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En una crisis sin precedentes, donde la ciencia se mostró como una aliada y protagonista, la filosofía también recobró vida. La incertidumbre impregnó las redacciones y salas de prensa de todos los medios del mundo. Incluyendo, obviamente, al periodismo científico.

Cuando inició la pandemia sabíamos poco y nada de lo que iba a pasar. Los datos cruzados y las pocas investigaciones que había apenas un mes –la mayoría sin revisión de pares- hacían tambalear cualquier discurso sólido en materia de investigación y desarrollo. Que obviamente tuvieron repercusión en la tarea de los y las periodistas de ciencia.

En Ciencia del Sur nos enfrentábamos a algo muy nuevo. Con marcadas diferencias de otras regiones. Porque Paraguay no tiene, como algunos países de América, tradición científica. Todo lo que se logró en materia de políticas de CTI data recién del siglo XXI. Lo mismo con la comunicación masiva de la ciencia.

Entonces, ¿qué podíamos hacer? En un momento en que se requería entender la complejidad de la situación, las incógnitas sobre lo que realmente estaba pasando a las vez que teníamos que informar sobre datos duros o incómodos, o proyecciones estadísticas tétricas o extremadamente desalentadoras. Sin caer en un populismo clásico ni en alertas desmedidas.

Incertidumbre

Una palabra que connota desconfianza, inseguridad, imprecisión, aspectos al parecer alejados de lo que acostumbramos a informar. Por un lado, teníamos que tratar la pandemia porque éramos un medio de ciencias y tecnología, pero también teníamos que analizar nuestro trabajo, con las herramientas disponibles.

Entonces, luego de tener las primeras evaluaciones con el Consejo de Editoras y Editores, definimos hacer toda nuestra labor desde nuestras casas. Suspendíamos todas las actividades planificadas para los primeros meses. En Ciencia del Sur hacíamos Ciencia Abierta, charlas, encuentros con científicos, talleres, observación de aves, observación astronómica, etc.

Comenzamos a contactar con los investigadores, autoridades sanitarias y referentes de ciencia y salud del país, a hacer las primeras entrevistas, notas, artículos, reportajes sobre cómo iba a impactar la pandemia en el Paraguay. Creamos una sección especial sobre la pandemia de COVID-19.

Mantuvimos nuestra línea de elaborar artículos profundos, sistemáticos, amplios, extensos y críticos. A lo que está acostumbrada nuestra audiencia. En medio de tantos expertos, el surgimiento de «nuevos gurúes» de la ciencia y la información, era necesaria y trascendental la labor del periodismo científico. Debíamos marcar la diferencia con los medios masivos, que muchas veces entrevistaban a cualquiera.

También se hizo relevante dar voz a todas las áreas de la ciencia y el conocimiento. La psicología cobró un importante protagonismo, sin precedentes también.

Y tuvimos éxito. Pero faltaba algo. Cómo hacíamos para captar la audiencia que no conocía Ciencia del Sur y que ahora podía beneficiarse del periodismo científico y la divulgación de alta calidad.

En 2018, una tesis de la carrera de comunicación de la Universidad Nacional de Asunción concluyó que nuestra audiencia estaba conformada por personas con alta formación académica (por lo menos una licenciatura y maestrías y doctorados).

Por lo que vimos que teníamos que hacer algo. Amamos a nuestra audiencia fiel, pero también queríamos conquistar otros espacios. Entonces, decidimos plegarnos a usar las plataformas en línea para nuestros eventos. Fue así que comenzamos a hacer videoconferencias o webinarios sobre la COVID-19, con la información y conocimiento que teníamos el primer mes desde que inició la cuarentena en Paraguay. Y tuvimos éxito.

Entonces, organizamos un ciclo de ciencia, tecnología y filosofía para tratar los temas que ya teníamos planificado abordar. Por los 3 años de Ciencia del Sur. Aquí recordamos a la primera investigadora en ganar el Premio Nacional de Ciencia, a un divulgador que recientemente había fallecido, filosofía de la ciencia, parasitología, gobierno digital y poshumanismo.

No nos arrepentimos. También abrimos nuestro portal e invitamos a más investigadores locales a escribir sobre la pandemia. Y lo logramos. Por último, organizamos una serie de ciencia paraguaya y COVID-19, que también tuvo mucho eco.

El costo es grande. Tuvimos que leer mucho más, contactar con el doble de científicos e investigadores de lo que estábamos acostumbrados, conocer a mucha más gente, dentro y fuera de Paraguay, hacer más entrevistas, desvelarnos más, como otros. Crear la jefatura de edición general científica, a cargo de una bióloga, la Dra. Fabiola Román Maldonado.

¿Qué logramos? Muchísimo. Porque aunque hicimos inversión en plataformas y sobre todo, tiempo, logramos triplicar el número de lectores y la audiencia en Ciencia del Sur. Todo un éxito en 3 años y medio de trabajo.

Y no solo eso. También y luego de mucha discusión interna, logramoss incluir el botón de donación en el portal. Gracias a eso, hoy tenemos una colaboración frecuente de lectores y lectoras asiduos de nuestro portal, que premian nuestra calidad y valor, apostando por un grupo interesante de científicos, periodistas, filósofos y divulgadores.

Lo mismo pasó con la vigilancia. Que no tiene nada de totalitario en este aspecto. Porque se trata, sobre todo, de no bajar la guardia ante la ola de desinformación que cubrió toda Internet. Y esto es destacable porque se crearon decenas y decenas de portales que contrarrestaban las fake news sobre la pandemia en el mundo. Incluyendo en lengua española.

Pero aparte de vigilar la pseudociencia y las noticias falsas, no podíamos descuidar las demás áreas y temas. Fue así como nos dimos cuenta de un intento de militarización en la Agencia Espacial del Paraguay, donde incluso, además de repartir cargos para los militares en una dependencia civil, se creaba un Ejército o unidad de defensa aeroespacial, sin que Paraguay incluso tenga todavía un satélite artificial.

Hace unas semanas, Nature publicó un artículo titulado “Five rules for evidence communication”, donde destacaba el trabajo de los investigadores para informar sobre evidencias en medio de la pandemia. Lo que quiero destacar aquí es que tanto científicos como periodistas pueden evitar comunicar la certeza injustificada, las presentaciones parcialistas y pueden hacer más hincapié en el esfuerzo por informar antes que persuadir.

«Los investigadores no deben tomar las riendas de la retórica a ciegas o sentir que siempre deben aprovechar las herramientas utilizadas por las industrias de los medios de comunicación y el entretenimiento para moldear las emociones y creencias de las personas. Tampoco deben asumir que son apolíticos, imparciales y totalmente objetivos: todos tenemos valores, creencias y tentaciones. Incluso si elegimos ser un ‘intermediario honesto’, la primera persona con la que debemos ser honestos somos nosotros mismos», dijo el artículo.

El mismo fue firmado por Michael Blastland, Alexandra L. J. Freeman, Sander van der Linden, Theresa M. Marteau y David Spieghalter. Hace un par de años, Thomas Hayden, profesor de periodismo científico de la Universidad de Stanford, nos decía que estamos llegando a una edad dorada del periodismo científico. No pensábamos que sería tan pronto. Con la pandemia de COVID-19 hay un mayor auge porque el periodismo científico es más fundamental ahora.

Desafíos

Primero, sobrevivir, reinventarnos y buscar soportes y respiro económico. Y luego de esto, insistir en que nuestro trabajo es informar, brindar datos fidedignos, contrastados y críticos a nuestras audiencias.

En Ciencia del Sur tenemos una gran responsabilidad porque además de que rompimos récord con el número de lectores, también fue el primer año en que lectores extranjeros superaron a los lectores paraguayos durante tres meses seguidos. Nuestro desafío es que esos lectores permanezcan con nosotros.

También mostrar que el conocimiento no es estátitco, desorganizado o ultrapesimista. Sino que podemos modelar de acuerdo a cómo evolucionamos también como fuentes de información y de conocimiento.

Hoy estamos unidos todavía por la incertidumbre y por la vigilancia. No somos militantes, pero sí defendemos un periodismo científico más crítico, menos propagandista y más comprometido con la sociedad. En un momento en que tanto la ciencia como la filosofía tienen todas las cámaras y los reflectores. Es un momento para cambiar, para mejorar y para expandirnos.

Incluso en lugares como Latinoamérica que hasta hace poco tiempo, la ciencia era un lujo y el pensamiento crítico era una herejía. Hoy mostramos, con nuestros diferentes trabajos que podemos ofrecer una mirada distinta y edificante para nuestra gente. Nuestros lectores, nuestra audiencia y para nosotros mismos.

* Ponencia presentada en el Science Journalism Forum: Latam Edition 2020.

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