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Por Nadia Mercado*

“Sindemia global” es el término utilizado por la comisión de obesidad de la revista médica The Lancet [1] para describir la interacción entre la obesidad, la desnutrición y el cambio climático. Una sindemia ocurre cuando dos o más enfermedades se desarrollan e interactúan entre sí en un mismo tiempo y lugar, compartiendo causantes sociales subyacentes en común.

Según este informe, teniendo en cuenta el impacto que tiene en los seres humanos, la obesidad, la desnutrición y el cambio climático son pandemias que tienen como factores ocultos en común el sistema alimentario, el transporte, el diseño urbano y uso del suelo.

El sistema alimentario, es decir, la forma en que los seres humanos se organizan para obtener sus alimentos y alimentarse, incluyendo la producción agrícola, la industrialización de alimentos y el consumo de los mismos, contribuye no solo a la malnutrición (desnutrición y obesidad) sino también al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Se estima que la agricultura aporta entre el 15-23% y la ganadería el 12-19% del total de las emisiones de los GEI [2]. Además, el sistema de transporte individualizado fomenta el sedentarismo y la obesidad, y colabora en 14-25% [3] en las emisiones de los GEI.

Estos gases contribuyen al calentamiento del planeta, el cual, entre otras cosas tiene por consecuencia la alteración de los ecosistemas y está asociado al aumento de los fenómenos meteorológicos extremos, como las sequías, tormentas e inundaciones. Los fenómenos climáticos afectan negativamente la agricultura, la seguridad alimentaria y la seguridad nutricional de las personas, contribuyendo así a la desnutrición en aquellos grupos más vulnerables (niños, ancianos y mujeres embarazadas). A su vez, los niños que sobreviven a la desnutrición en la primera edad tienen el crecimiento y desarrollo intelectual comprometido y mayor probabilidad de desarrollar sobrepeso y obesidad en la vida adulta [4].

La Organización Mundial de la Salud (OMS) utiliza el término “globesidad” para describir el aumento de la obesidad en los últimos años a nivel mundial (ver figura 1). Este acrónimo fusiona obesidad y globalización, y se refiere al incremento exponencial de la obesidad en todo el mundo debido a principalmente una mayor disponibilidad de alimentos ultraprocesados e hipercalóricos, a prácticas alimentarias deficientes y a la sedentarización frutos de la urbanización y modernización.

Figura 1: Obesidad en adultos según Índice de Masa Corporal (IMC) en el mundo, 2016

Fuente 1: WHO, Global Health Observatory en OurWoldInData.org/obesity. CC BY

Obesidad y desnutrición

Se estima que en 2015 había más personas obesas que subalimentadas en el mundo, esto es, 795 millones de personas subalimentadas [5] y 2 mil millones de personas obesas[6].

Esta tendencia global se observa en todas las regiones, incluyendo a Paraguay. Aunque sobre el estado nutricional de los paraguayos tenemos poca información actualizada o representativa a nivel nacional, los datos del Instituto Nacional de Alimentación y Nutrición (INAN) indican que aproximadamente 2,6 de cada 10 niños menores de 5 años de edad que asisten a los servicios de salud pública sufren de sobrepeso y obesidad (esto es 26 %)[7] (ver figura 2), el 13 % de los escolares y adolescentes sufren de obesidad[8] y sin embargo 1 niño de cada 10 sufre de desnutrición crónica.

 

Figura 2: Obesidad y Sobrepeso en niños y niñas que acudieron a servicios de salud pública en 2018.

Nota 1: Elaboración propia a partir de datos del SISVAN-INAN-MSPBS (2018).

 

Por otro lado, de acuerdo a la primera y única Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de Enfermedades No Transmisibles realizada en 2011, el 35 % de la población adulta presenta sobrepeso y el 23 % obesidad (ver figura 3). En ese entonces se resaltaba ya a las Enfermedades Crónicas no Transmisibles (ECNT)—las enfermedades cardiovasculares, diabetes, cánceres, etc.—como las principales causantes de muerte en el país (3/5 de las registradas).

La mayoría de las enfermedades cardiovasculares son prevenibles si se actúan sobre los factores de riesgos, como el consumo de tabaco, la alimentación, la obesidad, la inactividad física y la hipertensión arterial. A casi 10 años de estos datos se estima que las cifras han aumentado.

Figura 3: Estado nutricional según Índice de Masa Corporal (IMC) en hombres y mujeres de 15 a 74 años de edad

Fuente 2: Elaboración propia a partir de datos de la Primera Encuesta Nacional de Factores riesgos, MSPyBS (2011).

 

Disponibilidad y acceso a los alimentos en Paraguay

Cuando nos referimos a la malnutrición por déficit o por exceso, indudablemente nos referimos a un problema social mucho más complejo que la insuficiente ingestión de alimentos o de las malas elecciones alimentarias del consumidor.

La obesidad es una enfermedad de origen genético y/o ambiental (entorno) y conjuga múltiples factores causales para su desarrollo, entre ellos factores psicológicos y socioeconómicos. En este sentido, el componente socioeconómico juega un papel fundamental ya que condiciona la oportunidad de acceso financiero a alimentos saludables o no.

Asimismo, para que las personas puedan acceder a un alimento es necesario que este exista y esté disponible en el mercado. En este sentido, a pesar de ser un país predominantemente agrícola, la alimentación de los paraguayos y paraguayas depende en gran medida del mercado internacional. A ello se suma que el acceso a alimentos sanos y nutritivos es frecuentemente considerado una moda alimentaria reservada a la clase social media-alta.

Los datos del SENAVE sobre las importaciones de algunos alimentos básicos consumidos en el país reflejan claramente que la producción agrícola nacional de alimentos no logra cubrir las necesidades alimentarias de la población paraguaya. Por ejemplo, en 2016 el 98 % de la papa ingresó de Argentina, el 96 % del ajo provenía de China y Argentina, el 60 % de la cebolla en cabeza de Argentina y Brasil, el 78 % del locote de Brasil y el 56 % del tomate de Argentina [9].

En contraste a esta realidad, en varias ocasiones hemos leído que Paraguay produce suficientes alimentos para alimentar al doble de su población. Algunos medios de comunicación incluso mencionan, por ejemplo:

… la gran importancia que tiene Paraguay para todo el mundo, porque alimenta aproximadamente a 42.205.612 personas con la exportación anual de alimentos producidos en esta tierra. Esto sería teniendo en cuenta que el consumo promedio de una persona anualmente en calorías sería de 750.000 kilocalorías, y Paraguay produce 31.654.209 en kilocalorías.[10]

Este tipo de afirmaciones se realizan considerando únicamente el valor calórico de los principales productos de exportación, como la soja, maíz y trigo, que en su gran mayoría se exportan para el consumo animal, ignorando así el valor nutricional de los productos agrícolas.

De hecho, según datos del SENAVE, en 2018 el Paraguay exportó al mercado internacional 2.361.091 toneladas de cereales (maíz, arroz, trigo) y 6.110.327 toneladas de oleaginosas, del cual la soja representó el 99,2 % [11](ver figura 4). Ambos rubros juntos (cereales y oleaginosas) representan el 77 % del total de las exportaciones de origen vegetal en 2018.

Sin embargo, la alimentación de cualquier ser humano debe incluir: frutas, verduras, cereales, tubérculos y hortalizas, es decir una diversidad de alimentos que muchas veces, y sobre todo en la capital, se obtiene a través de la importación de países vecinos, principalmente de Argentina y Brasil.

Sin dudas, a nivel mundial Paraguay es un gran exportador de kilocalorías e importador de nutrientes, es decir alimentos. Los principales rubros de exportación se concentran en una reducida lista de materias primas agrícolas.

Figura 4: Exportación de productos y subproductos de origen vegetal por grupo en toneladas

Nota 2: Elaboración propia a partir de datos del SENAVE: Anuario estadístico 2018.

 

El desafío en paraguay: lo rural es clave

Retomando el enfoque de la sindemia global, el cual conjuga tres pandemias (obesidad, desnutrición y cambio climático) y múltiples factores relacionados a la salud y la alimentación, es urgente ubicar este problema en el centro de las políticas públicas, desde un enfoque holístico y no cada una de las pandemias de forma aislada.

La misma comisión de The Lancet recomienda que para abordar la sindemia de manera seria serán necesarias acciones de doble o triple efecto que busquen reorientar los sistemas de alimentación y agricultura, transporte, diseño urbano y el uso del suelo.

Los desafíos en Paraguay son múltiples y aún es necesario mucha inversión en materia de políticas agrarias y alimentarias. En este sentido, atender el sector rural representa un desafío y una oportunidad, ya que el 39 % de la población paraguaya vive en zonas rurales [12] y es a su vez donde se concentran los niveles más elevados de pobreza (54%) [13].

Además, este sector representa una oportunidad para el logro de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por la Naciones Unidas, debido a que de los 169 indicadores de los ODS el 78% depende al menos parcialmente de lo rural [14]. Asimismo, los progresos en materia de nutrición contribuyen directamente a una vida sana (ODS 3), poner fin a la pobreza (ODS 1), garantizar una educación de calidad (ODS 4), lograr la igualdad de género (ODS 5), promover el crecimiento económico (ODS 8) y reducir las desigualdades (ODS 10).

El sector rural en Paraguay se enfrenta a varios desafíos, entre ellos la transformación a una agricultura diversificada y económicamente rentable a escala nacional; por otro lado, ser una fuente de alimentos saludables en cantidad y calidad para cubrir las necesidades alimentarias y nutricionales de una población que va en aumento y es cada vez más urbana, y, por último, una agricultura ambiental y socialmente sostenible preservando sus recursos naturales y generando oportunidades laborales.

El concepto de sindemia permite poner de manera evidente la interrelación existente entre los tres problemas mencionados. Es un aporte desde un abordaje científico conceptual que permite visualizar como afectan estas pandemias a nivel individual y poblacional.

Desde luego, esta interrelación afecta de forma diferente a cada país y región. Por tanto, es necesario seguir profundizando para repensar nuestro sistema alimentario y redefinir una perspectiva más integral en el proceso de desarrollo del país.

 

Referencias

[1] Swinburn BA Kraak VI Allender S et al. The global syndemic of obesity, undernutrition, and climate change: The Lancet Commission. The Lancet. 2019.

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] FAO, FIDA, OMS, PMA y UNICEF. 2019. El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2019. Protegerse frente a la desaceleración y el debilitamiento de la economía. Roma, FAO.

[5] Ibid.

[6] Swinburn BA Kraak VI Allender S et al. The global syndemic of obesity, undernutrition, and climate change: The Lancet Commission. The Lancet. 2019.

[7] Niños y niñas menores de 5 años que acuden a servicios de salud pública, año 2018. (SISVAN)-INAN- MSPBS. 2007-2018.

[8] Escolares y adolescentes que asisten a escuelas públicas y privadas, año 2018. SISVAN-INAN-MSPBS. 2007-2018.

[9] Imas V. Seguridad y soberanía alimentaria en Paraguay – sistema de indicadores y línea de base. 2019

[10] 5DIAS, en línea: https://www.5dias.com.py/2018/01/111713-2/

[11] Anuario Estadístico del Servicio Nacional de calidad y sanidad vegetal y de semillas (SENAVE) 2018.

[12] DGEEC. Encuesta Permanente de Hogares 2017.

[13] DGEEC. Encuesta Permanente de Hogares Continua 2017-2018.

[14] Carolina Trivelli, 2019. Alimentación, agricultura y desarrollo rural en América Latina y el Caribe.


 

Nadia Mercado es licenciada en nutrición por la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Posee una maestría en ciencias sociales y desarrollo agrícola sostenible por la Universidad Paris-Saclay en Francia. Enseña la cátedra Seguridad Alimentaria y Nutricional en la especialización en ciencias de los alimentos de la Facultad de Ciencias Químicas de la UNA.

 

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