efecto Nietzsche
La lectura de Nietzsche sigue influyendo para justificar todo tipo de disparates, delirios, infantilismos e incluso crímenes. (Wikicommons)
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Por César Zapata Cerezo*

En 1897, tres años antes de la muerte de Nietzsche, quien ya llevaba 7 años en proceso de debacle neuronal, Leo Berg en su libro El superhombre en la literatura moderna, hacía notar una curiosa pero predecible consecuencia que puede recaer sobre ciertas personas que comienzan a leer al filósofo alemán: de pronto, en nombre de una moral de señores o del superhombre, ejecutaban actos como escupir en público, comer con las manos o darle aguardiente a su hijo pequeño.

Agrega 108 años más tarde José Hernández, en un estudio preliminar a su notable traducción de Also Sprach Zaratustra, que aún en 2005, pleno siglo XXI, la lectura de Nietzsche sigue influyendo para justificar todo tipo de disparates, delirios, infantilismos e incluso crímenes.

El Efecto Nietzsche

120 años atrás, Thomas Theodor Heine, el artista encargado de ilustrar la portada del libro de Berg, explicó de manera magistral en su dibujo, a qué tipo de lectores, creía, que podía afectar esta especie de contagio. Se trata de un mono que enmascara su cara con el rostro de un león.

El mono y el león, ambos animales símbolos en la obra Así Habló Zaratustra, el libro más leído de Nietzsche, y acaso el libro de filosofía más leído en la historia reciente de Occidente, representan lo siguiente:

El superhombre en la literatura moderna. (Google Books)

El glorioso león es la escenificación de un tipo de humano que se ubica como una suerte de estado intermedio en un proceso de metamorfosis del espíritu en su camino al superhombre.

El león se sitúa entre otros dos tipos de humanos: el camello y el niño. El camello en su intento por aprender todo lo que le enseña la cultura carga con el peso del conocimiento; el humano camello es quien le hace caso al gran dragón, criatura diseñada por la tradición para esclavizar a los humanos con su “yo debo”, el principio máximo de las normas morales e imperativos categóricos. Pero el león con sus garras logra derrotar al dragón y en su rugido se escucha el “yo quiero”, su fuerza tiene el poder de la destrucción, pero aún tiene mucho odio como para crear, para ello tendrá que pasar una tercera metamorfosis, convertirse en niño.

El niño ya no es esclavo de la fuerza que necesitó el león para destruir; es un constante juego y olvido. Puede crear, pues su espíritu está limpio, desprovisto totalmente de resentimiento.

Fuerza destructiva e independencia intelectual son las cualidades del felino rey, no;cualquiera puede operar desde esta máscara, pues es una puesta en escena peligrosa, dado que la tradición continuamente luchará por aplastarlo. Convertirse en león es cosa seria.

Sigamos con el mono de Zaratustra. El eremita lo encuentra merodeando por la puerta de la gran ciudad, y de hecho éste le impide el paso arguyendo que la ciudad no es digna de su verbo. Se trata de un personaje al cual se le apodaba así, pues “había copiado algo del tono y del estilo de sus discursos y también le encantaba de servirse del tesoro de su sabiduría” (261). Para desplegar su propio resentimiento y su afán de atención, el mono no puede danzar con el eremita sino que solo da saltos para llamar la atención. Es una especie de estudiante entrenado para reproducir porque no quiere o no puede entender, sino solo desde su odio. En el fondo todo lo que hace lo hace en función de un aplauso o, lo que es lo mismo, en función del desprecio de los demás —llamar la atención es su objetivo.

Con estos dos perfiles tal vez podamos definir con cierta claridad aquello que arbitrariamente llamaremos el Efecto Nietzsche, conocido por la mayoría de los estudiantes de filosofía, pues siempre hay alguien que por lo menos durante un tiempo lo sufre.

El Efecto Nietzsche es un posicionamiento teórico articulado desde el resentimiento cuyo objetivo principal es llamar la atención desde el aplauso o, aún mejor, el rechazo social. Los que están bajo su influjo creen estar ejerciendo su “yo quiero” como el león, pero solo es una máscara para encubrir su “necesito atención”. Es importante recalcar que es una interpretación degradada respecto al pensamiento del filósofo alemán, o si se quiere un efecto psicológico, que poco vínculo tiene con la verdadera reflexión filosófica del pensador alemán.

Grave, ¿no? Y quien podría decir que este efecto no le ha atacado en algún periodo de su vida, incluso sin leer a Nietzsche, pero hay que admitir que por su condición de destructor, el martillo alemán se presta para disparar este efecto sobre sus lectores.

El macho progre

Con este breve equipaje conceptual, intentaremos aterrizar este efecto en el escenario de nuestro país latinoamericano, el gran Paraguay, más bien desde una experiencia personal. Un análisis teórico más profundo quizá venga después.

He escuchado, leído y constatado el uso de un concepto recurrente en discusiones: el “macho progre”, una categorización que desde algunos sectores feministas apunta a un varón que se apropia del discurso de liberación feminista pero que en realidad lo hace por que está de moda y es incómodo no hacerlo, pues el asedio de sus amigos —sobre todo amigas— puede ser muy molesto.

La moda es una cosa cuando se trata de ropa, pero es otra cosa cuando se trata de ideas, pues no solo hay que declararlas, sino que hay que llevarlas a la acción, por lo menos medianamente, y es ahí donde nuestro querido varón falla. En realidad quiere y necesita sus privilegios de género, puede transigir en uno o en dos, pero en lo esencial no quiere que nada cambie. No son los mejores tiempos para la estructura patriarcal, por lo tanto cuan marrano finge ser católico, le da pereza sentarse en sus cojones y discutir en serio respecto de lo que significa tener un género. Además, el feminismo ha conseguido infundirle miedo, por lo tanto en la mayoría de la oportunidades trata de pasar desapercibido.

Pero —y este pero lo traiciona— él necesita atención. Tiene algo del Efecto Nietzsche, pero centrado solo en el aplauso y en esta afirmación es donde se sobreactúa y finalmente se pone en evidencia frente a los vigilantes panópticos femeninos que le rodean. El macho progre sufre el Efecto Nietzsche no precisamente desde el resentimiento, sino desde su intento de quedar bien en todo y no querer sacrificar nada para ello.

Algunas feministas

Si el macho progre cae por su necesidad de aprobación, algunas feministas y sus respectivos grupos operan por el otro frente, que en realidad es lo mismo. Es decir, buscan abiertamente el rechazo de parte de lo que teóricamente identifican como su enemigo.

No es el ajuste de cuentas con un modelo cultural al que se enfrentan sino a cada varón, que sin importar lo que piense, según ellas, está subsumido irremediablemente en el esquema patriarcal. En cierto sentido ellas se parecen más al león, dado que ejercen su “yo quiero” pero desde el resentimiento. Claro que su género fue y es violado, prostituido, denigrado, acosado, explotado. ¿No es acaso imposible carecer de resentimiento en esta batalla?

No, no es imposible, creo que le contestaría el martillo alemán, pues deben convertirse en niñas; debe ser capaces de crear, de jugar, de amar. Ser una leona resentida fue necesario, pero morir como una resentida es transmitir enfermedad. Sufrir y denigrar no es cambiar, sino reproducir, otra cara del Efecto Nietzsche.

La ideología de género

Manifestaciones frente a la Cámara de Diputados de Paraguay, donde se realizaba una audiencia pública. (Somos Más)

Por último están aquellos que indignados por todos estos polos de discusión que se abren en Latinoamérica arremeten defendiendo a la familia tradicional y la naturalidad de los roles que en ella suelen constituirse.

Por favor, los varones son varones y la mujeres son mujeres, Al contrario del macho progre, por lo menos estos humanos se sientan en sus cojones y dan la pelea, y como a poco andar se dan cuenta de que no tienen como defender lo que simplemente es una opción frente a la compleja construcción cultural, inventan el equivalente a los ovnis y muestran una gran trama a nivel mundial hecha para que más o menos todos seamos homosexuales.

Eso sí, lo importante para ellos es la solución. No se trata de ver las complejidades de la construcción de género en las distintas culturas y desde ahí defender una opción, sino de desacreditar a través de la imposición. Nuevamente el Efecto Nietzsche se dibuja desde el resentimiento, y aún más se cubre de una especie de nihilismo invertido, es decir, de un adoctrinamiento que no puede ver nada más que su propia postura, pues todo lo demás es nada.

Estas tres topografías o zonas de opinión son parte de la fauna paraguaya que sale a discutir en tiempos de tereré, bares, universidades, redes sociales y espacios públicos. Ahora bien, es de vital importancia recalcar que no son zonas cerradas.

Nietzsche es un gran filósofo del movimiento, e independientemente de que se adhiera o no a su filosofía, creo que siempre que se habla de él hay que recalcar que todo va modificándose, más aún en el diálogo, y justamente eso es lo que enriquece la discusión.

Por último, hay otra zona donde también se hace sentir este efecto en términos epistémicos o filosóficos: el nihilismo. Pero eso es tema de otra reflexión, solo adelantemos que ésta es una zona fronteriza entre la meditación auténtica y profunda de la filosofía nietzscheana y el efecto psicológico que produce entender que la vida en sí misma no tiene sentido.

 

Bibliografía básica

Der Übermensch in der modernen Literatur. Berg, Leo. Paris 1897.

Así habló Zaratustra. Valdemar. Madrid 2005. Traducción, Introducción y notas José Hernández Arias.

* César Zapata es magíster en Filosofía y profesor del Instituto Superior de Estudios Humanísticos y Filosóficos (ISEHF).

 

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6 Comentarios

  1. Tengo la sensacion de que este ensayo dibuja esquema de un nuevo psradigma para justipreciar actitudes y concepciones de estos tiempos postmodernos..Me agradsria dessrrollar mas a fondo las categorias de su contenido epistemologico y axiologico. Es un bue desafio.

  2. Es raro que se hable de Nietzsche desde el resentimiento cuando él mismo lo relacionó con la moral. El hombre superior tiene actitud algo contrario a la reacción resentida. Si hay una diferencia entre la voluntad de poder del super-hombre y la actitud de los nazis es que el primero actúa sin detenerse a pensar en los demás sino que es pura acción avasalle a quien avasalle pero, nunca acabar con un enemigo puesto que no está en su leitmotiv, por decirlo así. Actuar es su razón de ser. Sus acciones son lo bueno y no le hace falta compararse con otro ni, mucho menos, acabar con él para sentirse superior porque él es lo superior.

    • Qué tal Andrés, gracias por tu comentario. No es tan raro hablar de «resentimiento» en Nietzsche, pues es uno de los temas principales en su filosofía, basta recordar que todo el judeo cristianismo y las ideologías socialistas y anarquistas, parten del resentimiento, En la «Genealogía de la Moral» justamente se habla de como el «asceta» es un resentido respecto al «señor», este último está ebrio de vida, mientras que el otro por envidia o resentimiento ejercita su voluntad para negar la vida. Respecto al Ûbermensch, el ejerce su voluntad de poder, no como dominación, esa fue la lectura alemana del nazismo, que no es del todo herrada, pero que representa sólo el aspecto histórico del devenir de la voluntad de poder. En el Zaratustra, la voluntad de poder es «la voluntad que hace regalos» es decir es seducción por sobreabundancia, es como el sol que regala sus rayos, una voluntad que se impone por conquistar con la belleza de lo vivo, de lo sano, en ningún caso por dominación. En este artículo se aborda el efecto N. como una lectura degradada del filosofo alemán, que puede tener aplicaciones en la practica de zonas de opinión en nuestro Paraguay.

  3. Mezclar de la sociedad post moderna, tendencias y convencionalismos con los enfoques y las doctrinas filosoficas de Nietzsche es un despróposito total, primero es necesario comprender la trascendencia de conceptos como el vitalismo, el perspectivismo, la voluntad de poder y el Superhombre, que nada tiene que ver con personas estupidas queriendo llamar la atencion.

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