respuesta fue negativa.

Vuelvo a advertir que tal vez existan donaciones generosas en otras casas de estudios, en las cuales no participo y que por ende no las conozco. Concordemos que las facultades de la UNA son las responsables por no haber propiciado iniciativas innovadoras que conviertan a sus egresados y a cualquier ciudadano en sus benefactores, y si estos existieran, por no haberlos publicitado oportuna y adecuadamente. Los benefactores universitarios no deben temer que sus actos altruistas sean divulgados, porque esto podría disparar una sana competencia sobre quién dona más a las universidades. Sin embargo, están en su derecho si deciden optar por no divulgar sus nombres.

En cuanto a la existencia de fundaciones relacionadas con la educación superior, una rápida en Google arrojó cero resultados. En años anteriores he tenido experiencias en capacitación de posgrado con la Fundación de la Universidad Nacional de Itapuá (FUNDUNI), la cual creo sigue existiendo. Con relación a la Fundación de la Universidad Nacional de Asunción (FUNDUNA), parece ser que dejó de existir hace varios años. Quizás en nuestro medio las asociaciones de egresados universitarios podrían asumir el rol de las fundaciones ante la inexistencia de éstas. De hecho en otros países ambas realizan tareas en coordinación.

Cultura filantrópica

Por lo tanto, la UNA en particular y las demás universidades públicas y privadas en general, tienen la difícil tarea de integrar a su ethos la cultura filantrópica y luego traspasarla a sus egresados y a la ciudadanía. Ni el más generoso donante adquiere un compromiso (engagement) filantrópico de la noche a la mañana, porque este tema atañe directamente a la confianza y la reputación que la universidad proyecta en la comunidad. Y como todo tema relacionado con el ethos universitario, llevará tiempo, sudor y lágrimas para que se llegue a esto.

Ahora bien ¿cuál debe ser el rol del Estado en este tema? Varios países poseen leyes concretas para afianzar su participación en este sector. Por ejemplo, en España está la ley del régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos, más conocida como la Ley del Mecenazgo; en Chile la Ley de Donaciones y el Brasil desde 2009 tiene una nueva ley de filantropía.

En nuestro país el rol estatal debería estar enfocado principalmente en dos temas: promulgar una la ley que promueva y ampare la filantropía universitaria y en incentivar las donaciones privadas con mayores deducciones fiscales. Ambos temas podrían ser contemplados en esta ley especial. Por más que la Ley N° 4995/13 De Educación Superior, contempla y duplicadamente este tema en sus artículos 77° y 81°, pienso que se debería analizar la posibilidad de promulgar una ley exclusiva que reglamente e incentive la filantropía universitaria. Sobre todo teniendo en cuenta que el financiamiento de nuestras universidades publicas nunca es suficiente.

El Artículo 77 dice: “Las universidades privadas podrán recibir fondos aportados por el Estado toda vez que se adecuen a los requisitos de calidad y transparencia administrativa, que serán reglamentados por el Consejo Nacional de Educación Superior. Las inversiones que las empresas realicen en la formación y capacitación de sus recursos humanos en Instituciones de Educación Superior con carreras acreditadas, así como las donaciones e inversiones que se destinen a la educación superior serán deducibles de todo tipo impuestos, tasas y contribuciones creados o por crearse”.

Mientras que en el Artículo 81 habla de la misma cosa y declara: «Las inversiones, donaciones y legados que se realicen a favor de las instituciones de educación superior, estarán exentos del pago de todo tipo de tributos creados o por crearse y el monto o valor será totalmente deducible para los otorgantes del pago del impuesto a la renta«. Al parecer ambos artículos tratan de lo mismo, por lo que es muy posible que los legisladores hayan duplicado este tema al redactar la ley.

En lo que atañe a las deducciones impositivas para las donaciones, en nuestro país solo se acepta como deducción máxima el 1 % de los ingresos brutos para los contribuyentes del Impuesto a la Renta Actividades Comerciales, Industriales y de Servicios (IRACIS). Los contribuyentes del IRACIS son mayoritariamente personas jurídicas, por ejemplo las empresas.

En lo que concierne a las personas físicas que tributan el Impuesto a la Renta Personal (IRP), el Decreto N° 6560/16, que modifica varios artículos que de la ley del IRP, en su Art. 24° establece lo siguiente: Las donaciones en dinero o bienes tangibles serán deducibles hasta un monto que no supere el 20% de la renta neta gravada, cuando sean realizadas a favor de entidades educativas reconocidas.

La renta neta es la diferencia entre los ingresos gravados y los gastos deducibles. Si el monto donado fuera superior, la diferencia no podría deducirse. Por lo tanto, este articulo desmotiva completamente aquellas iniciativas filantrópicas que superen ese porcentaje.

Las universidades, los actuales y potenciales filántropos y el Estado paraguayo tienen tareas pendientes para incentivar el nacimiento y afianzamiento de una cultura filantrópica en este sector educativo. Prioritariamente surge la necesidad de diagnosticar el estado actual de la filantropía universitaria en  Paraguay, por lo menos para saber dónde estamos parados y hacía donde podríamos ir.

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Columnista de educación superior y sistemas universitarios en Ciencia del Sur. Graduado en Ciencias Contables y Administrativas en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Asunción, UNA. Post-Graduado en Didáctica Superior Universitaria en la UNA. Es Master en Contabilidad y Sistemas de Información por la Universidad en Kansas, Estados Unidos, en donde vivió y estudio durante casi 3 años. Actualmente es Doctorando en Ciencias Empresariales en la Universidad de Almería, España y en Ciencias de la Educación en la Universidad Autónoma de Asunción. Imparte clases avanzadas de Contabilidad, Auditoria y Controles de Gestión en universidades públicas y privadas de Paraguay. Fue coordinador de varias maestrías en Auditoria y Controles de Gestión. Fue tutor de varias tesis de grado y maestrías. Escribió algunos libros, entre ellos Sistema de información gerencial, un estudio de las relaciones existentes entre las organizaciones, la gerencia y la tecnología de la información.

1 Comentario

  1. Muy didáctico e ilustrativo el artículo
    Estimado Walter, veo muy difícil la introducción de la cultura de la filantropía universitaria en Paraguay, porque la universidades en general están muy desprestigiadas.
    En efecto, las universidades publicas están estigmatizadas como corruptas y politizadas, mientras que las privadas como estafadoras que venden títulos y persiguen solamente el lucro. Aclaro que no me refiero a las llamadas «universidades de garage»
    El otro gran problema que tienen las universidades paraguayas en general, y las privadas en particular, es que no asignan recursos financieros para crear conocimiento mediante la investigación. Si bien la UNA asignó rubros presupuestarios para docentes investigadores, conforme se lee en la prensa escrita, algunos de estos rubros fueron malversados.
    En este escenario, veo con escepticismo la creación de la cultura de la filantropia universitaria en nuestro país.

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