“Las redes sociales fomentan la aparición de historiadores no profesionales”

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Durante la dictadura stronista (1954-1989) la historia como disciplina –presa del autoritarismo- sufrió una suerte de aislamiento epistemológico que perpetuó el discurso nacionalista autoritario, que sigue siendo popular en Paraguay. Esta es la visión del historiador y profesor Claudio Fuentes Armadans, actual presidente del Comité Paraguayo de Ciencias Históricas (CPCH).

En esta entrevista con Ciencia del Sur, Fuentes aseguró que hoy en día, las redes sociales fomentan la aparición de historiadores no profesionales, lo que dificulta que la historia científica llegue a más gente. Además, ve que existe una distorsión desde las propias cátedras, ya que incluso hay casos de cátedras de historia en las universidades que no son ocupadas por historiadores.

El investigador aclaró no oponerse a la libertad de expresión en materia de historia, que la ve como un valor fundamental en una democracia, pero sí cuestiona cómo desde las redes sociales se banaliza la profesión de historiador.

De todas las universidades locales, solo tres cuentan con una carrera de grado en esta área y los posgrados son esporádicos y no se consolidan. Aun así, a decir de Claudio, se están ampliando los estudios de historia y se fortalece la interdisciplinariedad.

¿Y cómo investigar en un contexto de pandemia por COVID-19? Aunque hubo limitaciones, también avances, ya que varios archivos, repositorios y bibliotecas a la que acceden los historiadores fueron digitalizados o eliminaron sus bloqueos por pago.

Claudio José Fuentes Armadans es licenciado en historia por la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción, magíster en sociología y ciencia política con énfasis en sociología y especialista en ciencias sociales por la Universidad Nacional de Asunción. Tiene una especialización en didáctica de la educación superior por el Instituto Nacional de Educación Superior.

Es docente de la Universidad Católica y de la Universidad del Norte y está categorizado en el Programa Nacional de Incentivo a los Investigadores (PRONII), del Conacyt. Aparte es también académico correspondiente de la Academia Paraguaya de la Historia.

-En los últimos años, ¿están mejorando los trabajos académicos de historia en Paraguay?

Más que mejorar, lo cual está ocurriendo, se están ampliando las áreas de estudio y los abordajes sobre historia del Paraguay. La historia militar y política tradicional ya no dominan completamente el panorama de las nuevas perspectivas históricas. Hay un mayor hincapié en la historia social, cultural y económica; también en dejar de ver al Paraguay como un objeto de estudio histórico aislado, se han ampliado los estudios en torno a una integración hacia fenómenos regionales e internacionales.

Además, hay mayor interdisciplinariedad, ya que los estudios de historia son complementados por otras ciencias dentro de las humanidades y de las ciencias sociales. Tenemos entonces abordajes históricos desde la sociología, la antropología, la filosofía, la ciencia política, la arqueología y otras disciplinas que enriquecen el campo.

Eso no significa que estamos en la cresta de la ola, sino de que en los últimos años ha habido avances significativos en el campo historiográfico paraguayo, pero aún hay desafíos en profundizar y consolidar dichos avances.

El profesor Claudio Fuentes Armadans es historiador e investigador categorizado en el PRONII del Conacyt. (Gentileza)

-Uno de los temas que hablamos en otra oportunidad es que con la democracia la historia en Paraguay se hizo más científica. ¿Esto es así?

Sí, considero que a partir de 1989 la historia en el Paraguay como disciplina se hizo más científica poniendo fin a la obligatoriedad del discurso nacionalista autoritario, el cual fue el discurso oficial desde el Estado desde 1936.

Esto es debido a varios factores: la apertura a nuevos discursos y debates históricos e historiográficos; el surgimiento de una generación de historiadores críticos previa a la apertura democrática, como Alfredo Seiferheld y Milda Rivarola, cuyos trabajos allanaron el camino a nuevos historiadores; y sobre todo también los intercambios con académicos de otros países.

Esto último es muy importante, los historiadores paraguayos pudieron, a partir de 1989, aumentar los intercambios académicos internacionales con eventos, becas de posgrado y estadías de investigación.

Además de que instituciones de educación superior como la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción (UC) – donde me he formado como licenciado en historia en la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas – se nutrió en las últimas tres décadas también de docentes formados en el extranjero que contribuyeron a diversificar y ampliar las miradas.

Aparte de que historiadores de otras latitudes, en sus estancias de investigación en Paraguay, han desarrollado cursos, talleres y seminarios en diversas ocasiones e instituciones. Recuerdo, como un ejemplo de esto, que la profesora Beatriz González de Bosio aprovechó las estancias de investigadores de renombre como la doctora Liliana M. Brezzo, para organizar clases magistrales de historiografía paraguaya tanto a sus estudiantes como para el público interesado. Todo esto favoreció un sano intercambio académico.

También la Academia Paraguaya de la Historia organizó en varias ocasiones cursos para jóvenes historiadores. Entre ellos, uno en 2019 que estuvo organizado por la historiadora Mary Monte de López Moreira y llevado a cabo por Brezzo y Sansón Corbo, ya mencionados.

Además desde finales de 2018, la entidad cuenta con la «Revista Paraguaya de Historia», de frecuencia semestral.

Ahora bien, eso no significa que no haya habido retrocesos y retornos autoritarios. Si bien es cierto, el discurso nacionalista autoritario ya no es hegemónico, sigue gozando de gran popularidad en todo el espectro político ideológico del país.

Esto se ve reflejado en los momentos de crisis, cuando surgen discursos como el del concepto “legionario”, como en el caso del 2012, 2017 y 2019 en la última década. Pero también en el retroceso de políticas culturales cuando se plantean paradigmas superadores de los mitos nacionalistas del Paraguay, y surgen reacciones conservadoras al respecto.

-Al respecto, ¿los aficionados a la historia o historiadores no tan rigurosos siguen teniendo mucho protagonismo en la sociedad?

Para juzgar la seriedad de un historiador considero que existen dos elementos importantes: primeramente, la idoneidad, que se manifiesta en su formación de grado y de posgrado en historia, o en ciencias históricas – humanidades y ciencias sociales – y en segundo lugar su producción historiográfica. Esta es juzgada críticamente por pares en revistas, capítulos de libros y libros, además de su participación en círculos académicos y en eventos científicos.

Estos elementos de juicio son importantes, pero no únicos, y pueden tener salvedades. En Paraguay, trayendo a colación los trabajos historiográficos de Liliana M. Brezzo y de Tomás Sansón Corbo, el campo historiográfico comienza a consolidarse con la creación en 1937 del Instituto Paraguayo de Investigaciones Históricas – nombre anterior de la actual Academia Paraguaya de la Historia-.

Y surge recién la carrera de historia en el espacio universitario en 1948, con la apertura de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), importante espacio para la formación de las primeras generaciones de historiadores de carrera tanto de grado y posgrado.

Lo que significa que el Paraguay tiene un atraso histórico en la disciplina frente a la región, a lo que hay que sumar cierto aislamiento epistemológico durante los 35 años de la dictadura stronista.

Hoy en día, apenas contamos con tres carreras de grado en historia, la UC y la UNA ya mencionadas, además de la Universidad Nacional del Este (UNE). Estudios de posgrado en historia son limitados a la cantidad de estudiantes postulantes, maestrías que se abren esporádicamente. Actualmente no hay curso abierto de doctorado en historia en el país.

Esto limita la formación de historiadores profesionales, a lo que tenemos que sumar que un porcentaje importante de las cátedras de historia en las universidades están en manos de profesionales de otras carreras, como abogados, por ejemplo.

No culpo de esto a los abogados, sino a que probablemente hay más cátedras de historia que historiadores formados, aparte de que durante décadas básicamente existió una limitada oferta de formación de grado en historia. Los abogados y otros profesionales ocupan entonces ese nicho.

Las limitaciones de formación académica, sumadas al fenómeno de las redes sociales, ayudaron a fomentar la aparición y difusión de historiadores no profesionales o no tan rigurosos que gozan de mucha popularidad.

A todo esto, hay que agregar que muchas veces el público de divulgación busca en redes sociales confirmar sus creencias, fomentadas por décadas de repetición del discurso tradicional tanto socialmente como en el sistema educativo.

Es un círculo donde los historiadores no tan rigurosos de redes sociales se dedican a alimentar a un gran grupo de seguidores con la repetición de discursos que gozan de popularidad, pero no son comprobados académica y científicamente; mientras que este público da legitimidad de masas a estos divulgadores.

Se produce un fenómeno de “fanservice”, donde el divulgador de historia en redes sociales muchas veces está más preocupado en alimentar y aglutinar una mayor cantidad de seguidores en vez de ocuparse por la rigurosidad o por actualizar sus discursos con las más nuevas investigaciones.

No se da un diálogo entre la divulgación y la producción científica, además, por supuesto de que es más fácil repetir discursos tradicionales consolidados por décadas que cuestionarlos.

Otro factor es que, por lo general y salvando excepciones, no existe mayormente un criterio editorial que distinga las publicaciones históricas serias y científicas, de aquellas que no lo son o que carecen directamente de rigor. Una misma editorial puede publicar ambos tipos de obras, e historiadores con una formación y producción impecables comparten producciones en estanterías con otros de los cuales no se puede sostener lo mismo.

Todos estos factores ayudaron a que haya una banalización de la profesión del historiador en Paraguay, donde la formación universitaria pasa a un segundo plano y la calidad de la producción historiográfica no es criterio excluyente de la condición de historiador. Además de la popularidad en medios de prensa y redes sociales favorecen este fenómeno de los “historiadores” no profesionales.

Ojo, no se está en contra de la libertad de expresión en materia de historia, que es un valor fundamental en una sociedad plural y democrática, sino de la banalización de la disciplina histórica como ciencia.

La influencia de las redes sociales en Paraguay permitió la aparición de historiadores aficionados o no profesionales que divulgan con poca rigurosidad. (Ciencia del Sur)

-¿Qué recomienda para seguir o leer a historiadores rigurosos de Paraguay?

Tanto los antecedentes de formación académica son importantes como la producción historiográfica y su recepción crítica en la comunidad académica son muy valiosos, como he mencionado anteriormente. No hace falta estar de acuerdo con el abordaje o el contenido, los historiadores discrepamos y debatimos.

Leer la mayor pluralidad posible de perspectivas y de abordajes sobre el tema de interés es importante.

Por suerte, también los historiadores rigurosos y serios se están dando cuenta que es importante en el Paraguay hacer difusión histórica de sus trabajos, lo que permitió en los últimos años que aumenten los eventos y el acceso del público a contenidos académicos y científicos en un lenguaje cotidiano y de fácil acceso.

El lenguaje sencillo, pero sin abandonar la rigurosidad, es crítico para la difusión de nuevas perspectivas historiográficas. Esa es una ventaja que tiene el discurso nacionalista tradicional en el Paraguay, ya que estamos hablando de décadas de hegemonía frente a otras perspectivas críticas o renovadas, por lo que difundir historia científica o académica es un reto aún mayor.

Por eso, que los historiadores profesionales se involucren en la difusión de historia científica y académica en redes sociales es muy importante para guiar hacia un debate crítico a los aficionados a la materia, ya que si no se involucran, dejan el espacio servido a la historia menos rigurosa.

-¿De qué manera afecta la pandemia de COVID-19 a los estudios e investigaciones de historia en Paraguay?

Por un lado, significó el cierre del acceso a fuentes primarias y secundarias en formato físico – documentos y libros respectivamente – en archivos y bibliotecas. Por suerte, muchos archivos y bibliotecas cuentan tanto en Paraguay, la región y el mundo, con fondos digitalizados total o parcialmente.

Una ventaja de estos últimos meses ha sido la solidaridad de colegas historiadores y de gremios de historia que han compartido solidariamente sus fondos personales y también institucionales. Importantes instituciones, repositorios y revistas que antes tenían el acceso cerrado o pago a fondos documentales y a publicaciones, han abierto el mismo de forma gratuita.

Debo mencionar, también, que en Paraguay la pandemia de COVID-19 ha inspirado a historiadores la necesidad de ampliar los estudios e investigaciones de historia social del país en el campo de la salud pública.

Un ejemplo de esto ha sido el ciclo de charlas sobre “Historia, epidemias y pandemias en el Paraguay” organizado conjuntamente por el Centro Cultural Paraguayo Americano (CCPA) y el Comité Paraguayo de Ciencias Históricas (CPCH), y que contó con la participación de los historiadores Ana Barreto Valinotti, David Velázquez Seiferheld y Herib Caballero Campos.

Tenemos previsto ampliar este ciclo con la participación de la doctora Bridget M. Chesterton, de Estados Unidos, en el mes de julio.

-¿Se siguen haciendo trabajos de investigación o se paralizaron?

No, la investigación no se paralizó con la cuarentena, quizás sí haya dificultades y desafíos. Puedo citar dos, como ya dije, la imposibilidad de acceso a fuentes físicas en lugares públicos y la adaptación de los tiempos de docencia digital en el caso de los historiadores que investigan y son también docentes.

Pero también hubo un movimiento espontáneo de historiadores de solidaridad y de compartir materiales de forma digital, así como la difusión entre colegas de recursos de búsqueda y de repositorios.

-¿Cuáles son los tópicos más generales con los que están trabajando los miembros del Comité Paraguayo de Ciencias Históricas?

Las personas asociadas al Comité Paraguayo de Ciencias Históricas (CPCH) tienen un amplio repertorio de investigación en diversos campos de la historia paraguaya y regional.

Citarlos todos quizás me obligue a omitir algunos, pero igual haremos ese ejercicio dentro de un espectro general. Hay muchos temas estudiados o en estudio: desde historia social, arqueología, del arte, patrimonio histórico, económica, del trabajo, de género, de la educación, política, cultural, historiografía, justicia, etc.; que abarcan desde tiempos coloniales hasta el tiempo presente.

Muchos de estos temas son abordados con diversas perspectivas, abordajes y ciencias: desde la historia y la historiografía, la sociología, la politología, la filosofía, las relaciones internacionales, el derecho, la criminología, la arquitectura patrimonial, la arqueología, etc.

Esto habla de la pluralidad que existe en cuanto a producción en el CPCH.

-¿Cuáles son los recursos de los que disponen hoy los estudiantes de historia e historiadores paraguayos? ¿Pueden acceder fácilmente a documentos, investigaciones, etcétera?

Bueno, existen recursos digitales importantes en el Archivo Nacional de Asunción y en la Biblioteca Nacional. También se pueden acceder a publicaciones de revistas, capítulos de libros y libros tanto en formato físico – cuyo acceso está normalmente limitado por el costo del material o si hay disponibilidad de este en bibliotecas – y también digitales.

Por un lado, como nunca hay materiales disponibles, por otro también es importante la capacitación a los estudiantes de cómo acceder a los mismos.

La pandemia y la cuarentena consecuente de la misma han obligado, pero también facilitado el acceso a estudiantes y docentes a materiales digitales, en la medida que los mismos puedan acceder a internet y que no sean víctimas de la brecha social digital que afecta a quienes están en una situación económica vulnerable.

El Archivo Nacional de Asunción permaneció cerrado durante casi tres meses, volvió a reabrir, con restricciones, hace pocos días. (Foto de la ANA)

Nota del editor: A pedido del entrevistado, el texto incluyó, pero no alteró, algunos datos necesarios. Edición realizada el 18 de junio, a las 19:00 horas.

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Director de Ciencia del Sur y fundador de la ASINCYT. Estudió filosofía en la Universidad Nacional de Asunción, UNA. Pasó por el programa de Jóvenes Investigadores de la UNA. Tiene diplomados en filosofía medieval y en relaciones internacionales. Condujo los programas de radio El Laboratorio, con temática científica (Ñandutí) y ÁgoraRadio, de filosofía (Ondas Ayvu). Fue periodista, columnista y editor de Ciencia y Tecnología en el diario ABC Color y colaboró con algunas publicaciones internacionales. Fue presidente de la Asociación Paraguaya Racionalista (APRA), secretario del Centro de Difusión e Investigación Astronómica (Cedia) y encargado de cultura científica de la Universidad Iberoamericana (Unibe). Periodista de Ciencia del Año, por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Conacyt -2017. Tiene cinco libros publicados.

1 Comentario

  1. Personalmente considero que un debate abierto sobre el discurso nacionalista y autoritario, con el público en general, es necesario para afrontar estas limitaciones actuales de la divulgación de la propia historia paraguaya. En palabras sencillas buscar entender nuestra propia parcialidad.

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