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Decía la doctora Antonieta Rojas de Arias, presidenta de la Sociedad Científica del Paraguay (SCP) e investigadora del Centro para el Desarrollo de la Investigación Científica (CEDIC), que la universidad privada también puede contribuir al desarrollo del Paraguay con una inversión en Investigación y Desarrollo (I+D).

En la última entrevista que le hicimos, manifestó que la generación de conocimientos traerá muchos beneficios para las universidades paraguayas, que se encuentran en crisis ante diferentes hechos.

Puntualizó, sin embargo, que existe un riesgo compartido como en todo emprendimiento y empresa innovadora. El siglo XXI se caracteriza por transformar la economía y hacerla más dependiente de la ciencia y la tecnología.

En nuestra región sudamericana son decenas las empresas que invierten en investigación y desarrollo y generan rentabilidad a mediano o largo plazos. Sin embargo, en Paraguay la situación es muy diferente. Las empresas privadas son las que menos invierten: apenas el 0,28% del total frente a un 73,09% de la financiación pública a la ciencia. Las universidades privadas también se quedan atrás, con apenas un 2,05% de las inversiones en I+D.

Estos datos fueron publicados por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). El país apenas invierte un 0,13% de su PIB en ciencia y tecnología, uno de los países latinoamericanos que menos invierte. El apoyo estatal, especialmente en la universidad, ha contribuido a empujar el desarrollo de la misma ciencia paraguaya, aunque el retorno de la inversión parece ser mayor en institutos privados o fundaciones, más productivos en conocimiento científico de calidad.

Datos del Instituto de Estadística de la Unesco. (IEU)

Según datos del Instituto de Estadística de la Unesco (IEU), las empresas son las que menos invierten en ciencia y tecnología en Paraguay, apenas con el 1% de lo que invierten las universidades públicas, según sus publicaciones. Las que más invierten son las universidades (donde están las públicas) y el Gobierno, según estos indicadores.

La directora del IEU, Silvia Montoya, había dicho que: «La innovación es fundamental para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Por eso es esencial el seguimiento de la inversión en I+D en conocimiento, tecnología y pensamiento, que impulsa la innovación en los países”.

El organismo internacional, a través de los ODS, instó a los Gobiernos a promover la industrialización y la innovación mediante el rápido incremento del gasto en I+D y el aumento del número de investigadores.

Inversiones privadas

Recientemente estuvimos en Ciudad del Este acompañando la inauguración de un club de astrociencia y un miniobservatorio en pleno centro de esta localidad fronteriza con Brasil. Esta propuesta, que es financiada completamente con fondos privados del hotel, quiere encarar propuestas de innovación en una región destinada más a los negocios y al comercio.

La economía misma de la zona se está diversificando, y hoy en día existe más demanda de recursos humanos en todos los ámbitos.

Los proyectos científicos privados no deben atemorizar, sino todo lo contrario, deben servir como forma de superación en un país donde la mayor parte de los fondos públicos van a pagar salarios de funcionarios y no en inversiones para mejorar la calidad de vida de los habitantes.

Estamos a favor de la ciencia, por un lado, que nos brinda la comprensión del mundo y cómo podemos adaptarnos al mismo. Es una forma de romper fronteras y paradigmas y salir de la pobreza. Pero también hace falta vincular la academia con los sectores productivos.

Se debe pensar de una forma innovadora, diferente, que siga respetando las identidades, pero que pueda aglutinar a los principales actores de la sociedad del conocimiento para impulsar un desarrollo tecnocientífico masivo y en cadena. En plena crisis de nuestras universidades o de nuestro sistema educativo en general, es propicio que las empresas privadas no pierdan el norte y apuesten por la ciencia y la tecnología.

Esto debe ir acompañado por un mejoramiento de la seguridad jurídica, disminución de impuestos o tasas, eliminación de trabas a la producción, distribución y venta de conocimiento y un replanteamiento de hacia dónde se invierte el dinero público de los paraguayos en ciencia.

El sector privado debe perder el miedo, actualizarse y comenzar a usar a las universidades y centros de investigación que tiene a su alrededor.

 

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Director de Ciencia del Sur y fundador de la ASINCYT. Estudió filosofía en la Universidad Nacional de Asunción, UNA. Pasó por el programa de Jóvenes Investigadores de la UNA. Tiene diplomados en filosofía medieval y en relaciones internacionales. Condujo los programas de radio El Laboratorio, con temática científica (Ñandutí) y ÁgoraRadio, de filosofía (Ondas Ayvu). Fue periodista, columnista y editor de Ciencia y Tecnología en el diario ABC Color y colaboró con algunas publicaciones internacionales. Fue presidente de la Asociación Paraguaya Racionalista (APRA), secretario del Centro de Difusión e Investigación Astronómica (Cedia) y encargado de cultura científica de la Universidad Iberoamericana (Unibe). Periodista de Ciencia del Año, por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Conacyt -2017. Tiene cinco libros publicados.

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