Ni una copa al día: el consumo saludable de alcohol no existe

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una copa al día de vino no es saludable
Los problemas del alcohol no se publicitan con tanto énfasis como el mito de que beber una copa de vino al día previene enfermedades del corazón (Foto: Pexels).
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“Él hace brotar la hierba para el ganado, y las plantas para el servicio del hombre, para que él saque alimento de la tierra, y vino que alegra el corazón del hombre, para que haga brillar con aceite su rostro, y alimento que fortalece el corazón del hombre” (Salmo 104: 14-15).

El consumo del alcohol está tan arraigado en la civilización como el consumo de carne y otros elementos de la dieta humana. A modo de referencia cruzada, la Biblia —texto oriental pero tan arraigado en Occidente— está llena de referencias al mismo, sobre todo al vino.

Asumimos que si algo ha acompañado al ser humano a lo largo de la historia, especialmente en celebraciones, no debería ser tan perjudicial. De todos modos, como dijo alguna vez el padre de la farmacéutica moderna, Paracelso, el veneno está en la dosis. ¿Se aplica también eso al alcohol?

Una droga y un alimento

Para empezar, el alcohol es un fármaco—precisamente, una droga clasificada como depresora. O sea, funciona suprimiendo las funciones neurológicas a nivel central, directamente en el cerebro; disminuye el estado de alerta, aumenta el tiempo de reacción e, incluso, a altas dosis produce sedación y con eso la disminución de la capacidad de sentir dolor.

Esta última «propiedad» ha sido utilizada con fines médicos desde antaño. Era común que el dentista apareciera con dos botellas de bebidas de alto contenido alcohólico antes de la cirugía, una botella para él y otra para el paciente. Hoy día, «sedar» a un paciente con alcohol suena hasta bárbaro, y lo es, ya que se dispone de fármacos mucho más controlables para suprimir el dolor durante los procedimientos médicos.

Otro aspecto interesante es que el alcohol, a diferencia de otras drogas, es un alimento (desde el punto de vista bioquímico). Sí, la molécula del alcohol etílico, CH₃-CH₂-OH, es un carbohidrato (un azúcar). Al poseer dos átomos de carbono, puede entrar al ciclo de Krebs, el ciclo por el cual las células obtienen energía de cualquier tipo de alimento, y formar el eslabón más pequeño en la formación de los triacilgliceroles que terminarán formando los ácidos grados.

Como todo azúcar (o proteína) en exceso en el cuerpo, terminará convirtiéndose en grasa. Podríamos pensar que cada botella de cerveza es, bioquímicamente, el equivalente a un pote de manteca. Demás está decir el problema que el exceso de grasas en la sangre podría ocasionar en la salud.

Siempre se menciona a la cirrosis hepática como la enfermedad vinculada al consumo continuo y en exceso del alcohol, incluso olvidando la primera enfermedad que propicia la segunda, el alcoholismo.

La verdad es que, desde que se ha investigado el consumo de alcohol, el cúmulo de evidencia hasta la fecha lo vincula con enfermedades neurodegenerativas, como la encefalopatía de Wernicke, así como con varios tipos de cánceres: de colon, esófago y estómago, entre otros. Y ni hablar de los problemas vinculados a la violencia y los accidentes de tráfico que tienen como denominador común el consumo de alcohol.

Es interesante recalcar que estos problemas no se publicitan con tanto énfasis como con el mito de que beber una copa de vino al día previene enfermedades del corazón, así como vincular el vino a la “dieta mediterránea”, siempre con un tono positivo y a modo de recomendación.

No hay nivel de consumo seguro de alcohol

En salud, consumir un determinado alimento puede relacionarse a la aparición de enfermedades. Por ejemplo, el consumo de carne roja en exceso se vincula con un mayor riesgo de padecer cáncer de colon. Para que ese riesgo se reduzca o se anule, se recomienda no consumir carne roja más de dos veces por semana, lo que se llamaría consumo de bajo riesgo. O sea, con ello, el riesgo de padecer cáncer de colon es similar al que tienen las personas que no consumen carne.

El caso es que, tras decenas de estudios realizados a lo largo de años, se constata que el consumo de bajo riesgo para el alcohol es cero—o sea, no existe. Siempre habrá un riesgo mayor a cero asociado con la mínima ingesta de alcohol.

Si bien es cierto que los polifenoles que contiene el vino, actuando como antioxidantes, ayudan a la prevención de enfermedades cardiacas, el beneficio es muchísimo menor en comparación con el riesgo que acompaña su consumo. Además, los mismos polifenoles de una copa de vino se pueden encontrar en un puñado de almendras, arándanos o demás frutas secas, sin esos riesgos asociados.

Comprender estos datos y ver al alcohol como un factor de riesgo modificable —que las personas pueden optar por asumir o no ese riesgo— debería motivar una discusión seria y basada en la evidencia a la hora de plantear problemas de salud pública vinculados con las drogas.

Resulta irónico que la sociedad condene de forma institucional otras drogas no lícitas, persiga con ahínco su consumo y distribución y al mismo tiempo sea permisiva con las dos grandes drogas lícitas de consumo masivo: el tabaco y el alcohol.

Cada paciente enfermo por secuelas del tabaquismo le cuesta al Estado varias veces más el valor de lo que las industrias tabacaleras aportan en impuestos, y es conocido que los jóvenes se inician en conductas adictivas con el consumo de alcohol.

La prohibición suele producir un efecto rebote, tiene un rasgo paternalista y menoscaba la libertad individual. Por tanto, es necesario educar siempre con la base de los hechos conocidos. Brindar información veraz y sin sesgos amplía libertades y puede proteger de muchas enfermedades prevenibles, sobre todo a sectores más vulnerables de nuestra sociedad.

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Osvaldo Meza es médico especializado en Medicina Interna por la Universidad Católica de Asunción (UCA) y editor de Ciencias Médicas en Ciencia del Sur. Forma parte de la Asociación Paraguaya Racionalista, y entre sus aficiones se encuentran la física, astronomía, la divulgación científica y el pensamiento crítico.

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1 COMENTARIO

  1. Excelente el artículo!!! Por fin un estudioso que le pone los puntos sobre las «ies». Felicitaciones al Dr Osvaldo Meza y a Ciencias del Sur por propiciar, emprender y fomentar la ciencia en todas sus facetas.

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