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Luego de organizar la Copa Mundial de Fútbol y las Olimpiadas, Río de Janeiro se prepara para recibir a otro evento internacional de gran envergadura: el Congreso Internacional de Matemáticos (ICM) en agosto de 2018. Se trata nada menos que del más importante congreso de matemática, y por primera vez en su historia tendrá lugar en un país sudamericano.

El ICM se realiza cada 4 años y consiste en un encuentro de poco más de 1 semana con conferencias de los más renombrados científicos de las distintas áreas de la matemática.

Allí se entrega la prestigiosa Medalla Fields, reconocimiento a matemáticos menores de 40 años por sus trabajos que, ante la falta de un premio Nobel para esta disciplina, es considerado como el “Nobel de la matemática”.

En el anterior ICM (Seúl 2014) el brasileño Artur Ávila se convirtió en el primer sudamericano en ganar la Medalla Fields, y Maryam Mirzakhani (quien falleció el año pasado) fue la primera mujer en obtenerla. Cabe destacar que Artur fue el primer matemático galardonado y formado en un país en vías de desarrollo, el IMPA (Instituto de Matemática Pura e Aplicada) de Río de Janeiro.

Ciencia del Sur conversó con Marcelo Viana da Silva, actual director del IMPA y presidente del comité organizador del ICM. Viana es un investigador reconocido a nivel mundial en el área de sistemas dinámicos. Sus estudios de grado los realizó en la Universidad de Oporto, Portugal, y su doctorado en el IMPA. En esta entrevista, el científico asegura que hay que cambiar la imagen que tiene la matemática y que en algunos países de la región hay retrasos en la materia.

Viana fue congresista en el ICM 1998, vicepresidente de la Unión Matemática Internacional (2011-2014) y presidente de Sociedad Brasilera de Matemática (2013-2015). También realiza divulgación matemática como columnista del diario Folha de San Pablo.

Entre sus premios destacan: ICTP Ramanujan Prize for Young Mathematicians from Developing Countries, Grand Prix Scientifique Louis D. y la Orden Nacional del Mérito Científico del Brasil.

-¿Qué importancia tiene para la matemática sudamericana la realización del primer ICM en la región?

En la mayoría de nuestros países la matemática se desarrolló muy tarde, y todavía sigue con retraso respecto de los más avanzados. Además, suele tener una imagen muy negativa, como de algo difícil o solo para genios.

La realización del ICM entre nosotros tiene el potencial de ayudar a cambiar esa imagen, desmitificando lo que es la disciplina, además de poner a Sudamérica en el mapa mundial del área.

-¿Cuál cree que fue el factor determinante para la selección de Río de Janeiro como sede del evento?

Creo que ha habido dos factores fundamentales: el desarrollo que ha tenido la matemática en Brasil en las últimas décadas, y la confianza de la Unión Matemática Internacional en la capacidad organizativa de nuestras instituciones, empezando por el IMPA.

Seguramente, esa confianza lleva en cuenta el apoyo del Gobierno brasileño y el hecho de que un grupo significativo de matemáticos de mucha competencia se hizo disponible para participar en el comité organizador.

– ¿Qué significó para el Brasil la Medalla Fields de Artur Ávila? ¿Cree que hubo algún cambio en la visión de Sudamérica (especialmente Brasil) para la comunidad científica mundial?

La Medalla Fields se la ganó Artur por méritos propios, por supuesto. Pero el hecho de que nació, vivió e hizo todos sus estudios en Brasil es un motivo de gran orgullo para el país, ya que es una evidencia contundente del avance de la disciplina en la región.

Estoy seguro de que cambió de manera importante la visión que tiene de Sudamérica la comunidad matemática internacional. Una evidencia clara es la presencia que tendremos en el ICM 2018: son 13 conferencistas invitados de Brasil (un plenario) y 5 más de otros países de Latinoamérica. Eso es casi el 10% del número total de conferencistas, nunca había habido nada parecido.

«En la mayoría de nuestros países la matemática se desarrolló muy tarde, y todavía sigue con retraso respecto de los países más avanzados. Además, suele tener una imagen muy negativa, como de algo difícil o solo para genios»

– ¿Cuál fue la clave para que el IMPA, una institución con menos de 70 años, se convierta en el primer instituto en un país en desenvolvimiento en formar un medallista Fields?

No creo que exista una respuesta sencilla. A lo mejor, suerte también es parte de la respuesta. Pero estoy seguro de que hay tres ideas clave: exigencia de calidad, flexibilidad en lo no académico y apertura al exterior y a nuevas iniciativas. Somos extremadamente exigentes con la calidad en la contratación de investigadores y la admisión de estudiantes.

Pero somos igualmente flexibles al respecto de las reglas: así es que Artur Ávila, por ejemplo, pudo empezar la maestría con nosotros a los 15 años, mientras era estudiante de secundaria.

Además, a lo largo de su historia, el IMPA supo extender sus actividades y aumentar su cooperación internacional, siempre fiel a su misión central de contribuir al desarrollo de la matemática en el país y la región.

-¿Que debería hacer un país pequeño como Paraguay para destacarse en la comunidad científica?

Apostar en sus jóvenes más brillantes, darles buenas condiciones trabajo para que vuelvan a su país tras formarse y empezar a multiplicar en el terreno mismo la calidad de su formación.

El tamaño del país poco importa: no se trata de cantidad sino de calidad. Y el apoyo a los jóvenes investigadores es, en cualquier país, una inversión con altísimo retorno.

-¿Cree que es muy utópico pensar que un país como Paraguay (con muchos menos recursos económicos que Brasil) pueda tener un instituto de excelencia como el IMPA?

De ninguna manera. Para empezar, cuando el IMPA fue creado, Brasil era un país con mucho menos recursos que hoy en día.

Además, el IMPA empezó pequeño y, como casi todo en matemática, era muy barato. Y el hecho de empezar pequeño y poder controlar su crecimiento también ha sido una gran ventaja en la historia del instituto. Lo más importante es la calidad de los investigadores, y en eso Paraguay está muy bien.

-¿Cómo divulgador de ciencia, qué tan importante es que los científicos de punta también se dediquen a la divulgación?

La ciencia tiene que ser divulgada y popularizada para que sea valorada por la sociedad, pero también para contribuir con la formación de nuestra población. Eso me parece evidente. Y quién mejor para hacer ese trabajo que los científicos, nosotros que conocemos mejor que nadie nuestra ciencia.

Así es que en mi opinión, comunicar las ideas matemáticas fundamentales al público general es parte de lo que significa ser un científico.

No quiere decir que todos tengan que hacerlo: a algunos no le gusta y no pasa nada. Pero es importante que, colectivamente, la comunidad matemática vea la labor de divulgación como parte de su tarea.

«La ciencia tiene que ser divulgada y popularizada para que sea valorada por la sociedad, pero también para contribuir para la formación de nuestra población»

 

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