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En Paraguay, cada persona genera 1,8 kg de residuos sólidos urbanos por día, y alrededor de mil toneladas de residuos son depositadas diariamente en el vertedero más grande del país, Cateura, en Asunción. Según la Encuesta Permanente de Hogares, solo el 1 % de los hogares separa en origen sus residuos. En total, el 7 % de los residuos son reciclados en Paraguay, pero esto se logra mayormente a través de la recuperación de los materiales una vez desechados.

¿Por qué es necesaria la tarea de dividir los residuos que se generan en cada hogar? ¿Cómo este esfuerzo individual se convierte en una acción colectiva que beneficia al medio ambiente, a la economía y a toda la sociedad?

Es común poner en duda si separar en origen los residuos —es decir, separar y clasificar los residuos luego de ser utilizados— vale la pena cuando se desconoce la disposición final de estos residuos. Y es que efectivamente esto sigue siendo un grave problema en Paraguay, donde solo hace dos años se estableció el primer Plan Nacional de Gestión de Residuos Sólidos Urbanos. El mayor vertedero del país, Cateura, está ubicado sobre un humedal y al lado del río que abastece de agua a toda la capital.

Pero esta acción sí genera un impacto positivo, según técnicos, empresarios y trabajadores consultados por Ciencia del Sur.

Los números del reciclaje: beneficios, impactos y prácticas

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Recipientes para reciclaje en Llodio, País Vasco (Foto: Wikimedia).

Mundialmente, el reciclaje “es una de las historias ambientales más exitosas de finales del siglo XX”, según la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU., ya que:

  • Reduce la necesidad de los vertederos y la incineración.
  • Ahorra energía y evita la contaminación por extracción, manufactura y procesamiento de materiales vírgenes.
  • Disminuye las emisiones de gases de invernadero que contribuyen al cambio climático global.
  • Conserva los recursos naturales como la madera, el agua y los minerales.
  • Ayuda a sostener el ambiente para generaciones futuras.

Carlos Jara, director ejecutivo de la empresa social especializada en el manejo de residuos sólidos reciclables Soluciones Ecológicas, mencionó que hay diferentes estándares sobre el impacto ambiental en cuanto a la reducción de la utilización se recursos naturales a la hora de reciclar y que la más estandarizada es la del papel.

La Guía de Reciclaje de la Red de Pacto Global Paraguay menciona que por cada tonelada de papel reciclado se evita la tala de 14 árboles, la utilización de 20.000 litros de agua, la emisión de 900 kg de CO2 y la utilización de 2 m3 en vertederos.

En cuanto al plástico, menciona que sus beneficios son la reducción del consumo de petróleo (para cada kilogramo de plástico no reciclado, se necesitan 2 kg. de petróleo crudo), se ahorra entre un 30 y 70 % de la energía cuando el plástico se recicla y se evita la emisión de una gran cantidad de gases contaminantes ya que en el proceso de industrialización del plástico se liberan 3,5 kilogramos de CO2 a la atmósfera. Si se utiliza el PET reciclado, se reduce a 1,7 kg de CO2.

El ciclo del reciclaje empieza por casa

“Hay una queja que se escucha sobre los recicladores, que rompen las bolsas de basura, ¿y por qué rompen? Porque nosotros no separamos en origen en nuestras casas. Mezclamos todo, y cuando el reciclador llega, es lo que evidentemente va a hacer: romper y sacar lo que le sirve”, comentó Emilio Goiris, tesista de la carrera Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Asunción y miembro del proyecto Mi Barrio Sin Residuos de la Fundación Moisés Bertoni.

Ante esta situación, ellos insisten en separar los residuos en origen para que cuando llegue un reciclador, ellos puedan llevar los materiales sin la necesidad de romper las bolsas y hacer la tarea de separar. Es un esfuerzo que sirve tanto al reciclador como a las personas de cada hogar.

Cerrar el ciclo de reciclaje —separación de residuos, traslado, limpieza, clasificación, utilización de estos residuos como materia prima secundaria y comercio— es un trabajo en el que se debería involucrar toda la ciudadanía.

El primer paso está en los hogares y empresas. Luego vienen los recicladores; ellos venden a los centros de acopio, y estos revenden en grandes cantidades a empresas que trabajan con materiales reciclables para convertirlos en nuevos productos.

Por las calles de Asunción se suelen observar algunos contenedores en los cuales se dividen los residuos en plásticos, vidrios, cartones y papeles y residuos orgánicos (por ejemplo, restos de alimentos). Esta es una de las separaciones más básicas para reciclar e implementar en el hogar. También es importante que los residuos clasificados estén limpios y secos.

El reciclaje de aparatos electrónicos y pilas suele ser menos accesible, y se recomienda llevar directamente a puntos donde tratan estos residuos. Una empresa en Paraguay que se encarga de esta tarea es ENERPy Ambiental S.A.

En Paraguay existen varios proyectos o empresas que trabajan con el ciclo de reciclaje.

La empresa Soluciones Ecológicas trabaja con 50 recicladores y tiene puntos en varias zonas del país donde las personas pueden acercar sus residuos clasificados para que luego sean recolectados por los recicladores. Además, cuenta con una aplicación móvil para conocer más sobre el reciclaje y saber dónde podrán recibir tus residuos de acuerdo al tipo de material.

Otras iniciativas son: la empresa Cartones Yaguareté, que cuenta con puntos de compra de cartones y papeles, Mi Barrio Sin Residuos, quienes ponen en contacto con un reciclador, y Redciclaje, que recibe plásticos para producir nuevos productos.

Gancheros y recicladores sostienen el precario sistema

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Cateura, el mayor vertedero del país, bordea el río Paraguay en Asunción (Foto: Junta Municipal de Asunción).

Karmelo Ortiz, miembro del Sindicato de Gancheros Recicladores Municipal (SIGREM) y ganchero desde hace 30 años, contó a Ciencia del Sur que son ellas y ellos quienes cumplen con la necesaria tarea de que el vertedero Cateura no colapse completamente.

Diferentes técnicos vienen advirtiendo que Cateura ya no puede recibir más residuos para su disposición final, pero otros mencionan que todavía lo puede hacer, comentó José Escauriza, abogado y asesor de la Comisión especial de Cateura de la Junta Municipal de Asunción.

Ya en 2008 se estimaban solo 5 años más de vida para el vertedero.

Luego de varias intervenciones y un sumario a la empresa Empo, que se encargaba de Cateura, finalmente se aprobó la ordenanza municipal para la clausura del vertedero. Sin embargo, el proceso recién inicia y aún queda mucho por resolver.

Hay una gran diferencia entre basura y residuos sólidos. Un residuo se convierte en basura cuando se mezcla con otros residuos y disminuye o, incluso, se eliminan sus posibilidades de ser reciclado. La basura ya no se puede reutilizar o reciclar y lo único que se puede hacer con ella es lograr su disposición final de manera efectiva para reducir sus efectos contaminantes.

Salvar los residuos para que puedan ser reciclados es la labor que están haciendo alrededor de 500 gancheros y gancheras de Cateura. Por otra parte, los recicladores en sus recorridos diarios por las ciudades de Paraguay rescatan los residuos reciclables antes de que lleguen a un vertedero y se conviertan en basura.

Ortiz contó que, por día, cada ganchero saca alrededor de 250 kg de material inorgánico del vertedero. “El trabajo realizado por gancheros nadie ve, nadie siente. Nosotros estamos dando suficiente espacio para que se sigan descargando materiales acá”, dijo.

Karmelo mencionó que aún no sabe qué va a pasar con Cateura, pero que ellos necesitan ser dueños de su trabajo. Esto solo se logrará cuando cuenten con las herramientas necesarias para hacer la recolección de residuos, sin que los intermediarios se beneficien a costa de su trabajo.

“Nosotros tenemos suficiente capacidad para trabajar en el reciclaje pero nos falta máquinas para que nosotros mismos podamos procesar los residuos y nos falta vehículos para llevar a las fábricas lo que juntamos”, comentó. También habló sobre la necesidad de las plantas de transferencia —lugares donde los camiones de basura descargan los residuos antes de llegar a la planta de tratamiento—, donde ellos puedan seguir trabajando.

La construcción, operación y mantenimiento de una planta de transferencia está prevista en el plan maestro para la operación de clausura y posclausura de Cateura.

La empresa Empo les prometió mejores condiciones desde hace varios años, comentó Karmelo, por lo que ahora, con la confirmación de la clausura del vertedero, los gancheros se encuentran a la espera de que esta vez sí se cumpla.

Actualmente, el Consorcio de Gestión Integral de Residuos —liderado por la actual única empresa habilitada para la gestión de residuos, El Farol S. A.— fue adjudicada hasta diciembre de 2022 para la gestión de residuos en Cateura. De esta forma, El Farol ahora representa un monopolio en este rubro.

“De este vertedero dependen más de 5.000 personas. Y más gente está llegando al vertedero porque la miseria es muchísima. No hay trabajo, no hay salud, es imposible”, relató.

Ciencia del Sur realizó varios pedidos de entrevista con la Dirección General de Gestión Ambiental de la Municipalidad de Asunción para conocer más sobre el proceso de clausura de Cateura. Luego de varias derivaciones, el municipio alegó que la única persona designada para la entrevista, el Ing. Walter Lezcano, se encontraba con un problema de salud y que no había otra que pudiera dar respuesta.

Esfuerzos ciudadanos ante la inercia del Estado

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Punto de reciclaje en Asunción (Foto: Soluciones Ecológicas).

Implementar estrategias para potenciar el reciclaje todavía no es prioritario para la agenda de algunos intendentes, reconoció Jara, fundador de Soluciones Ecológicas. “La gestión de los residuos ya es un problema, pero hasta que no se reconozca esto, (el Estado) seguirá haciendo lo mismo: con un interés mínimo”, mencionó.

Jara considera que las alianzas público-privadas son un camino para incentivar el reciclaje. Desde la empresa están iniciando un proceso con la municipalidad de Luque para reactivar un centro de acopio que pertenece al municipio.

Sin embargo, mientras no se implementen políticas públicas que reglamenten la obligatoriedad del reciclaje, seguirán siendo apenas lindas acciones con un impacto limitado.

“Nosotros podemos hacer el máximo esfuerzo, pero hasta que esto no sea una política, es decir, que todas las empresas tengan que reciclar, que todos los envases tengan que ser reciclables, que no puedan ser importados materiales que no puedan ser efectivamente reciclados acá… Esto solamente vamos a lograrlo con políticas públicas que se cumplan. El Estado tiene que cumplir su rol de generar políticas y cuidar el medio ambiente, porque el sector privado difícilmente se autorregule por motu propio”, afirmó Jara.

Cecilia Muñoz, coordinadora de proyectos de Soluciones Ecológicas, agregó que desde el rol ciudadano se debe hacer presión para que el reciclaje esté incluido ya en la manera de hacer ciudad; que las fuerzas ciudadanas sean las que obliguen la implementación de leyes, para que los planes estratégicos y territoriales —que siempre cuestan ser cumplidas— no queden en letra muerta.

Extender la responsabilidad al fabricante

Durante la entrevista, ambos mencionaron la necesidad de una Ley de Responsabilidad Extendida del Productor y la experiencia en Chile, donde fue promulgada en 2016 la responsabilidad que tienen los productores en la organización financiamiento de la gestión de residuos que comercialicen en el país.

En la labor del reciclaje, los consumidores no son los únicos responsables, ni siquiera los principales. Las empresas generadoras de estos residuos también deben hacerse cargo del impacto ambiental que generan sus producciones.

“Apelar a esa ley de responsabilidad extendida del productor es un elemento clave para que podamos hablar de un reciclaje más efectivo y ampliado a todos los sectores, donde cada parte de la cadena cumpla con su responsabilidad”, aseguró Muñoz.

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Alejandra es reportera junior en Ciencia del Sur. Licenciada en periodismo por la Universidad Autónoma de Asunción, se desempeñó en distintas área de la comunicación para empresas y organizaciones internacionales. Fue una de las ganadoras del IX Premio Nacional de Periodismo Científico en 2019.

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