La dieta keto no es para todos

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dieta keto
Si bien permiten reducciones rápidas de peso, muchas dietas populares no garantizan el adelgazamiento a largo plazo. (Alan Cleaver)
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Últimamente, las prevalencias de sobrepeso y obesidad se han incrementado en todo el mundo, alcanzando proporciones epidémicas. De hecho, según informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cada año mueren como mínimo 2,8 millones de personas a causa de la obesidad o el sobrepeso. En 2016, más de 1.900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales más de 650 millones eran obesos.

En general, entre 1975 y 2016, la prevalencia mundial de la obesidad casi se ha triplicado, incrementándose con ella el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, dislipidemia, hipertensión arterial y resistencia a la insulina.

El sobrepeso, la obesidad y las enfermedades no transmisibles vinculadas pueden prevenirse en su mayoría adoptando un estilo de vida que limite la ingesta energética procedente de la grasa y de azúcares simples, aumentando el consumo de frutas y verduras, así como de legumbres, cereales integrales y frutos secos; y realizando actividad física periódica (60 minutos diarios para los jóvenes y 150 minutos semanales para los adultos).

Ahora bien, si ya existe sobrepeso u obesidad, el tratamiento profesional recomendado consiste en cambiar la selección de alimentos, actividad física, educación nutricional, apoyo psicológico y médico.

Se añade un tratamiento farmacológico a estos pilares si las estrategias mencionadas no logran la reducción adecuada de grasa corporal y puede ser necesaria una intervención quirúrgica para los casos de obesidad mórbida (Índice de Masa Corporal mayor o igual a 40kg/m2).

La dieta ideal

El proceso terapéutico debe contemplar un plan de adelgazamiento equilibrado, controlando los posibles riesgos para la salud. La restricción calórica debe ser de 500 a 1.000 kcal diarias y una distribución individualizada de carbohidratos (entre 50 a 55% de las calorías totales), proteínas (15-25%) y grasa (hasta 30%).

Aquellas dietas que aportan entre 200 y 800 kcal son muy bajas en calorías y pocos son los datos que reportan eficacia en el mantenimiento del peso corporal a largo plazo tras su aplicación. Si bien permiten reducciones rápidas de peso, no existen diferencias significativas en el adelgazamiento a largo plazo.

Como consecuencia de la búsqueda de planes de alimentación que ayuden a reducir el peso corporal rápidamente, ha surgido un gran número de prácticas dietéticas populares, incluso algunas adaptadas a partir de otras originalmente propuestas para enfermedades distintas.

Este tipo de dietas propone metas poco realistas, con el mínimo esfuerzo y con posibles peligros para la salud. Un ejemplo muy conocido son las dietas bajas en hidratos de carbono o dietas cetogénicas, cuyo contenido de carbohidratos suele ser inferior al 20% de las calorías totales.

La dieta cetogénica o «dieta keto» tiene su origen con el Dr. Russell M. Wilder de la Clínica Mayo, quien en 1921 acuñó el término refiriéndose a una intervención terapéutica cuyo objetivo era generar cetosis (quema de grasas), parecido al producido en el ayuno; dicha estrategia dietética ha sido ampliamente utilizada para tratar la epilepsia refractaria al tratamiento farmacológico.

Una variante de dicha dieta fue la propuesta por el Dr. Robert Atkins. En su propio libro propuso cuatro fases bien definidas en las que se restringe la ingesta de carbohidratos, con aumento en la proporción de proteínas y eventualmente también de grasas, por encima de las necesidades diarias normales.

Tipos de dietas cetogénicas

Desde que el Dr. Wilder observara el efecto antiepiléptico de las dietas cetogénicas se han hecho modificaciones con el objetivo de mejorar su palatabilidad y variedad.

  • Dieta cetogénica clásica: las grasas constituyen el 87% del valor calórico total (VCT), con un aporte de 3:1. Es decir, por cada 3 gramos de grasa deben administrarse 1 gramo de carbohidratos y proteínas (13% del VCT aproximadamente). El aporte de carbohidratos y proteínas es menor y el de grasa muy superior a los aportes recomendados para una dieta equilibrada. También recomienda una restricción de líquidos de hasta un litro por kilocaloría aportada para reducir la pérdida de cuerpos cetónicos a nivel renal.
    • La sustitución de los ácidos grasos saturados por ácidos grasos poliinsaturados ayudaría a evitar la disminución del colesterol «bueno» (HDL), al aumento de los niveles de lipoproteínas y mejoraría la sensibilidad a la insulina.
  • La dieta cetogénica con triglicéridos de cadena media (TCM): la grasa aporta un 11% del VCT, los TCM un 60%, proteínas 10% y carbohidratos 19%. Ideada para mejorar la palatabilidad de la dieta cetogénica clásica y reducir efectos gastrointestinales secundarios.
  • La dieta de Atkins modificada: se potencia el consumo de las grasas sobre las proteínas, con restricción de carbohidratos a 10 gramos por día. La misma ha demostrado ser efectiva en niños con epilepsia refractaria.

¿En quiénes podrían resultar beneficiosa?

El efecto de la dieta cetogénica en la salud ha sido foco de controversias debido a la gran cantidad de tutoriales disponibles en internet, en su mayoría por influencers más que por profesionales capacitados. En cambio, debe seguir siendo analizado para prevenir complicaciones en la salud de quienes la sigan sin una prescripción o protocolo específicos.

Es necesario revisar la evidencia científica disponible sobre una dieta antes de realizarla para comprender en quiénes resultaría realmente beneficiosa a largo plazo. Varias investigaciones han observado efectos positivos de este tipo de dieta para el control de los síntomas de la epilepsia.

García-Peñas J. del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid, en su trabajo de 2018 sobre epilepsia, cognición y alimentación, concluye que las dietas cetogénicas tienen un impacto positivo sobre el funcionamiento conductual y cognitivo en niños y adolescentes con epilepsia refractaria, siendo más evidente respecto al estado de ánimo, atención sostenida e interacción social.

Del mismo modo, un documento de consenso del Grupo Internacional de Estudio de Dietas Cetogénicas delimita las indicaciones de la dieta en quienes el tratamiento con 2 o 3 fármacos anticonvulsionantes (FAEs) no haya resultado.

Indicación general Fallo del tratamiento con 2-3 FAEs
Tratamiento de elección Déficit de GLUT 1 (transportador de glucosa)

Déficit de PDH (piruvato deshidrogenasa)

Particularmente útil Epilepsia severa mioclónica de la infancia (síndrome de Dravet)

Epilepsia mioclónica astática (síndrome de Doose)

Síndrome de West

Esclerosis tuberosa

Síndrome de Rett

Se sugiere su utilidad (pocos estudios) Defectos de la cadena respiratoria mitocondrial (I, IV, I y IV y II)

Glucogenosis tipo V

Deficiencia de fosfofructoquinasa

Síndrome Landau-Kleffner

Enfermedad con cuerpos de Lafora

Panencefalitis esclerosante subaguda

Fuente: Recommendations of the International Ketogenic Diet Study Group, 2009.

 

Dicho consenso establece como contraindicación absoluta el uso de las dietas cetogénicas en aquellas enfermedades en las que esté comprometida la metabolización de las grasas o se requieran aportes elevados de hidratos de carbono en la dieta.

Por otro lado, Hussein D. y cols. encontraron un posible efecto positivo de la dieta cetogénica en adultos obesos con diabetes diagnosticada. El grupo de investigadores  observó disminuciones significativas en el peso corporal, nivel de glucosa en sangre, colesterol total, triglicéridos y urea en sujetos obesos con diabetes tipo II, siendo más significativos en sujetos con niveles elevados de glucosa en sangre en comparación con aquellos con niveles normales de glucemia.

Moreno-Gudiño y cols., en una investigación de 2016 cuyo objetivo fue evaluar el efecto a largo plazo de una dieta cetogénica muy baja en calorías sobre el exceso de adiposidad, encontraron que la dieta cetogénica muy baja en calorías ocasionó una mayor reducción en el peso corporal, la circunferencia de la cintura y la masa de grasa corporal que la dieta estándar baja en calorías.

Además, el grupo con dieta cetogénica muy baja en calorías experimentó una reducción en la carga individual de obesidad debido a la reducción en la duración de la enfermedad, concluyendo que una dieta cetogénica muy baja en calorías podría ser efectiva 24 meses después de haberse iniciado la dieta.

Una preocupación latente resulta de la pérdida de masa muscular junto con la masa grasa durante las dietas muy bajas en calorías. En este sentido, Gómez-Albeláez D y cols., en su investigación de 2016 sobre los cambios en la composición corporal, tras 4 meses de aplicación de una dieta cetogénica muy baja en calorías en pacientes con obesidad, observaron que la pérdida de peso inducida por la dieta cetogénica muy baja en calorías estuvo dada principalmente a expensas de la masa grasa y la masa visceral.

¿Cuáles podrían ser las complicaciones?

Son varias las complicaciones de la dieta cetogénica: algunas fáciles de manejar, otras no, que obligarían a suspenderla. Al inicio de la dieta podrían presentarse diferentes estados de deshidratación, hipoglicemia, acidosis, vómitos, diarrea y rechazo de alimentos, estreñimiento, amenorrea y dislipidemia como complicaciones tardías. También pueden presentarse deficiencias de vitaminas o minerales, siendo la más frecuente la anemia por deficiencia de hierro.

Se han identificado casos de osteomalacia (reblandecimiento de los huesos) asociados a deficiencia de vitamina D, que podría incluso presentarse antes de haber iniciado una dieta cetogénica, y calcio.

Algunos estudios indican el desarrollo de arritmias cardíacas durante una dieta cetogénica, por lo que debe evitarse en este tipo de pacientes. Además, existen reportes sobre la injuria renal en pacientes con fallas renales cuando el aporte de proteínas es muy elevado, así como de hígado graso en caso de una mala selección de las grasas. Otras complicaciones no menos importantes son el deterioro de atención, velocidad de la memoria y procesamiento lento de la información.

En general, existen evidencias que demuestran los efectos positivos de las dietas cetogénicas sobre la sintomatología de niños con epilepsia refractaria y algunas investigaciones sobre la mejoría de las comorbilidades asociadas con la obesidad grave diagnosticada en adultos. Sin embargo, la sostenibilidad de la misma a largo plazo sigue siendo una variable poco estudiada.

Aun así, esta dieta debe ser considerada con cuidado, apoyada en un protocolo de seguimiento y bajo el control de profesionales capacitados. No se recomienda su aplicación en quienes no padezcan las afecciones del consenso ya citado.

Además, teniendo en cuenta la larga lista de complicaciones asociadas a la dieta cetogénica, es necesario evaluar el costo-beneficio. Es poco probable que uno pueda sostener esta dieta de por vida, por lo que los esfuerzos deberían estar enfocados en la búsqueda de mejores estrategias para lograr la adherencia a un plan alimentario sin alterar en extremo la distribución de los macronutrientes.

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