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Distinguidas autoridades presentes, representantes de Ciencia del Sur, colegas investigadores, docentes, estudiantes, familiares, amigas y amigos:  

Tengo la seguridad de que todo reconocimiento académico excede siempre a la persona que lo recibe. Un premio de esta naturaleza pertenece también a las instituciones que sostienen el trabajo intelectual, a los maestros que nos formaron, a los colegas que nos interpelan, a los estudiantes que nos obligan a pensar mejor y a la sociedad que espera de la ciencia, de la educación y del pensamiento algo más que resultados inmediatos: espera lucidez, compromiso y futuro. Especialmente en esta coyuntura crítica (kritein: ruptura de un orden preestablecido) para la educación superior en el Paraguay.  

Esta ocasión me permite compartir una breve reflexión sobre el lugar de la filosofía y de las humanidades en una época marcada por la inteligencia artificial, la automatización, la innovación tecnológica y la exigencia permanente de resultados medibles.  

Vivimos en un mundo signado por la velocidad. Paul Virilio 1 advertía que quien domina la velocidad no solo controla el desplazamiento, sino también el territorio, la percepción y la política. A ese régimen lo llamó dromocracia: el poder organizado en torno a la aceleración. Desde esta perspectiva, la historia humana no puede comprenderse únicamente desde la lucha por los recursos o por las clases, sino también desde la evolución de los medios de transporte, comunicación y circulación de la información. 

Habitamos, así, un tiempo en el que se demandan soluciones rápidas, indicadores, patentes, algoritmos, sistemas eficientes y respuestas aplicables. Bajo esa impronta se proyectan infraestructuras, se dinamizan descubrimientos y se desarrollan tecnologías capaces de mejorar la vida material de nuestras comunidades. Sin embargo, ese avance requiere ser pensado en profundidad, porque producir más técnica, innovar con mayor rapidez, automatizar procesos o multiplicar mediciones no garantiza, por sí solo, la construcción de una sociedad más humana.  

Allí las humanidades cumplen una función decisiva: complementan el desarrollo científico y tecnológico, cuidan sus límites éticos y epistemológicos, aportan una perspectiva histórica y sensibilidad social, y ayudan a dar forma a nuestras aspiraciones más altas como comunidad. El verdadero desafío consiste, entonces, en procurar que esos avances no pierdan de vista la dignidad humana, la justicia, la responsabilidad y el sentido de la vida en comunidad.  

Hace varias décadas atrás, C. P. Snow 2 advirtió sobre la fractura entre “las dos culturas”: la científica y técnica, por un lado, y la humanística, literaria, filosófica e histórica, por otro. Su diagnóstico no aludía solamente a una separación académica, sino a una dificultad más profunda para hacer dialogar saberes distintos frente a los grandes desafíos de la humanidad. Hoy, en un contexto atravesado por las tecnologías disruptivas, esa fractura puede volverse aún más riesgosa, porque los avances científicos y tecnológicos nos ofrecen posibilidades extraordinarias, pero también plantean dilemas éticos, políticos, educativos y sociales de enorme complejidad 3.  

Una sociedad que no integra estas preguntas filosóficas y humanísticas puede avanzar mucho en velocidad, pero muy poco en humanidad. Por eso, una de las grandes tareas de nuestro tiempo consiste en superar la falsa oposición entre ciencia y humanidades, entre filosofía e ingeniería, entre técnica y pensamiento 4 

Conferencia del Dr. José Manuel Silvero en el IV Festival Internacional de la Ciencia en la UNCA de Coronel Oviedo. (Foto de Daniel Duarte – Ciencia del Sur)

Yo no vengo a promover “menos” ciencia ni menos tecnología, sino por el contrario, vengo a defender la necesidad de una ciencia con conciencia ética, de una tecnología con responsabilidad ciudadana, una innovación con sentido humano y una investigación comprometida con el bien común 5. El verdadero desafío es comprender que estos saberes no se excluyen, sino que se necesitan mutuamente: la técnica requiere pensamiento, la innovación exige cuidado ético y epistemológico, y el desarrollo necesita sentido.  

Asimismo, la filosofía debe asumir también su compromiso como saber de segundo grado, en términos de Gustavo Bueno. Esto significa que la filosofía no parte de la nada ni pretende sustituir a las ciencias, a las técnicas o a los saberes especializados 6. Por el contrario, presupone esos saberes, los examina críticamente, confronta sus alcances, sus límites y sus implicancias. La filosofía no puede hablar responsablemente del presente si desconoce la ciencia, la tecnología, la política, la moral, el arte o la educación. Su tarea consiste, precisamente, en volver sobre esos saberes ya constituidos para analizarlos, organizarlos, discutirlos y orientarlos en el mapa complejo de nuestro tiempo.  

Recibir este galardón de Ciencia del Sur me honra especialmente porque proviene de un espacio que ha contribuido a visibilizar la ciencia, la investigación y el pensamiento crítico en nuestra región. Visibilizar la investigación también es fortalecer la democracia. Una sociedad que reconoce a sus investigadores reconoce el valor de la evidencia, de la pregunta rigurosa, del trabajo paciente y de la búsqueda honesta de la verdad.  

Agradezco a Ciencia del Sur por este galardón; a quienes han acompañado – y siguen acompañando- mi quehacer académico; a la Universidad Nacional de Asunción, a mis colegas, a mis estudiantes, a mi familia y a todas aquellas personas que defienden la convicción de que pensar sigue siendo necesario.  

Que este reconocimiento sea también una celebración del pensamiento en todas sus formas: científico, filosófico, educativo, artístico, técnico y humanístico. Que sea una afirmación de que no hay verdadero desarrollo sin conocimiento, pero tampoco hay verdadero conocimiento sin responsabilidad humana.  

Mientras exista la pregunta, mientras exista la diversidad y mientras exista la capacidad de imaginar otros futuros posibles, la filosofía y las humanidades seguirán siendo necesarias.  

Muchas gracias. 

El Dr. José Manuel Silvero (der.) recibió el galardón Investigador Destacado del IV Festival Internacional de la Ciencia en la UNCA. De manos de la bióloga Fátima Ortiz y del director de Ciencia del Sur, Eduardo Quintana. (Foto de Daniel Duarte – Ciencia del Sur)

 * Discurso leído durante la entrega del Premio Investigador Destacado del IV Festival Internacional de la Ciencia, organizado por Ciencia del Sur en la Universidad Nacional de Caaguazú, Coronel Oviedo.

Referencias

¹ Paul Virilio, Velocidad y política, Buenos Aires, La Marca, 2006
² Snow, C.P. The two cultures and the scientific revolution, Nueva York, Cambridge University Press, 1959
³ Saj. Leonardo Fabián. “Sobre «Cuando un algoritmo elige el embrión» de Balisteri y Silvero”. En: Blog de la revista Espectros. Ensayo, teoría, periodismo, humanidades. 23 de enero de 2026. Disponible:
https://revistaespectros.wordpress.com/2026/01/23/sobre-cuando-un-algoritmo-elige-el-embrion-de-balisteri-y-silvero/
⁴ Silvero A, José Manuel. ¿Menos filósofos, más ingenieros? En: Archipiélago. Revista Cultural de Nuestra América, 2012-04-03; “Alertan que no invertir en las humanidades es error gravísimo” En: ABC, 12 de febrero de 2014. Disponible:
https://www.abc.com.py/edicion-impresa/notas/alertan-que-no-invertir-en-las-humanidades-es-error-gravisimo-1214427.html ⁵ Silvero A, José Manuel. No hay nubes en Asturias. En: Ciencia del Sur. 1 de mayo de 2026. Disponible en: https://cienciasdelsur.com/2026/05/01/no-hay-nubes-en-asturias/
⁶ Bueno, Gustavo. ¿Qué es la filosofía? Pentalfa, Oviedo. 1995

 

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Columnista de filosofía y educación de Ciencia del Sur. Es filósofo y catedrático de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Tiene un doctorado en filosofía por la Universidad de Oviedo, España, y estancias posdoctorales en la Universidad de Lisboa, Portugal. Es Docente Investigador de Tiempo Completo de Dedicación Exclusiva (DITCODE) en la Dirección General de Investigación Científica y Tecnológica de la UNA y está categorizado en el nivel I del PRONII-Conacyt. Tiene investigaciones en filosofía cultural, bioética y antropología. Escribió los libros: "Nambrena", "Historia del pensamiento paraguayo", "Lecturas para una filosofía de la educación", "Cecilio Báez" y "Suciedad, cuerpo y civilización".

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