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En periodismo científico, a diferencia de otras áreas, la escuela de “las dos campanas” no solo no es recomendada sino a veces desalentada y condenada. Es que no se le puede poner en el mismo plano a hechos estudiados, fundamentados y evidenciados frente a las opiniones personales.

Sin embargo, los medios de comunicación caen en la tentación de crear conflictos o polémicas donde ya no existen discusiones serias. Es el ejemplo de la evolución, el cambio climático, el Holocausto o las vacunas, entre una larga lista. En este grupo se encuentran los negacionistas de la llegada humana a la Luna.

Hay algunos estudios al respecto. Recién en los últimos años se comenzó a investigar seriamente porqué la gente dudaba de estos temas. Un estudio publicado en Psychological Science muestra que el pensamiento conspirativo contribuye enormemente al rechazo de la ciencia.

En otra investigación, de la Universidad de Westminster y publicada en la revista Applied Cognitive Psychology, también se mostró que los negacionistas de la llegada a la Luna son más proclives a tener creencias en teorías de la conspiración y que incluso pueden desarrollar trastornos esquizotípicos de la personalidad.

Ignorando 50 años de evidencia, los fanáticos de las ideas conspirativas dicen que los astronautas del Apolo 11 (o de otra misión) nunca pisaron nuestro satélite natural y que todo fue un montaje cinematográfico financiado por el Gobierno de Estados Unidos.

Aunque parezca extraño, todavía hay gente que en 2019 niega que Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins hayan viajado en el Saturno V y alcanzado “un nuevo mundo”, el primero en toda la historia de la civilización.

“Negar la llegada a la Luna es simplemente ignorancia”, aseguró a Ciencia del Sur la Ing. Sandra Cauffman, directora interina de la División de Ciencias de la Tierra de la Dirección de Misiones Científicas de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA).

La investigadora estuvo hace unas semanas en Asunción, invitada por la Embajada de Estados Unidos, y aprovechó su estadía para incentivar a más niñas y adolescentes a seguir carreras científicas en la universidad. A su modo de ver, hay una abrumadora cantidad de evidencia a favor la hazaña tecnocientífica lunar.

La Ing. Sandra Cauffman estuvo unos días en Asunción, invitada por la Embajada de Estados Unidos. (Science Corner)

Cauffman nombró entre ellas la enorme cantidad de personas involucradas en el programa Apolo, desde científicos, técnicos, administrativos hasta llegar a los astronautas (civiles y militares). Un número que alcanza, según cifras oficiales, 400.000 en la década destinada a este proyecto.

“La llegada humana a la Luna está 100 % comprobada. Desde la gente que participó hasta las rocas lunares que se trajeron a la Tierra, sin olvidar las transmisiones, todo está demostrado. Lo que falta es educar en ciencias, para que la gente entienda cómo se dio este logro”, indicó la ingeniera de la NASA.

Cambio de paradigma

Por su parte, el Dr. Jesús Martínez-Frías, astrogeólogo y divulgador del Instituto de Geociencias de España, señaló a Ciencia del Sur que el programa Apolo tuvo una trayectoria histórica, científica y tecnológica que conviene conocer para comprender el logro que supuso ir y regresar a la Luna por primera vez.

“Si fue un éxito llegar a la Luna, en mi opinión, también lo fue volver, dados los enormes riesgos del viaje y la tecnología del momento. Es un hito para toda la humanidad porque nunca lo había logrado nadie. Supuso un cambio de paradigma, con implicaciones, sociales, científicas, tecnológicas y culturales en general para toda la humanidad», manifestó.

Agregó que ya no se trataba de trasladar nuestra cultura y actividad de una ciudad a otra, de un país a otro o de un continente a otro, sino que fue el primer paso para concienciarnos de que lo podremos hacer de un planeta a otro, con todas sus implicaciones.

El profesor Martínez-Frías ya no suele contestar ni a los terraplanistas ni a negacionistas ni preguntas que vayan en esta línea de los conspiranoicos. Ve sí, una gran responsabilidad por parte de los medios de comunicación, que ofrecen un falso escepticismo, haciendo dudar de algo que verdaderamente sucedió.

El Dr. Jesús Martínez Frías es investigador del Instituto de Geociencias y director de la Red Española de Planetología y Astrobiología.

“Es algo sobre lo que existe tal cantidad de información y datos que se llega a lo absurdo y al esperpento (aunque también existe mucha desinformación). Creo que los medios tienen también una responsabilidad ética en ofrecer a la sociedad una información rigurosa”, dijo el astrogeólogo.

El investigador sugiere ya no dar cobertura a las pseudociencias, ni menos aún -para conseguir audiencia o crear controversia de manera artificiosa-, poner al mismo nivel del debate, por ejemplo, a un médico experto en oncología frente a un brujo. Esto todavía se ve en los medios tradicionales, principalmente.

Hace unos meses, el Gobierno de Donald Trump anunció que la NASA trabajará en un programa denominado Artemisa, que tiene el objetivo que volver a la Luna y poner a la primera mujer en el satélite natural. El plazo es 2024.

Para Martínez-Frías, científicamente hablando, la investigación de la Luna es muy importante porque encierra claves geológicas y astrobiológicas únicas para comprender nuestros orígenes, el de la Tierra y la vida, y también para nuestro futuro, en relación a la exploracion de Marte y más allá.

Por ello, mucha gente fuera y dentro de las ciencias espaciales, incluyendo al científico español, espera que la misión sea una realidad y tenga éxito, ya que a su modo de ver sí disponemos de la capacidad tecnocientífica para lograrlo.

Movimiento del polvo lunar

Félix Piriyú, informático y columnista de astronomía de Ciencia del Sur, lleva varios años divulgando ciencia, a la par de refutar a pseudocientíficos. Para él, no hay razón alguna para dudar de la llegada humana a la Luna, entre otras cosas, porque, en su momento ni siquiera la Unión Soviética, con todo su ejército de excelentes científicos, puso en duda el hecho.

Los astronautas del Apolo 11: Neil Armstrong (izq.), Michael Collins y Edwin Aldrin. (NASA)

Si los fanáticos no creen en las rocas lunares que se trajeron a la Tierra, el número de personas involucradas en el programa Apolo, las transmisiones de la época ni a la extinta Unión Soviética, entonces, ¿hay alguna prueba irrefutable?

“Lo que no se puede falsificar, amañar, falsear o emular en un estudio cinematográfico o con un programa informático es la forma en que el polvo se mueve en la Luna. Esa forma característica del movimiento del polvo lunar se debe a la baja aceleración de la gravedad que existe en la Luna, es prueba suficiente de que las filmaciones de las misiones Apolo se hicieron desde nuestro satélite natural”, dijo Piriyú.

Aún así, los creyentes en ideas conspirativas se niegan a aceptar las evidencias que derrumban sus deseos. Por eso, el tema de la próxima conferencia de Ciencia Abierta gira en torno a desmentir los mitos de los conspiranoicos.

“¿Cuál es la razón por la que los seres humanos nos empeñamos en mantener ideas absurdas, sin fundamento y que van en contra del conocimiento científico? Creo que un profesional psicólogo podría responder mejor esa pregunta. Según David G. Robertson, experto en teorías de conspiración de la Universidad de Edimburgo, las pruebas científicas están bien, pero simplemente la mayoría de la gente no toma sus decisiones diarias basadas en ellas sino por la experiencia personal, el testimonio de otros o incluso la intuición», resaltó Félix.

De manera estricta, los defensores de las ideas conspirativas creen darse cuenta de cosas que el resto de la población mundial no puede notar o saber, ya que todos los que no son ellos, somos víctimas de un engaño globalizado por varias décadas.

Félix Piriyú, informático y divugador científico.

Piriyú asegura que hay una enorme probabilidad de que volvamos a la Luna en 2024, pero que si EE. UU. no lo logra, con seguridad lo hará China con su amplio programa espacial actual. Volveremos al satélite más temprano que tarde, asegura.

“Volver a la Luna o más bien desarrollar tecnología para volver allá hace que la ciencia avance y los frutos de ese avance de algún modo llegarán a la sociedad con el tiempo. Eso fue lo que ocurrió con el programa Apolo (spin-off o transferencia de tecnología espacial), varias de las soluciones tecnológicas que permitieron el viaje a la Luna ahora son de uso cotidiano”, indicó.

Retornar a la Luna implicará usarla como primer puerto espacial. Desde allí será más fácil partir la exploración en el Sistema Solar o en un futuro a mediano plazo llegar y colonizar Marte.

“Conocer la Luna significa también conocer el sistema Tierra/Luna, la relación entre nuestro planeta y su satélite sin duda alguna permitió que la vida con su enorme variedad prospere en la Tierra”, concluyó.

Piriyú ofrece una conferencia sobre las falsas ideas que se tienen sobre el programa Apolo. El evento será en el Centro Cultural Paraguayo Americano, el miércoles 24, a partir de las 19 horas.

El encuentro Ciencia Abierta está organizado por Ciencia del Sur y el Benjamin Franklin Science Corner. Y cuenta con el apoyo de la Sociedad Científica del Paraguay, la Embajada de los Estados Unidos, el CCPA, la Biblioteca Roosevelt y Astronomía Paraguay. La entrada es libre y gratuita.

 

Referencias

 

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Director de Ciencia del Sur y fundador de la ASINCYT. Estudió filosofía en la Universidad Nacional de Asunción, UNA. Pasó por el programa de Jóvenes Investigadores de la UNA. Tiene diplomados en filosofía medieval y en relaciones internacionales. Condujo los programas de radio El Laboratorio, con temática científica (Ñandutí) y ÁgoraRadio, de filosofía (Ondas Ayvu). Fue periodista, columnista y editor de Ciencia y Tecnología en el diario ABC Color y colaboró con algunas publicaciones internacionales. Fue presidente de la Asociación Paraguaya Racionalista (APRA), secretario del Centro de Difusión e Investigación Astronómica (Cedia) y encargado de cultura científica de la Universidad Iberoamericana (Unibe). Periodista de Ciencia del Año, por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Conacyt -2017. Tiene cinco libros publicados.

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