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Antonieta Rojas de Arias (Maracay, Venezuela) se define como una soñadora que en gran parte consiguió hacer sus sueños realidad. «Soy una persona apasionada por mi trabajo y muy optimista. Eso me ayuda a hacer muchas cosas: desde ser mentora, pasando por escribir proyectos, escribir los papers o conseguir financiamiento», señala.

Es una de las científicas paraguayas más productivas y se desempeña como presidenta de la Sociedad Científica del Paraguay (SCP), institución que hace poco tiempo la reeligió.

Rojas de Arias tiene una licenciatura en educación por la Universidad Andrés Bello de Venezuela, en biología por la Universidad Nacional de Asunción, una licenciatura en salud pública por la Universidad de Sao Paulo, Brasil, y un doctorado en zoología por la Universidad de Gales, Reino Unido, además de varias especializaciones, resaltando las de enfermedades tropicales.

Hace una década creó el Centro para el Desarrollo de la Investigación Científica (CEDIC) para dar cabida a jóvenes investigadores que debían poner en práctica sus conocimientos de científicos. Hoy es una de las instituciones que más publicaciones científicas hace desde Paraguay.

En esta extensa conversación con Ciencia del Sur, Antonieta, investigadora nivel III del PRONII-Conacyt, hace una radiografía de la ciencia y tecnología en Paraguay, además de contar los desafíos de la organización que dirige.

La doctora Antonieta Rojas de Arias sigue investigando en su laboratorio del Cedic, además de hacer trabajos de gestión del conocimiento. (Fotografía: Ciencia del Sur)

-¿Cómo ves a la ciencia paraguaya actualmente?
No teníamos tradición científica y el dinero destinado a investigación era considerado un gasto, no una inversión. Estamos dando los primeros pasos para consolidar la ciencia en Paraguay. Se abren varios frentes, donde no solamente se otorgan recursos para la ciencia y se apoyan a los investigadores, sino que también se están formando investigadores.

Hoy en día tenemos un fortalecimiento de la capacidad local.

-Que antes no existía.
Claro. Antes, era muy limitado el acceso a los posgrados. Los universitarios sí o sí tenían que salir del país. El Conacyt tiene 20 años, hasta esa época era muy difícil acceder a los posgrados de investigación, muy poca gente tenía esa oportunidad.

-¿Ni se veía a la investigación como una carrera?
No. Hasta ahora no existe la carrera del investigador, que es una necesidad. Al investigador, primero, se lo debe ver como un profesional y darle estabilidad, para que pueda generar conocimientos para el desarrollo del país.

Mientras la sociedad no valore a sus investigadores, no habrá estabilidad laboral para los investigadores.

-Aunque ya se implementaron varios proyectos.
Hemos iniciado y abierto varios frentes, pero todavía tenemos un proceso de consolidación y de obtención de cumplimiento de objetivos a trazar. Soy del grupo de los optimistas y ahora veo que se habla mucho más de investigación que antes en Paraguay. Antes era una palabra que poco o nada trataban los diarios y la gente no tenía muy en cuenta a la ciencia y la tecnología.

No se planteaba a la investigación como un elemento que ayudaría al progreso o desarrollo. Solo los investigadores hablábamos de estos temas. Por eso ahora me encuentro sorprendida cuando la gente habla de la importancia de la investigación. Gente que no es de la ciencia está ayudando a valorar la ciencia.

Eso es muy importante. Hay una tendencia a valorar a la ciencia y la tecnología que sirven como instrumentos para el desarrollo del país.

-Entre los resultados de percepción pública de la ciencia que hizo el Conacyt, se ven datos sorprendentes. Por ejemplo, que los paraguayos no conocen a sus instituciones científicas, que más de la mitad o no está interesado o no entiende la ciencia. ¿Por qué ocurre esto?
En ese mismo estudio los encuestados respondieron afirmativamente sobre la importancia de la investigación para el país. Si la gente cree que la investigación es importante, pero no sabe cuáles son las instituciones de investigación en su país, entonces significa que hay un problema de difusión.

Las propias instituciones tienen problemas en difundir sus trabajos, no se promocionan. Por eso, la ciencia se va a consolidar el día que los investigadores sean valorados en la sociedad.

-¿Qué se puede hacer para que la sociedad paraguaya valore más el conocimiento? ¿Se puede revertir la situación?
Creo que sí se puede cambiar, pero va a costar. En primer lugar, las universidades, que en otros lugares son los primeros centros del conocimiento, tienen que darse cuenta de que sin investigación, sin producción científica no se desarrolla un país.

En la propia Universidad Nacional de Asunción (UNA), la principal de este país, los investigadores están luchando por su reconocimiento. La generación del conocimiento no puede quedarse en los talleres ni en los cajones de los laboratorios, la universidad debe gestionar los mecanismos para que ese conocimiento genere valor y produzca desarrollo económico para el país. Esto lo puede hacer con el Estado o con otras instituciones.

Capacitar y dar herramientas para la capacitación no es suficiente para desarrollar un país. No nos podemos quedar solo con esto. Se está invirtiendo en infraestructura, capacitando gente. Eso no es lo único.

-¿Qué se necesita?
Todo el proceso coyuntural. El conocimiento puede convertirse en un instrumento para el beneficio y desarrollo del país. Si no, nos quedamos con una generación de conocimiento en los cajones.

-En Paraguay se está debatiendo mucho sobre la importancia de las universidades. Las críticas a las públicas se dan por su alta burocracia y politización partidaria, mientras que a las privadas por su aparente baja calidad académica y por convertirse, en algunos casos, en meras empresas que venden títulos.
El sector privado se tiene que unir al sector público. No puede haber desarrollo si todos los sectores están dispersos. En todos los campos, no solo en el comercial, pero me refiero también a los centros de educación superior. Una universidad privada también debe contribuir al desarrollo nacional, debe invertir en investigación.

El pedido de inversión en Investigación y desarrollo no es solo para las universidades públicas. Para la propia certificación de las universidades se les exige investigación, que es un elemento fundamental. Las que reciben críticas deben rever su propósito y misión misma de su universidad.

También deben darse cuenta de los beneficios que traerá a la universidad la generación de conocimientos. El conocimiento se innova al darle valor, así puede entrar en una cadena que genere beneficios para la propia institución y para la ciencia. Hay un riesgo compartido para generar conocimiento.

Antonieta Rojas de Arias es investigadora del Cedic y presidenta de la Sociedad Científica del Paraguay. (Fotografía: Ciencia del Sur)

-Usted es una de las científicas más productivas del país. ¿Cuál es su visión con respecto a las publicaciones que hacen los investigadores paraguayos?
Investigación que no se publica no existe. Cuando uno somete a consideración su trabajo de una revista arbitrada, evaluada por pares, uno lo que hace es someter a consideración de los colegas la propia investigación. En ese proceso de revisión y evaluación lo que se logra es mejorar la calidad del trabajo.

A medida que uno publique en revistas indexadas o de alto impacto lo que hace es someter a consideración internacional su labor como investigador y generador de datos que contribuyen al conocimiento. Es por eso que hay exigencias de publicar en revistas internacionales de alto impacto.

Se apunta a que uno sea citado, porque así se evalúa la calidad de la investigación. Un trabajo que es citado con frecuencia apunta a la generación de conocimiento colectivo, que puede traer beneficios muy importantes para una población importante de personas.

-¿Qué pasa con las revistas científicas paraguayas?
También se debe publicar localmente. No hay que desechar a las publicaciones paraguayas. Lo que sí se debe hacer es mejorar las revistas nacionales.

-¿De qué manera?
Mejorando la rigurosidad, primeramente. Se debe tener evaluación por pares. No debemos publicar cualquier cosa, hay que mejorar la calidad y divulgar el contenido de esa revista. Ahora no importa dónde se haga el trabajo ni dónde se publique, si uno sube su trabajo con acceso abierto para otros investigadores se va conocer más la investigación.

En este sistema globalizado, muy competitivo, la lucha por mejorar la calidad de la investigación es parte de la vida diaria del investigador. Algunos jóvenes investigadores aseguran que cuesta enormemente publicar en revistas internacionales. Antes que el pago, lo más difícil es que el artículo sea aceptado. Se rechazan muchos trabajos.

No es fácil publicar. A esta altura de mi carrera tengo más de 100 publicaciones científicas, pero hace apenas tres semanas me rechazaron un artículo en una revista.

-Rechazan por diversos motivos.

Claro. Porque no es del área temática de la revista, o en la publicación piensan que se debe presentar en otra revista o sugieren hacerlo en una revista regional. Así es la vida del investigador.

-Este año fue reelecta presidenta de la Sociedad Científica del Paraguay, una entidad que durante algunos años estuvo un poco apagada. ¿Qué desafíos tuvo el primer año de su presidencia?
Como presidenta nos propusimos con la Comisión Directiva que la SCP sea un foro de discusión independiente de la ciencia y tecnología en Paraguay. No tenemos muchos lugares donde se puedan discutir temas de diferentes ámbitos y con diferentes posturas.

En algunos congresos o foros hay celos, conflictos de intereses, etc. Nosotros tratamos de evitar todos esos problemas. Por ello, la SCP es un lugar independiente, es la voz de la sociedad civil a través de sus científicos, para posicionar posturas sobre temas nacionales de interés tecnocientífico.

Tuvimos la intención de apoyar la capacitación a nivel de formación de la educación media, porque pensamos que la ciencia y la tecnología no empieza ni termina en la universidad. Son los profesores en las aulas de la secundaria que deben atender e incentivar el talento y la creatividad de los estudiantes.

-¿Falta apoyar a los jóvenes talentos?
Sí. Muchas veces los estudiantes tienen varios talentos, pero como nunca fueron estimulados van por otros caminos y no desarrollan sus capacidades plenamente. Es decir, se pierden talentos o se quedan opacados.

Es mejor identificar y estimular a las personas. Por eso estamos apoyando, a través del Benjamin Franklin Science Corner, el programa Globe del Ministerio de Educación y Secretaría del Ambiente, donde se desarrollan protocolos de diferentes áreas de la ciencia para analizar y estudiar datos, para luego procesar y contribuir al conocimiento. Los chicos aprenden a utilizar los datos de manera sencilla y a compartir con otros sus resultados.

Creemos que el apoyo a los profesores es un camino para lograr el estímulo de talentos científicos desde el aula.

-También buscan el reconocimiento de la sociedad paraguaya en general.
Sí, es uno de  nuestros objetivos. La gente debe reconocer al investigador. Consideramos que a través de la SCP se puede conocer más a los científicos, por eso ya hicimos el año pasado el Primer Encuentro de Investigadores y en agosto haremos la segunda (del 20 al 23).

-¿Cómo nació el CEDIC?
Como una necesidad de aquellos investigadores que salieron del país para formarse y volvieron sin tener un lugar donde desarrollar sus conocimientos. De ese momento hasta ahora cambiaron enormemente las cosas, pero en su misión el Cedic todavía forma a jóvenes investigadores. Tenemos una camada de cuatro jóvenes investigadores que se iniciaron con nosotros y ahora todos ellos están haciendo doctorados fuera de Paraguay.

El CEDIC se creó para dar lugar y respaldo a aquellos paraguayos que se formaron como investigadores. Y sigue cumpliendo con esa misión. El centro funciona con siete personas permanentemente.

-Pero también tienen investigadores asociados.
Sí, con los cuales trabajamos en diferentes proyectos o desarrollamos ideas. El CEDIC ofrece un respaldo institucional al investigador que no tiene un apoyo oficial de algún centro que acobije a sus ideas, iniciativas y proyectos. Nació para apoyar el desarrollo de la investigación científica del país.

-En esta primera década, ¿qué trabajos sobresalieron?
La mayoría de la gente nos conoce por nuestros trabajos en la búsqueda de compuestos antiparasitarios para las enfermedades endémicas regionales, como el Mal de Chagas y la leishmaniasis. Es una de las principales líneas de investigación del CEDIC, una de las más consolidadas.

También abrimos otras líneas de investigación que son muy dependientes de las áreas de formación de nuestros investigadores. Tenemos una línea de salud y ambiente, para la cual hay científicos realizando estudios ecoepidemiológicos de las enfermedades transmitidas por vectores. Los trabajos van desde capturar los vectores hasta estudiarlos genéticamente.

También tenemos investigaciones sobre variabilidad climática y el impacto en las enfermedades que estudiamos. Analizamos el cambio climático y su influencia en ciertas enfermedades. Hacemos proyecciones sobre escenarios futuros en procesos de adaptación de las enfermedades. Esto va a ayudarnos a prever medidas para que el impacto sea menor.

El Centro para el Desarrollo de la Investigación Científica (Cedic) tiene siete colaboradores permanentes y varios investigadores asociados. (Fotografía: Ciencia del Sur)

-¿También hacen trabajos en matemática?
Justamente, ahora construimos modelos matemáticos de estas variaciones climáticas y su impacto en las diversas enfermedades. Colaboran con nosotros investigadores que trabajan en matemática. Por otro lado, también abrimos una línea de biomedicina, donde tenemos a médicos y tecnólogos que desarrollan nuevas técnicas o técnicas sofisticadas para diagnosticar enfermedades que tengan origen genético.

Sobre todo las enfermedades que hay en el país. Hasta el momento, todo se envía afuera. Lo que queremos es desarrollar técnicas y estándares locales para hacerlo a nivel nacional. Esto nos va a ayudara mejorar los tratamientos de ciertas enfermedades de forma local.

-¿Incursionan también en botánica?
Sí. Estudiamos los recursos fitogenéticos que hay en el país a sus disposición. Esta línea está liderada por la doctora Fátima Mereles, que es una investigadora asociada que colabora con nosotros.

-¿Qué otros investigadores están asociados?
La doctora Marta Ascurra, que estudia las enfermedades de origen genético; el doctor Alcides Chaux, el anatomopatólogo que estudia las líneas de enfermedades que tengan que ver con tumores u origen genético. También tenemos gente joven que inicia a desarrollar sus investigaciones y que les apoyamos.

Además, tenemos trabajos orientados con el sector social. Por ejemplo, con el dengue. Sigue siendo epidemiología de las enfermedades transmitidas por vectores, pero con nuevos elementos que se incorporan. Estudiamos, por ejemplo, el comportamiento sociocultural de la gente con esta enfermedad, el impacto socioeconómico, etc.

Queremos llegar a buenos resultados, los cuales pueden llevarnos a dos escenarios: puede generar conocimiento que se reinvierte en otras investigaciones o puede generar un producto.

-¿Cómo se mantuvo el CEDIC en su primera década? ¿Con alianzas y acuerdos?
Somos un ejemplo de alianzas estratégicas. Sería imposible existir sin alianzas estratégicas. Abrir las puertas a investigadores ya es tener alianzas estratégicas, pero no solo se necesitan personas, se precisan de instituciones.

El CEDIC nació con el apoyo del laboratorio Díaz Gill, que fue nuestro mecenas y nos dio un lugar durante siete años, y de la Fundación Moisés Bertoni, que nos ayudó sobre todo con la administración. Estas dos instituciones son también fundadores del CEDIC, así como las doctoras Celeste Vega y Miriam Rolón.

Luego, obviamente, el esfuerzo de los investigadores para sacar adelante al centro. Otros organismos también nos ayudaron a consolidarnos. Nos ayudaron de manera silenciosa. Hubo laboratorios y empresas que nos donaron equipos o elementos de investigación. Además, trabajamos en redes y colaboraciones internacionales, por ejemplo, con la Comunidad Europea.

-¿Están en varias redes?
Estamos en una red de biomedicina del Mercosur para crear una plataforma científica y tecnológica regional. Las alianzas nacionales son muy importantes. Uno de nuestros principales aliados es la Facultad Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción, con la cual hemos tenido varios proyectos. Estamos desarrollando cosas increíbles, con mucho trabajo y esfuerzo.

-¿Cómo es el apoyo en su familia?
Me apoyan en todo. Cuando iba a hacer mi doctorado ya tenía tres hijos. La decisión la tomamos en familia. No fue una decisión mía, únicamente. Mi familia para mí es muy importante. Por eso yo firmo como Antonieta Rojas de Arias.

-Claro. Incluso sus trabajos científicos los firma así.
Debo decir que soy muy independiente. Utilizar el apellido de mi marido no es síntoma de sometimiento. Lo que sucede es que ambos somos un equipo y nos apoyamos mucho. Santiago Arias, mi marido, es médico.Trabaja en el Hospital de Clínicas, es jefe del Departamento de Cirugía Pediátrica.

-Lo que aprendiste en tu doctorado, ¿te sigue sirviendo?
Sí, pero es una base. El investigador nunca deja de estudiar. Los investigadores deben estar en la cresta de la ola, y para ello deben estudiar y leer mucho. El que quiera tomar como profesión la investigación debe saber que debe estudiar mucho y generar conocimiento, además de formar a otra persona.

También tendrá que hacer trabajos administrativos que no gustan mucho, pero que los deberá cumplir. No se puede hacer investigación si no está en la frontera del conocimiento. Uno debe estar pendiente del conocimiento de su área.

Es imposible saber de todo. Entonces, hay cosas que se deben desarrollar con mayor profundidad.

-¿Cuál considera que es su principal aporte a la ciencia o al conocimiento?
Pienso que una de las cosas más importantes que he logrado es la creación de capacidades, como la fundación del CEDIC. Creamos un lugar donde se puede hacer ciencia. He contribuido al conocimiento en el área de antiparasitarios y genero conocimientos nuevos, ya que hay varias citaciones de los trabajos.

Lo más importante es esa creación de capacidades e infraestructura para el desarrollo de la ciencia. He podido dar la chance de crear conocimiento a otras personas y oportunidad de crecer.

-¿El científico debe ser humilde?
Sí y debe hacer mentorazgo. El investigador debe abrirse y formar a otras personas. Porque de lo contrario, la investigación entre cuatro paredes no verá la luz. El investigador debe tener meritocracia y ser mentor, los principales pilares del Programa Nacional de Incentivo a los Investigadores (PRONII).

-¿Considera que el Conacyt está cumpliendo con su rol de mejorar las políticas científicas?
Las políticas de ciencia y tecnología se hicieron en el 2002. Las cosas han cambiado radicalmente, ahora se está redactando una nueva política, donde se deben introducir cambios si queremos entrar en la sociedad del conocimiento.

La política debe ser muy clara e incidir decididamente sobre los puntos más débiles que tenemos como sociedad.

-¿Cuáles son esos puntos débiles?
La capacitación y el apoyo a infraestructura y ambiente donde se desarrolla el investigador. Podés tener gente muy bien formada, pero si no cuenta con recursos es mucho más difícil. El investigador deber tener todo el apoyo para hacer su trabajo. Ahora se tiene dinero, entonces hay que invertir sobre los puntos claros.

Entre un científico paraguayo y otro de Silicon Valley no hay distinciones ya en cuanto a formación intelectual, pero el ambiente es muy distinto. En Silicon Valley el científico tiene todas las condiciones para salir adelante, el entorno de investigación influye mucho. Tiene que ser favorable a la generación de conocimientos.

Hay investigadores que trabajan en ambientes adversos. De hecho, los investigadores paraguayos lo hacemos, por eso es muy valioso lo que producimos. La situación en que se produce conocimiento es muy diferente en Asunción al que existe en California. El Conacyt está haciendo un gran esfuerzo para mejorar la situación. Lo mismo Becal.

-¿Pero cómo se vuelven sostenibles esos programas?
Creando los ambientes favorables, solo así serán sostenibles. La sostenibilidad debe tenerse en cuenta.

-Tenemos el ejemplo del presidente Donald Trump, que sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París. ¿La ciencia todavía está influenciada por la política?
Las decisiones técnicas no tienen por qué estar influidas por las decisiones políticas. Un investigador no puede cambiar sus resultados porque estos sean políticamente incorrectos. Un técnico no puede cambiar las investigaciones. Una decisión política incide positiva o negativamente en el desarrollo de las ciencias.

Esto se ve ahora, no solo con el Acuerdo de París, sino la propia ciencia estadounidense, que está sufriendo recortes y retrasos en producción de investigación. En abril se hizo la gran manifestación sobre el tema.

La política influye en la ciencia, por eso es importante elaborar una política de ciencia y tecnología clara, transparente, participativa y sostenible. Lo más importante es que las políticas deben trascender los gobiernos. Un ejemplo es el PRONII.

El Cedic cuenta con varias líneas de investigación. Tiene su propia sede en el centro de Asunción, donde están instalados sus laboratorios. (Fotografía: Ciencia del Sur)

-Que pasó ya por tres presidentes.
Sí, comenzó en el 2011 y pasó por tres gobiernos.

-¿Cómo ve el futuro de la ciencia en Paraguay? 
Con mucho optimismo. Paraguay debe analizarse como país y evaluar sus capacidades. Si queremos tener un desarrollo del conocimiento tenemos que orientarnos hacia la capacidad básica que tenemos. La ciencia es abierta, no debemos decirle al investigador qué debe investigar, pero las políticas CTI deben incidir en los sectores menos favorables o deprimidos.

Tampoco se debe dejar de hacer investigación básica o investigación aplicada, pero el tomador de decisión debe analizar muy bien hacia dónde apuntar nuestros recursos y capacidades.

-Las ciencias humanas son las áreas más deprimidas. ¿Se debe invertir más en las humanidades o ciencias sociales?
Actualmente, las inversiones son iguales en todas las áreas. Si se hizo menos investigación en humanidades o ciencias sociales no significa que no se haya invertido. No hay diferencias entre los financiamientos. Las ciencias sociales y humanidades son importantes para el desarrollo.

En el área de salud, por ejemplo, cualquier iniciativa que se quiera encarar con alguna comunidad se precisa de estudios sobre comportamiento humano y social. Hay que saber sobre la estructura y las redes sociales para combatir una enfermedad. Necesitamos de la investigación interdisciplinaria para tener un amplio panorama e impactar con los proyectos.

Necesitamos tener nuestros propios filósofos, nuestra gente que piense y analice el comportamiento de los ciudadanos paraguayos. En la medida que tengamos el conocimiento más claro de cómo se maneja la sociedad, vamos a incidir mejor en los problemas de la gente. Hoy los científicos no podemos trabajar solos.

En las interfases de la ciencia, donde las disciplinas se juntan, se está creando hoy la mayor cantidad de conocimiento. Todas las ciencias tienen su importancia y debemos reconocerlas.

 

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Director de Ciencia del Sur y fundador de la ASINCYT. Estudió filosofía en la Universidad Nacional de Asunción, UNA. Pasó por el programa de Jóvenes Investigadores de la UNA. Tiene diplomados en filosofía medieval y en relaciones internacionales. Condujo los programas de radio El Laboratorio, con temática científica (Ñandutí) y ÁgoraRadio, de filosofía (Ondas Ayvu). Fue periodista, columnista y editor de Ciencia y Tecnología en el diario ABC Color y colaboró con algunas publicaciones internacionales. Fue presidente de la Asociación Paraguaya Racionalista (APRA), secretario del Centro de Difusión e Investigación Astronómica (Cedia) y encargado de cultura científica de la Universidad Iberoamericana (Unibe). Periodista de Ciencia del Año, por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Conacyt -2017. Tiene cinco libros publicados.

3 Comentarios

  1. Excelente articulo. Han logrado captar totalmente el problema de la ciencia en paises pequños como el nuestro. Yo escribo desde UUuguay q ha tenido un proceso similar de desarrollo solo que empezo en el 1985 con el retorno a la democracia. Por lo que comenzamos un poco antes pero decir q el proceso es similar y el rol de antonieta ha sido clave para este avance. La felicito en particular por su coraje y garra y la oportunidad q da a los jovenes desde el cedic y su dedicacion full time a esta problematica. Nuevamente felicitaciones

  2. Excelente entrevista. Muy buena descripción de nuestra situación en el área y como siempre Antonieta impecable en su explicación.
    Felicito a Antonieta por todo lo que ha logrado profesionalmente, por el entusiasmo y optimismo, características fundamentales para hacer Ciencia en Paraguay.

  3. Excelente reportaje. He venido siguiendo el positivo proceso de desarrollo cientifico-tecnologico paraguayo en el ultimo decenio. Antonieta no solo lo documenta muy bien sino que ademas ha sido una activa participante y propulsora del mismo como investigadora asi como cogestora desde distintas posiciones institucionales. Dr. Edgardo Rubianes (Uruguay)

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