biología discurso de odio
El discurso de odio utiliza, de forma errónea, a la ciencia para defender sus dogmas (Diseño: El Surtidor).
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El discurso de odio intenta recurrir a la ciencia para legitimar su relato, pero choca con la diversidad disciplinaria e investigativa. Ni la biología ni las ciencias determinan ni mucho menos dictaminan el comportamiento humano. Las verdades sagradas no tienen lugar aquí.

Las redes sociales son la principal vitrina de sectores que aseguran que «la biología determina que la transexualidad es una enfermedad mental», que el «sexo humano es binario» o que «la ciencia solo reconoce dos géneros y sexos»Si a las redes le agregamos el factor político, el combo está completo, más aún en periodo electoral.

«No existe una sola definición de la vida. Esta se utiliza para describir varias cosas diferentes, lo que conduce a una gran confusión. Para mi trabajo, evitamos discutir sobre la definición de vida, y concentrarnos en entender el camino de la química a la biología», le dijo en 2018 a Ciencia del Sur el Dr. Jack Szostak, Premio Nobel de Medicina, quien lidera un equipo de la Universidad de Harvard sobre la creación de vida sintética.

Antes conocida como historia natural o filosofía natural, la biología se asentó a partir del siglo XIX y avanzó enormemente hasta convertirse incluso en paradigma de las ciencias naturales. Hoy está siendo utilizada en el discurso de odio de los grupos fundamentalistas paraguayos. Desde los años 70 existen estudios sobre el «uso y abuso de la biología». Quizás donde más refutación exista sea en «los mitos sobre las razas».

Para el Dr. José Manuel Silvero, filósofo e investigador de la Universidad Nacional de Asunción, la emergencia de grupos organizados que gestionan un discurso de odio y de execración hacia el otro es una triste realidad que en su momento sirvió como insumo para materializar atrocidades en contextos varios y en diferentes países del mundo.

«Donde se ha constatado toda la ferocidad de la propaganda del odio ha sido en el marco de la Segunda Guerra Mundial, incluso después. En el presente estamos asistiendo a una especie de revival de este tipo de expresiones. En varios lugares del planeta, y también en nuestro país, abundan locuciones cargadas de virulenta irracionalidad y, que a su vez, espolea un vivo deseo de humillar y estigmatizar a la otra parte», dijo a Ciencia del Sur el filósofo.

El especialista en bioética sostiene que también es verdad que este tipo de discursos nunca hubiese podido lograr tal amplitud en ausencia de internet y las redes sociales. La estrategia es global y con una capacidad disruptiva, posicionándose muy por encima de cualquier posible esfuerzo normativo, social o político que quisiera enfrentarlo.

Según Silvero, se instaló la idea de que aquellos que están en desacuerdo y/o cuestionan las ideas que el grupo defiende, entonces, se merecen una desgracia, un daño importante, un castigo y/o la proscripción. Lo acontecido con la periodista Menchi Barriocanal, periodista de Telefuturo y profesora de uno de los seminarios de Ciencia del Sur, es un claro ejemplo.

Aquí, una vez más, las redes sociales sirvieron como escenario para verter tantas mentiras y además, expresiones cargadas de odio y malicia.  

Todo discurso de odio indefectiblemente incuba en sus entrañas “estrategias” violentas.  Por ejemplo, la posibilidad de dialogar o en última instancia deliberar en pos del fortalecimiento de políticas públicas (Plan Nacional de Transformación Educativa), sería muy difícil con grupos que promueven discursos de odio.

Si bien es cierto, tal como lo expresa las Naciones Unidas, esta retórica incendiaria que estigmatiza y deshumaniza a las minorías, los migrantes, los refugiados, las mujeres y cualquier «otro», en verdad tiene una clara intención política. 

Recordó al filósofo español Joan García del Muro, quien afirma en Good bye, verdad: Una aproximación a la posverdad, que “la democracia se fundamenta sobre el respeto escrupuloso a las opiniones de los demás, pero también sobre la información veraz. Si hay engaño, si la información que llega a los electores es falsa o está manipulada, todo el sistema se ve distorsionado en su esencia”. 

No hay mitos o dogmas

Una de las características de la ciencia es que no se apoya en la autoridad y su conocimiento es perfectible: puede refutarse y mejorarse. Para la Dra. Fabiola Román, bióloga molecular e investigadora del Instituto Sanger de Cambridge, Inglaterra, no hay verdades sagradas en ciencia y la tarea del científico o científica también requiere la revisión de conceptos.

«En ciencias biológicas, en principio, todo es discutible a nivel global. No hay mitos o dogmas; sin embargo, hay temas que ya están extensamente hablados y verificados que simplemente ya no se tocan con frecuencia. La tarea del científico es descubrir cosas nuevas y en ese proceso se revisan conceptos, pero si todo el tiempo se va a debatir en temas ya demostrados extensamente, el avance puede entorpecerse», indicó la también editora científica de Ciencia del Sur.

«En Paraguay sí veo que hay una o dos personas, que más suenan, que utilizan a la biología para posicionarse. Por supuesto, la gente en general considera como verdadera sus afirmaciones por el hecho de tener un título en el área. Lo que hay que entender es que no basta con tener título en el área para considerar las afirmaciones de alguien como verdaderas, ya que pueden equivocarse o interpretar de manera errada los conceptos. Hasta los que se llevaron el premio Nobel tuvieron papers rechazados o retractados», dijo la científica.

Eso mismo sostiene el antropólogo peruano Sergio Morales, quien ve claramente una instrumentalización de la ciencia en sectores ultraconservadores o que promueven el discurso de odio.

El masterando en epistemología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos asegura que este fenómeno, que ya tiene varias décadas, es común en buena parte del mundo angloparlante y, además, comprende varios dominios: la presunta existencia de «razas» humanas, la determinación genética del coeficiente intelectual, la existencia de «cerebros masculinos» y «cerebros femeninos», o la idea de que «la biología» causa las diferencias de género. 

(El Surtidor)

«En América Latina lo que algunos hacen es repetir el mismo discurso, pero adaptándolo a situaciones más cotidianas para nosotros. Por ejemplo, acá no resuenan tanto los debates sobre el coeficiente intelectual pero sí los de la ‘ideología de género’. Pese a ello, el razonamiento central es el mismo», indicó.

Lo curioso, a su modo de ver, es que en dicho proceso de repetición también se reproducen los vicios y errores, siendo uno de los más importantes el desconocimiento de lo que es el conocimiento científico. 

«Todo esto son repeticiones de lo que se hace, por ejemplo, en Estados Unidos. Lo único que podría resultar diferente es que en América Latina la instrumentalización conservadora de ‘la biología’ también viene de grupos políticos de izquierda radical. En otros lugares esto sería inusual, pero en países andinos como Perú o Bolivia parece ser lo habitual», puntualizó.

Morales considera que los grupos fundamentalistas usan a la ciencia para conquistar o asegurar el poder político.

«Muchos de estos partidos necesitan electores, y para convencerlos de que creen en lo mismo serán capaces de decir lo que sea. En este contexto, la ciencia se vuelve una consigna populista como cualquier otra. Yo no creo que políticos, activistas, tuiteros o YouTubers crean ciegamente todo lo que afirman.Lo que sí creo es que necesitan ese discurso para ganar electores, adeptos, likes o shares que, a fin de cuentas, se traducen en ingresos», sostuvo el investigador.

Esto es muy fácil de notar, pues tanto en política como en redes sociales se necesita performar, crear un personaje ficticio con un guion concreto que, a estas alturas, es harto conocido por todos. «Esto es interesante porque mientras estos personajes acusan a otros de estar ideologizados, ellos son los que terminan creyendo en las mismas ideas, diciendo las mismas cosas y hasta vistiéndose con la misma ropa», según Morales.

No creer solo porque está en un libro o en una revista científica

nadie nace en un cuerpo equivocado
La tendencia a explicar las diferencias de género por las diferencias cerebrales fue bautizada como neurosexismo –uno de los lastres académicos más difíciles de erradicar (Imagen: Pixabay).

Morales observa que el principal problema es el desconocimiento de cómo funciona la ciencia. Muchos políticos y activistas que generalmente no trabajan en investigación creen que porque un estudio aparece en un libro o una revista académica ya constituye una verdad irrefutable que puede ser usada como punta de lanza, cuando en realidad forma parte de un conjunto de hipótesis y teorías que debaten entre sí. 

«La sola idea de que la ciencia produce verdades va contra la epistemología y metodología más básica. La mayoría de personas no se forma adecuadamente, no lee libros ni artículos científicos, y carece de la capacidad de profundizar más de lo que puede verse en algún blog o un video de YouTube», manifestó.

Por su parte, el Dr. Alberto Yanosky, biólogo, investigador PRONII y Presidente del Comité Paraguayo de la UICN, ve —tanto en redes sociales como en los medios de comunicación— una total desinformación de la realidad, y es lo que más le preocupa, añadido esto a cierta ironía y hasta hipocresía.

«No vaya a ser que queramos ponerles ojos azules a quien tiene ojos marrones. Podemos cambiar la expresión externa hasta con represiones, pero no podremos cambiar la expresión interna, por lo menos todavía no tenemos la tecnología para hacerlo, aunque vamos hacia ahí con la biología sintética y el manejo de los genes», aseguró.

«Siempre digo a mis alumnos cuando quiero medir una variable relacionada con la sexualidad, que podemos definirla de la forma más simple (macho, hembra) o bien medir hormonas, medir comportamientos, medir percepciones, y ahí iremos viendo que la cuestión de género/sexo es una cuestión semántica», destacó. 

Yanosky también criticó la instrumentalización de la ciencia. Pero lo observa como esperable, ya que es parte del comportamiento animal con un toque de moralidad.

«Nosotros como sociedad debemos definirlo, pero no podemos ocultar la realidad, de una diversidad biológica, hormonal, anatómica, comportamental, que está influida por construcciones sociales que de alguna manera nos indica cómo expresarnos y no solo al hablar, vestirnos, movernos», señaló.

«La biología es la ciencia de la vida y no debería mezclarse con cuestiones de moralidad. La moralidad ha ido evolucionando en nuestra sociedad, y dependiendo de las culturas, las tradiciones, la moralidad alberga el conjunto de conductas que ‘creemos’ que son correctas e incorrectas. Parece que muchos animales sociales tienen algunas pautas de moralidad, o algún sistema que evita comportamientos ‘incorrectos'», puntualizó.

(De arriba a abajo, de izq. a der.) José Manuel Silvero, filósofo; Sergio Morales, antropólogo; Fabiola Román, bióloga y Alberto Yanosky, biólogo. (Ciencia del Sur)

Desinformación en un contexto político

Silveró también recordó que está demostrado que los discursos de odio se impregnan de noticias falsas para tener un mayor impacto. Así, la intención es despertar un sentimiento de temor e inmediatamente movilizar a la masa en torno a un proyecto que ofrezca garantías con respecto a la salvaguarda de los valores tradicionales, nacionales, religiosos, etc.

«Pienso en los sicofantes, aquellos calumniadores profesionales de la antigua Grecia que se pasaban gritando en el ágora fingiendo defender alguna convicción acusando o denunciando a los que no comulgaban con alguna causa. Es decir, mentirosos a sueldo, tergiversadores, violentos y gestores del odio han existido siempre», indicó.

Por ello, no debería sorprendernos que nuestras instituciones se vean afectadas en la medida que permitamos la proliferación de episodios donde el miedo infundado, el odio serial, las mentiras deliberadas y el matonismo digital campeen tranquilamente sin oposición alguna.

Por último, Morales, ve que frente al público general, el mal uso de la biología o la ciencia sí resulta perjudicial porque confunde a las mayorías sobre lo que es la actividad científica y el conocimiento que genera. Esto se nota más en el público joven, que termina acercándose a YouTube y alejándose de la ciencia real. 

«Es más probable que muchos jóvenes estén más familiarizados con los videos de Agustín Laje o Roxana Kreimer que con la influencia de la cultura en la evolución humana o las críticas a la psicología evolucionista», finalizó.

Aunque la ciencia haya estado ausente en el escaso debate o discusión política de cara a las internas partidarias, la investigación y desarrollo todavía es materia pendiente en el Paraguay y necesita atención de forma urgente. La investigación local se enfrenta a graves problemas como la falta de financiación y formalización, en medio de un creciente discurso de odio que trata de usarla para sus fines.

Margaret Mead demostró que existían diversas formas de ser hombre y mujer en distintas sociedades del planeta. (Wikicommons)

Este trabajo periodístico es publicado a través de la alianza Red de Medios Alternativos del Paraguay y realizado con el Fondo de Emergencia contra la Desinformación Educativa en Contexto Electoral, otorgado por Memetic, para medios nativos digitales. Seguí todas nuestras publicaciones y las de nuestros aliados a través de las redes sociales con los hashtags #eleccionespy2023 #otramirada.

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Director ejecutivo de Ciencia del Sur. Estudió filosofía en la Universidad Nacional de Asunción (UNA) y pasó por el programa de Jóvenes Investigadores de la UNA. Tiene diplomados en filosofía medieval y en relaciones internacionales.
Condujo los programas de radio El Laboratorio, con temática científica (Ñandutí) y ÁgoraRadio, de filosofía (Ondas Ayvu).
Fue periodista, columnista y editor de Ciencia y Tecnología en el diario ABC Color y colaboró con publicaciones internacionales. Fue presidente de la Asociación Paraguaya Racionalista, secretario del Centro de Difusión e Investigación Astronómica y encargado de cultura científica de la Universidad Iberoamericana.
Periodista de Ciencia del Año por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (2017). Tiene cinco libros publicados.

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4 COMENTARIOS

  1. Nooo cómo va a influir la genética en el coeficiente intelectual! Eso es discurso de odio!!1! Si tan sólo hubieran toneladas de evidencia científica al respecto…

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