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Microplásticos: ya no solo alrededor sino dentro de nosotros

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Los microplásticos han pasado de ser principalmente un problema ambiental para convertirse también en causante de enfermedades
Los microplásticos han pasado de ser principalmente un problema ambiental para convertirse también en causante de enfermedades
7 min. de lectura

«La historia no admite vacíos»

Homo Deus, Yuval Noah Harari.

Existen muchas enfermedades llamadas ambientales. Un elemento presente en la naturaleza ejerce un importante efecto: empieza por el individuo, afectando su salud, y luego se proyecta a la población. Este elemento, generalmente nocivo, se define como un contaminante, que es básicamente algo ajeno o que no debería estar en el entorno.

Este fenómeno se puede constatar incluso antes de la presencia de la vida humana en el planeta. Sin mucho esfuerzo y como gran referencia, el evento K-Pg, que fue responsable de la extinción masiva de los dinosaurios, fue el gatillante de una gran capa de polvo que impidió la llegada de luz solar a la superficie con catastróficas consecuencias. Otros eventos similares son las erupciones volcánicas masivas que también produjeron resultados devastadores para la vida.

Saltándonos eones, con la civilización humana asentada, se puede mencionar al saturnismo, que es la intoxicación por plomo, descrita ya en la época del Imperio romano. El plomo es un metal bastante blando —o sea, maleable— que lo hace ideal para sistemas de cañerías, y de ahí el origen de la palabra plomería. Los romanos —y supongo que otros pueblos también— usaban cubiertos de plomo que, en contacto con los alimentos, formaban sales de plomo, que se lixiviaban con cada uso; o sea, el plomo era extraído al contacto con alimentos. Además, como si un solo veneno ya no fuera suficiente, endulzaban el vino con un jarabe de sales de plomo. Algunos historiadores incluso sugieren que el envenenamiento crónico por plomo, sobre todo en la élite romana, llevó finalmente a la decandencia y caída de Roma.

Casi dos siglos más tarde, las tuberías seguían siendo de plomo, por una combinación de practicidad y costos. Además, su uso industrial seguía muy extendido, como en pinturas de casas, incluso en juguetes de niños y sobre todo en el combustible. El plomo se usaba para aumentar el octanaje de la nafta para «mejorar» la eficiencia del combustible. Muy posterior a eso, se demostró la toxicidad del plomo y sus efectos en el organismo. No teniendo una vía metabólica para ser asimilado por el cuerpo, el plomo termina acumulándose en huesos y cerebro, con nefastas consecuencias.

Otro metal, igual de nocivo, pero cuyos efectos no son tan conocidos, es el mercurio, que pasó de ser prácticamente una panacea en la era precientífica a ser más conocido por causar el famoso síndrome de niños pez, o enfermedad de Minamata. En dicha ciudad portuaria existía una altísima contaminación por mercurio en las aguas. El metal era absorbido por los peces, componente esencial de la dieta diaria en la zona, que finalmente se acumulaba en las personas.

Luego de ponerse en evidencia, se tomó medidas necesarias para disminuir primeramente el uso de estos elementos en la industria y, de esa manera, bajar los índices de contaminación. El uso del plomo se ha reducido prácticamente a casi cero y se extreman medidas para evitar la contaminación, así como con el mercurio, cuyo uso se redujo también al mínimo en muchos campos.

Aún nos quedas otros metales cuya deposición final es difícil y pueden repercutir enormemente en el ecosistema que los circundan, como el litio.

Plástico, el contaminante de nuestra era

Los desechos marinos ensucian una playa en la isla de Laysan en el Refugio Nacional de Vida Silvestre de las Islas Hawaianas (Foto: Susan White/USFWS).

Un problema actual de gran magnitud son los plásticos, que ganaron inmediatamente popularidad en todas las esferas de nuestra vida. El costo excesivamente barato, su —hasta hace poco— aparente inocuidad para la salud y la increíble versatilidad en su uso lo hace un material sin rival, presente en todo y probablemente en todos nosotros.

Según el grupo PlasticEuropa, en 2023 se produjo mundialmente 414 millones de toneladas de plástico, lo que significa un aumento de 12% en los últimos cinco años. Se pronostica que la cantidad de plástico nuevo producido será el doble para 2050. Según la agencia ambiental europea, solo el 9% del plástico total producido es reciclado (1).

Siendo materiales en esencia no biodegradables, su descomposición tarda siglos, por lo que la primera alarma en la cuestión fue con justa razón: la acumulación masiva de basura de plástico, en el suelo, debajo de él y en las aguas. En los océanos existen hasta islas de plástico.

Antes se creía que el problema era más que nada una cuestión de polución ambiental, con otros animales como víctimas colaterales, pero desde hace unas décadas  se ha acumulado evidencia acerca del depósito de material plástico dentro del cuerpo humano.

Según el tamaño de estas partículas producto de la degradación, se dividen en microplásticos (menores a 5 mm) y nanoplásticos (menores a 1 micrómetro, la milésima parte de un milímetro). Se los abrevia MNP. Estas partículas son naturalmente muy volátiles e invisibles y llegan al cuerpo humano a través del aire, el agua potable, los alimentos e incluso los cosméticos.

La definición de MNP se basa en el tamaño, pero no nos dice nada sobre la composición química. Al ser plásticos, son polímeros, pero con cualidades fisicoquímicas muy diversas, sin mencionar a los aditivos que los suelen acompañar.

El Dr. Christian Laforsch, científico ambiental de la universidad de Bayreuth comenta lo siguiente: «Los MNP no están constituidos por un material uniforme. Los efectos en la salud humana dependen siempre de las características fisicoquímicas de los agentes particulares en cuestión». Además, afirma que no se puede descartar la idea, como se verá más adelante, que la presencia de MNP en el cuerpo, como cualquier agente extraño, desencadena una cascada de reacciones inflamatorias con consecuencias nocivas (1).

Hallazgos bajo el microscopio

El contenido inalterado del estómago de un albatros muerto fotografiada en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Midway Atoll en el Pacífico en septiembre de 2009 incluye desechos marinos plásticos alimentados por sus padres (Foto: Chris Jordan).
El contenido inalterado del estómago de un albatros muerto fotografiada en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Midway Atoll en el Pacífico en septiembre de 2009 incluye desechos marinos plásticos alimentados por sus padres (Foto: Chris Jordan).

Existe un número nada despreciable y creciente de estudios que sugieren un aumento del riesgo de infartos del miocardio y accidentes cerebrovasculares vinculados con la presencia de microplásticos.

Por ejemplo, un equipo italiano encontró polietileno (constituyente principal del plástico común) en un 60% de pacientes operados de endarterectomía (cirugía mediante la cual se remueve una placa de calcio alojada en la arteria, generalmente carótida, que obstruye el flujo sanguíneo) (2).

Otro grupo investigó a personas con estenosis sintomática (estrechamiento) de la arteria carótida, que habían padecido ya sea accidentes cerebrovasculares, accidente isquémico transitorio o amaurosis fugax (interrupción breve del flujo sanguíneo en la arteria de la retina) y descubrió una concentración 51 veces mayor de MNP en el tejido carotídeo en comparación con tejidos sanos (3).

Otro trabajo pudo establecer una correlación entre personas que viven en zonas con alta contaminación por MNP y un mayor riesgo de accidentes cerebrovasculares (4).

MNP y demencia

Un trabajo seminal, publicado en Nature Medicine por investigadores de la Universidad de Nuevo México (UNM), encontró en muestras de tejidos una alta concentración de MNP en diferentes órganos, sobre todo en tejido cerebral (5).

Matthew Campen del College of Pharmacy, también de la UNM, aunque no autor del estudio, dice: «Nunca hubiera imaginado que fuese tan alta (la concentración de MNP). Realmente no me siento cómodo con todo ese plástico en mi cerebro, y no necesito esperar 30 años más para ver qué pasa si esa concentración se cuadruplica«. El trabajo en cuestión pudo detectar, a través de un proceso llamado pirólisis, la presencia de 12 polímeros diferentes; el más común de ellos, el polietileno (6).

A través de microscopía electrónica se examinó el tejido cerebral y se pudo ver aglomeraciones de MNP de 200 nanómetros (suficientemente pequeños para traspasar la barrera hematoencefálica). La concentración de estos fue de entre 7 a 30 veces mayor en el cerebro en comparación con lo encontrado en hígado o riñones.

Las pruebas realizadas en 12 pacientes con demencia (ya sea del tipo Alzheimer, demencia vascular y otras) demostró que la concentración total de MNP era 26 veces mayor que en personas sin demencia. El estudio también demostró que la concentración de MNP aumenta con el tiempo, al comparar muestras tomadas en 2016 y 2024. Las más nuevas tenían por lo menos un 50% más.

«Empezamos a pensar que probablemente estos MNP obstruyen el flujo sanguíneo en los capilares. Existe el riesgo potencial de que estos nanomateriales interfieran con las conexiones axonales. También podrían ser la semilla para la agregación de proteínas involucradas en la demencia. Simplemente no sabemos», afirma Campen.

Por otra parte, Arnold Eiser de la Universidad de Pennsylvania agrega: «Es un poco sorpresivo el grado en el que la acumulación de MNP es mayor en el cerebro que en los riñones e hígado, y eso combinado con una concentración más alta en pacientes con demencia aboga por el hecho de que la barrera hematoencefálica ha sigo dañada significativamente en aquellos pacientes» (6).

Microplástico degradado tipo fibra analizado por microscopia electrónica de barrido a una escala de 100 micras
Microplástico degradado tipo fibra analizado por microscopia electrónica de barrido a una escala de 100 micras (Foto: Wikicommons).

Los MNP son conocidos por contribuir a la peroxidación de lípidos, por lo que Eiser comenta: «Ese es un factor importante en el desarrollo de demencia. En el estudio de la New England Journal de 2024 (2), se comparó ateromas de pacientes que tenían acumulación de MNP con aquellos que no, y encontraron evidencia de una reacción inflamatoria en aquellos con MNP comparados con la ausencia de inflamación en el otro grupo. Esto sugiere que una vez que los MNP llegan a los vasos, causan inflamación» (6).

La inflamación mencionada produce una alteración significativa y permanente en la barrera hematoencefálica, que es un fenómeno altamente asociado en la génesis de la demencia. Si bien no se puede decir que los MNP causan demencia, muy probablemente interactúan con otros elementos que contribuyen a su mantenimiento y agravamiento.

Giulio Maria Pasinetti, de la facultad de medicina en Monte Sinai in Nueva York, menciona que probablemente exista una «cascada neurotóxica» que implique la relación entre MNP, la microbioma o flora intestinal y el cerebro, que ha sido conocido como el eje intestino-cerebro-periferia.

«Recientemente publicamos un estudio que demostró que la exposición a este material particular (MNP) quiebra dicho eje, aumentando la permeabilidad intestinal y alterando el metabolismo cerebral de la glucosa y promoviendo una patología del tipo Alzheimer. Básicamente tanto el intestino como el cerebro se vuelven permeables», afirma (6).

Todos los profesionales mencionados aclaran que su intención no es alarmista y que se necesitan más datos para aclarar definitivamente cómo los MNP afectan la salud de los seres vivos. Aun así, todos concuerdan que se deben tomar medidas necesarias para mitigar los daños ya descritos y evitar daños mayores. Si en el futuro nos inundaremos de plástico, empecemos a pensar en cómo será vivir en un arca.

¿Qué se puede hacer?

Productos diversos de plástico
Calentar comida en contenedores de plástico puede liberar millones de partículas de microplásticos (Foto: Wikicommons).

Naturalmente, la respuesta obvia es disminuir el consumo de plástico, que se supone desmotivaría a la oferta.

El Dr. Eiser, mencionado anteriormente, sugiere: «Parece razonable evitar las comidas en plástico o líquidos en envases siempre que sea posible, y ciertamente no quieres calentar en nada en un contenedor de plástico (está demostrado que hacer eso libera millones de partículas de plástico en la comida). Los «pods» de lavarropas o lavaplatos también son una fuente innecesaria y evitable de microplásticos’’ (6).

Otro consejo, también pertinente, es evitar el consumo de mariscos, que se sabe bioacumulan una gran concentración de MNP.

Si bien estos consejos se podrían aplicar a todos nosotros, merecen especial atención de las personas con antecedentes familiares de demencia.

Es importante reconocer el peligro cuando es evidente y tomar parte en políticas que disminuyan el impacto ambiental y sanitario de cualquier potencial contaminante. Debemos reconocer que problemas globales implican estrategias globales y, si bien cuando el problema nos afecta a todos, creemos que la culpa se diluye y finalmente no es de nadie, debemos ser conscientes que nuestros hábitos de consumo siempre, inevitablemente, tienen un efecto mayor o menor en nuestro entorno.

Referencias

  1. Plásticos. La acumulación de basura en el planeta. Deutsche Ärzteblatt. Agosto 2025. Pp. 757.
  2. Marfella R, Prattichizzo F, Sardu C: Microplastic and Nanoplastic in Atheromas and Cardiovascular Events. NJEM 2024; 390: 900- 10
  3. Clark R, Massie P; Garcia M, et al.: Carotid Plaque Microplastics are Associated with Clinical Symptoms and Mesenchymal Stem Cell Macrophage Immunomodulatory Effects. American Heart Association Vascular Discovery 2025 Scientific Sessions; Presentation #Tu0030
  4. Ponnana R, Rajagopalan T, Tong Zhang, et al.: Microplastic Concentration, Social and Environmental Features and Their Association with Chronic Disease Prevalente: An Analzsis Across U.S. Census Tracts. Acc. 25.
  5. Nihart, AJ, Garcia MA, El Hayek E, et al.; Bioaccumulation of microplatics in decedent human brains. Natur Medicin 2025; DOI: 10.1038/s41591024-03453-1
  6. Neurology Today. May 1, Volume 25, Issue 9

 

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Osvaldo Meza es médico especializado en Medicina Interna por la Universidad Católica de Asunción (UCA) y editor de Ciencias Médicas en Ciencia del Sur. Forma parte de la Asociación Paraguaya Racionalista, y entre sus aficiones se encuentran la física, astronomía, la divulgación científica y el pensamiento crítico.

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