En diciembre de 1972, el astronauta de la NASA Eugene Cernan finalizaba las 72 horas que permaneció sobre suelo lunar con estas palabras: “Nos vamos como vinimos. Con esperanza y paz para la humanidad”. Desde entonces, ningún ser humano volvió a poner pie sobre la superficie de nuestro satélite natural.
La principal razón de la interrupción de la exploración lunar fue económica: el costo de llegar a la Luna es enorme y los desafíos tecnológicos siguen siendo considerables. Aun así, un reducido grupo de países —y más recientemente empresas privadas— lograron posarse suavemente sobre ella mediante sondas o pequeños rovers.
Actualmente vivimos una segunda carrera espacial. Ya no solo los Estados buscan llegar a la Luna, sino también actores comerciales. Muchos de estos proyectos incluyen el retorno de misiones tripuladas, especialmente en el caso de China y Estados Unidos.
En este contexto, el 1 de abril de 2026 se lanzó Artemis II, una misión de la NASA que se desarrolló sin inconvenientes y finalizó exitosamente.
Artemisa II fue el primer vuelo humano con trayectoria lunar en este siglo. Pasaron más de 50 años desde la última vez que una tripulación tuvo como destino la Luna. Además, la misión marcó varios hitos: cuatro personas viajaron juntas hacia el entorno lunar; incluyó a la primera mujer y a la primera persona afroamericana en una misión de este tipo; se produjo comunicación directa entre dos tripulaciones en el espacio (ISS/Artemisa II); y por primera vez un astronauta no estadounidense participó en un vuelo lunar.
La misión tenía como objetivo realizar un sobrevuelo: llegar a la Luna, rodearla y regresar a la Tierra. El alunizaje no formaba parte del plan. Según los cronogramas actualizados de la NASA, el descenso a la superficie se prevé para Artemis IV, no antes de 2028.
Durante los primeros días de abril, Artemisa II dominó la agenda mediática global. No es menor, representa el inicio de una nueva etapa en la exploración humana del espacio profundo y acerca a la población mundial a la experiencia de un viaje lunar.
El evento fue seguido en tiempo real por millones de personas. Se pudo observar el lanzamiento, la inserción orbital, la vida cotidiana de los astronautas dentro de la cápsula Orion, imágenes del lado oculto de la Luna, un eclipse solar y, finalmente, un amerizaje de alta precisión.
El objetivo central de Artemisa II fue validar el sistema completo necesario para sostener misiones tripuladas de larga duración. Esto no incluía aún la tecnología de alunizaje.
Sistema de lanzamiento y nave
Una pieza fundamental fue el Space Launch System (SLS), actualmente el sistema más potente para enviar carga al espacio profundo. Está compuesto por dos cohetes laterales de combustible sólido y un núcleo central que utiliza hidrógeno y oxígeno líquidos. El programa SLS se originó en 2011 y, según planes recientes, sería retirado tras Artemis III.
La nave Orion (MPCV, Multi-Purpose Crew Vehicle) se compone de una torre de escape, el módulo de tripulación (CM) y el módulo de servicio europeo (ESM), desarrollado por la Agencia Espacial Europea. Este sistema puede sostener a cuatro astronautas durante unos 21 días.
El módulo de servicio ESM concentra los sistemas de soporte vital: energía (paneles solares capaces de generar 11,2 kW), oxígeno, nitrógeno y agua, además del combustible para maniobras. Este módulo se descarta antes del reingreso.
El módulo de tripulación, de unas 8 toneladas y 5 metros de diámetro, es la cápsula habitada. Su tarea más crítica es el reingreso atmosférico, su escudo térmico soporta temperaturas superiores a 3000 °C.
Artemisa II reingresó a la atmósfera terrestre a unos 40.000 km/h, desacelerando mediante un sistema de 11 paracaídas.
Tripulación
La misión estuvo integrada por:
- Reid Wiseman, comandante
- Victor Glover, piloto
- Christina Koch, especialista de misión
- Jeremy Hansen, especialista de misión
Este grupo —apodado informalmente “Los cuatro fantásticos— alcanzó una de las mayores distancias recorridas por humanos desde la Tierra en décadas.
¿Por qué volver a la Luna?
Más de medio siglo después del programa Apolo y en ausencia del contexto de la Guerra Fría, la pregunta es inevitable ¿para qué regresar?
Una de las respuestas sigue siendo política. Estados Unidos busca mantener su liderazgo espacial frente al avance del programa chino, que proyecta llevar astronautas a la Luna antes de 2030.
Otra razón es económica: la posible explotación de recursos lunares, como tierras raras o helio-3, que podrían ser relevantes para futuras infraestructuras energéticas o industriales.
La ciencia lunar
El retorno a la Luna también tiene un fuerte componente científico. Una presencia sostenida permitiría instalar observatorios en el lado oculto, ideal para la radioastronomía y la detección de señales del universo temprano o posibles biomarcadores en exoplanetas.
Además, una base lunar podría funcionar como plataforma para misiones hacia Marte y otros destinos del sistema solar. También permitiría estudiar los efectos de la microgravedad y la radiación en el cuerpo humano a largo plazo.
En ese sentido, una presencia humana estable en la Luna sería un paso intermedio clave hacia la expansión de nuestra civilización más allá de la Tierra.
Un impacto cultural
Finalmente, Artemisa II tuvo un fuerte impacto mediático y educativo. Este tipo de misiones puede incentivar vocaciones científicas y tecnológicas en nuevas generaciones.
Artemisa II no es aún la colonización de la Luna. Pero sí puede ser, con realismo, el primer peldaño en una estrategia de largo plazo: transformar a la humanidad en una especie multiplanetaria.
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Columnista de astronomía y cosmología de Ciencia del Sur. Es un reconocido analista de sistemas informáticos y divulgador astronómico paraguayo. Egresado de la Facultad Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción, fue miembro del Club de Astrofísica del Paraguay y fundador y secretario del Centro de Difusión e Investigación Astronómica (CEDIA). Construyó en 2003 un telescopio newtoniano y dictó varias charlas y conferencias por el Año Internacional de la Astronomía. Fundó el Foro Paraguayo de Astronomía, AstroPy.











