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Por Javier Velásquez*

Desde inicio de 2019 el Gobierno colombiano anunció la creación de la Misión Internacional de Sabios, que acompañaría el proyecto de progreso científico y cultural del país, y también dio un paso adelante con la Ley 1951 que creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. A fines de dicho año el presidente Iván Duque firmó el decreto y quedó así formalizada la norma que crea tal ministerio.

El logro es gracias a la iniciativa del Partido Liberal Colombiano y del senador Iván Darío Agudelo y a la invitación de la Misión de Sabios por apostarle a esta nueva cartera en pro de la ciencia.

Lastimosamente, desde antes de su oficialización, el proyecto ya presentaba problemas: la Comisión Colombiana de Juristas demandó esta ley por irregularidades de trámite y por uno de los artículos que promulgaba que este nuevo ministerio no podía generar gastos adicionales a los ya presupuestados para la entidad que tenía a cargo esta labor, Colciencias.

El polémico artículo impediría y limitaría una apuesta por prender los motores, pues no se plantearía contratar personal nuevo ni invertir en ningún tipo de funcionamiento más allá de lo ya presupuestado para la entidad ya existente, convirtiéndose en una búsqueda de un camino fácil mediante una burocracia que aparenta ser austera.

Problemas de fondo intactos

Quedan dudas sobre la situación de aquellos hombres y mujeres que producirán ciencia, ya que el estado de las instituciones de educación superior públicas en Colombia es deplorable. El regocijo del Gobierno por aumentar el presupuesto no tiene como deber solo el funcionamiento estructural sino una digna educación ante las desigualdades.

Así mismo, Julio Izaquita plantea los preocupantes errores anteriores a este ministerio pero que lo afectarán directamente. Un caso es la falta de movilidad de los académicos y el pobre reconocimiento a los posgrados que muchos investigadores sacan adelante con grandes esfuerzos y desafíos.

No escuchar al estudiantado, docentes y la academia sobre la necesidad de repensar la Ley General de Educación puede ser una razón por la cual el proyecto de una Colombia de progreso científico se estanque pese a las buenas intenciones.

Además de la ambigüedad al delimitar lo que es una comunidad científica ante una burocracia agobiante que no se subsanó antes de lanzar este ministerio, la misma formación docente, base para el fomento de la cultura científica, carece de orientaciones verdaderamente científicas que busquen calidad y producción intelectual.

Ya desde la escuela los docentes no tienen claridad sobre la ciencia, algunos tienen discursos anticientíficos, otros persiguen la burocracia y muchos deben luchar en condiciones decadentes y con poblaciones en situaciones socioeconómicas preocupantes. Todo esto se reproducirá o agravará en el proceso hacia la educación superior, teniendo como consecuencia estudiantes sin una verdadera formación científica y docentes sin herramientas ni intención de fomentar la búsqueda del conocimiento en las futuras generaciones.

La ciencia ante la sociedad colombiana

La preocupación se acentúa con la lastimosa idea de que un mayor desarrollo científico debe representar directamente un lucro tanto para el sector público y privado, algo que el Gobierno parece perseguir con afán, sin considerarse el valor del conocimiento en sí para la sociedad.

Un error que también se ve con el pobre avance en la economía naranja, bandera del Gobierno desde sus inicios, y que parecía que la Misión de Sabios también buscaría promover mediante la industria creativa y este sector.

Con todo lo anterior no se puede hacer a un lado el hecho de que en la Misión de Sabios, conformada por admirables personajes de la ciencia y la cultura, no existe promoción de las humanidades, tanto su cultivo en la academia como para la industria en su proyección.

Es peligroso pensar la ciencia aislada y puramente útil para fines comerciales. Cuando es posible trabajar de manera interdisciplinar desde distintas áreas del saber, también debe pensarse en la ciencia para subsanar problemas sociales que afectan a los ciudadanos: la corrupción, el desgobierno, la violencia, la desigualdad, la polarización, el miedo, la xenofobia, el pánico por crisis económicas y muchos otros desafíos.

La ciencia puede ser una herramienta para los desafíos socioculturales porque es parte misma de la academia y la universidad como un bien cultural que hace parte del porvenir de la sociedad colombiana, y así debe ser valorada.

Ante la coyuntura actual, tras 20 días de paro y nuevas movilizaciones por parte de sectores obreros, educadores, estudiantes, indígenas y la población en general, se hace necesario que el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación sea repensado para el bienestar general.

 

*Javier Velásquez es licenciado en Educación Básica con énfasis en Humanidades de la Universidad de Cundinamarca, seccional Girardot. Autor del blog
literario Radiotelescopio abandonado y director del medio Humanidades del Sur.
Ha participado en revistas literarias, concursos y otros medios mediante narrativas,
artículos, poemas y ensayos, exponiendo sus ideas en distintos campos, especialmente
literatura, pedagogía, semiótica y lingüística.

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