El IPI, ubicado en Asunción, realiza diagnóstico médico patológico e investigaciones. (IPI)
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Todavía es poca la producción científica que se realiza desde el Paraguay, lo que genera preocupación, según el Dr. Antonio Cubilla, investigador y director del Instituto de Patología e Investigación (IPI). El galardonado médico sostiene que el contacto entre profesores y alumnos talentosos es crucial para formar a los investigadores y tener grupos de colaboradores en el futuro.

Paraguay invierte apenas 0,14 % del PIB en investigación y desarrollo y tiene actualmente 515 investigadores categorizados en el Programa Nacional de Incentivo al Investigador (PRONII) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). Aunque el país precisa inyectar más capital en ciencia y tener por lo menos 5.000 científicos categorizados. Algo que por ahora se ve muy lejano.

Un desencanto con la Universidad Nacional de Asunción (UNA) posibilitó la creación del IPI hace dos décadas, una de las instituciones más productivas a nivel científico de nuestro país. Hoy es un centro de referencia tanto en diagnóstico médico patológico como en investigación en el área de ciencias biomédicas.

El IPI es coorganizador del IV Seminario de Comunicación Científica Digital. Cubrir una pandemia en tiempo real. Cubilla participará el primer día, con una entrevista sobre su visión y experiencia con la COVID-19. El Premio Nacional de Ciencia y también directivo de Ciencia del Sur habló sobre el trabajo que hizo hasta ahora e IPI y su proyección.

-¿Cómo nació el Instituto de Patología e Investigación?

Fue en el año 2000, resultado directo del desencanto con mis funciones en la cátedra de Anatomía Patológica de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNA, donde agobiado por la carga docente y sobre todo las dificultades para la investigación -por la ausencia de financiación y de los ambientes académicos adecuados- decidimos experimentar una manera diferente de trabajar.

Me refiero a una simbiosis entre la práctica diagnóstica y la investigación en un laboratorio privado independiente. Con recursos propios para los estudios. Notoriamente, en el nuevo microambiente encontramos mejores comunicaciones, viajes internacionales más frecuentes, estuvimos libre de burocracias y aislados de la política académica, chismes y envidias.

Además, con la salubridad, limpieza y los silencios necesarios para la creación, mi producción científica y la de mis colaboradores mejoró sustancialmente.

-¿Cómo consiguió los equipos y qué fue lo primero que empezó a hacer el instituto?

La mayoría de nuestros trabajos son morfológicos y clínicos y utilizamos los mismos equipos para el diagnóstico, que es nuestra actividad principal.

Nuestra estrategia en aquel momento, cuando no existía la posibilidad de adquirir equipos costosos, fue interesar a colaboradores internacionales con grandes laboratorios, y realizar allí los estudios más sofisticados, sin costo alguno para nosotros.

-¿Era muy hostil tener un instituto así en la UNA? ¿O muy burocrático? ¿Por qué no montó allí en la UNA el laboratorio?

Mi primera experiencia al respecto, cuando regresé de los Estados Unidos, ante las dificultades iniciales que hubo para mi nombramiento en la UNA -no había vacancias rentadas- fue montar mi laboratorio de práctica diagnóstica en el Instituto del Cáncer, cuando estaba al lado de la Cruz Roja y el Parque Caballero.

Ese equipamiento lo había adquirido mitad por donaciones y mitad comprado en los Estados Unidos. En ese entonces el I del C dependía de la Fundación La Piedad-Barbero y era independiente del Ministerio de Salud Pública, que cubría por convenio con la fundación, algunos sueldos.

Entonces ese arreglo de fundación privado-público era posible en esos términos. Funcionó perfectamente, porque me permitió trabajar de 7 AM  a 9 PM en una misma institución por 7 años y de formar mi equipo inicial de colaboradores en un mismo sitio.

Lastimosamente, al construirse el nuevo hospital del Cáncer en Capiatá-Areguá, el mismo pasó totalmente al Ministerio de Salud Pública y tuve que separar el laboratorio. Desde 1987 trabajé por las mañanas en el I del C y por las tardes en el laboratorio privado en la calle Eligio Ayala.

No podría montar este laboratorio en la UNA, ya existiendo el de la cátedra donde me trasladé en 1993. Los doctores Morales y Moreno Azorero, verdaderos pioneros de la investigación en el Paraguay, sobre todo este último, sí lograron montar el Instituto de Investigaciones en ciencias de la Salud (IICS) dentro del Hospital de Clínicas.

En el último año, el Dr. Antonio Cubilla siguió trabajando en el cáncer peneal y en otras líneas de investigación. Estará en el IV Seminario de Comunicación Científica Digital. (Ciencia del Sur)

-¿Cuáles son las ventajas de hacer investigación y diagnóstico desde el ámbito privado en el Paraguay?

Aparte de tener mayor libertad, tiempo y financiación, no existen realmente ventajas institucionales y no hay sustentabilidad a largo alcance. Lo ideal es trabajar dentro de la universidad con los ambientes necesarios.

El contacto directo o indirecto con los profesores jóvenes y los alumnos talentosos es crucial para formar a los investigadores y para crear grupos de colaboradores para el futuro. Los institutos, ya sean públicos o privados, tienden a la endogamia, es decir falta de recambio, y con el tiempo se deterioran, se anquilosan.

-¿Cuáles son las principales tareas y funciones del IPI?

En realidad, para ser honestos, nuestra tarea principal ha sido y sigue siendo el diagnóstico médico patológico. No me considero un científico profesional sino un médico de práctica diaria.

Los estudios los realizamos en los tiempos libres, a tiempo muy parcial y esporádicamente, por gusto, como hobby, sin pretensiones de grandes descubrimientos ni de impacto social, sino por el mero deseo de producir pequeños avances del conocimiento, identificar nuevas observaciones morfológicas, nuevas visiones, en un área muy limitada de investigación.

Un científico verdadero dedica todo su tiempo a la investigación, posee sofisticados laboratorios y sus objetivos son muy altos, que no es mi caso.

-El área de investigación destaca porque el IPI es una institución que publica mucho, ¿tiene algún número aproximado de cuántas publicaciones hizo el IPI en toda su historia? ¿A qué se debe la alta productividad científica de este instituto ubicado en Asunción?

No tengo cuantificados los trabajos. Pero lo que mencionás es una ilusión. Lo del tuerto en el país de los ciegos. Mis colegas de las grandes instituciones del primer mundo y aún del Brasil publican de 20 a 40 trabajos por año, es cierto en un grupo de colaboradores intrainstitucionales, mientras que nosotros apenas 2 a 3 trabajos por año.

También es difícil e injusto comparar porque es probable que nuestra disciplina permita realizar trabajos más breves, más sencillos y más publicables que otras en el país. Y le agrego el componente exótico sino esotérico. Nuestra área o nicho de estudio, el cáncer peneal, es poco estudiado en otros países, entonces hay menos competencia facilitando así la publicación.

La reflexión preocupante ante tu pregunta realmente es no lo mucho que nosotros publicamos, que no es cierto en el contexto adecuado, sino cuán poco productivos son nuestros científicos, me incluyo, a nivel internacional.

-¿Cuáles son las líneas de investigación en las que trabajó el IPI en estas décadas?

Hemos focalizado nuestros estudios en el cáncer peneal desde el inicio pero de manera multidisciplinaria: estudios anatómicos, clínicos, epidemiológicos, morfológicos, moleculares mediante inmunohistoquímica, y PCR para detección de factores moleculares y virus.

A nuestro grupo nos ha interesado particularmente la relación entre la morfología y los genotipos del Virus del Papiloma Humano (VPH) que afecta a casi la mitad de los pacientes con cáncer peneal.

-¿Qué hace diferente al IPI de otros laboratorios similares de Paraguay o la región?

No sabría decirte al no conocer muchos sobre modelos similares u otros laboratorios, pero es posible que en Latinoamérica, donde existen también dificultades institucionales para la investigación, haya algún lugar parecido.

– Algunos investigadores e investigadoras del Paraguay destacados pasaron por el IPI. ¿También forma a estudiantes e interesados en la investigación? ¿Qué pueden hacer los estudiantes que quieren hacer una pasantía en el IPI?

Creo que sí. Varios de mis alumnos y colaborares originales están en excelentes posiciones en el extranjero. Quiero mencionar que no podría hacer mucho sin la colaboración local  muy cercana  de los doctores Diego Sánchez, María José Fernández Nestosa, Ingrid Rodríguez y Carmelo Caballero. Se ha reintegrado a nuestro grupo el Dr. Alcides Chaux.

Y desde los Estados Unidos la Dra. Sofia Cañete (Birminghan U.), Elsa Velazquez (Harvard), el Dr. Gustavo Ayala (U Texas), Adriano Piris (Harvard U), Cecilia Lezcano (MSKCC Cornell). El Dr. José Barreto, mi dilecto compañero inicial en estas lides, emigró al Ecuador. Hay una larga lista de colaboradores internacionales.

Ya no aceptamos pasantías para la investigación

-¿Cuál es el futuro del IPI?

Será con la naturalidad del destino. Como el  genial  Gibbon describe al imperio romano. Ascenso, declinación y derrumbe.

El Dr. Mario Bunge (der.) junto al Dr. Antonio Cubilla, durante un encuentro en la Sociedad Científica del Paraguay, en 2013. (Ciencia del Sur)

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Director de Ciencia del Sur y fundador de la ASINCYT. Estudió filosofía en la Universidad Nacional de Asunción, UNA. Pasó por el programa de Jóvenes Investigadores de la UNA. Tiene diplomados en filosofía medieval y en relaciones internacionales. Condujo los programas de radio El Laboratorio, con temática científica (Ñandutí) y ÁgoraRadio, de filosofía (Ondas Ayvu). Fue periodista, columnista y editor de Ciencia y Tecnología en el diario ABC Color y colaboró con algunas publicaciones internacionales. Fue presidente de la Asociación Paraguaya Racionalista (APRA), secretario del Centro de Difusión e Investigación Astronómica (Cedia) y encargado de cultura científica de la Universidad Iberoamericana (Unibe). Periodista de Ciencia del Año, por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Conacyt -2017. Tiene cinco libros publicados.

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