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Por Bernardo Villalba Cabral *

En el Paraguay tendemos a repetir frases tal cual las escuchamos, sin abrir espacio a la duda. Somos apasionados de las grandes certezas, no de los grandes cuestionamientos. Una muy frecuente es “el paraguayo no lee”. Y la pregunta que me nace es ¿por qué el paraguayo no lee? Vale analizar unos datos.

En la evaluación SNEPE (2018), los resultados fueron poco alentadores. Solo el 30 % de los estudiantes -en promedio- calificaron por encima del mínimo esperado (MEC, 2020). Solo esos poquitos han desarrollado habilidades educativas complejas; es decir, estarían preparados para encarar una carrera universitaria, donde se supone ocurre el gran salto hacia la ciencia.  Ese camino dorado para el desarrollo de las naciones” (Sagan, 1995, 2019).

Otro dato interesante. El Paraguay invierte en educación menos que la media regional de gastos; en el año 2010 fue el 4,7 % del PIB. De este presupuesto, el 90 % corresponde a gastos corrientes como el pago de salarios (UNESCO, 2014), lo que según Oscar Charotti, no alcanza para las inversiones de calidad – infraestructura, alimentación, becas, capacitación – que necesita el sistema educativo (Observatorio Educativo Ciudadano, 2020).

Tanto organizaciones internacionales como países reconocen que la educación es la base del desarrollo (UNESCO, 2014). Sin educación no hay reflexión, no hay ciudadanía, no hay dudas. Y esto tiende a reproducirse en espiral. En el 2020 se tuvo una tasa de analfabetismo – no sabe leer ni escribir – del 5,5 % (DGEEC, 2020).

Esto significa que 277.926 personas de 15 años y más no tienen la capacidad de leer un periódico, un libro, una receta médica, escribir en un chat en redes sociales, una lista de compras y menos todavía exponer y debatir ideas, por ejemplo, un discurso político, una noticia en la televisión o un proyecto de la comisión del barrio.

Al no recibir educación, el valor que se da a la misma probablemente sea bajo y eso mismo se transmite a los hijos, y se replica ad infinitum.

Al considerar los bajos estándares educativos del Paraguay uno piensa, ¿será que los políticos están lo suficientemente preparados para decidir sobre políticas públicas? Carl Sagan se preguntaba si los de su país (Estados Unidos) tenían formación académica científica. Aquí nos preguntamos si los nuestros tienen, por lo menos, una formación académica por encima del mínimo esperado.

Educarse puede ser una gran hazaña en este país, y uno lo hace con la idea de, luego, conseguir un buen empleo. Si para los pocos que logran un título universitario, el mercado laboral está peleado, ¿cuál es el destino de una persona que no ha superado el mínimo esperado y no ha podido acceder a la educación terciaria? Mi finado padre hizo esta reflexión después de tener una esposa y cuatro hijos.

Mi abuelo le había dado a elegir entre estudiar en el colegio o trabajar en la chacra. Eligió lo segundo. Cuarenta años después se lamentaba garrote púpe chembo estudia amo´a (a golpe de garrote me hubiera hecho estudiar), “cuando estoy en el campo con los ingenieros no entiendo de lo que hablan”. Grandes lecciones que me supo transmitir.

“El paraguayo no lee”. ¿Es realmente así? Una breve anécdota. En Itauguá, donde vivo hace 35 años, en este 2021 es la primera vez que se abre una librería con una importante aclaración en el cartel: librería de libros. Un bicho raro en el pueblo. El acceso a libros de calidad es un factor más a tener en cuenta.

Entonces, tal vez sea una cuestión de cambiar el foco y sugerir, por el contrario, “al paraguayo no se le otorga las condiciones para que lea”. Tal vez sea momento de dejar de culpar al paraguayo y apuntar la mirada hacia los tomadores de decisiones.

¿Quiénes son los que deciden? ¿Por qué no funciona el sistema educativo del Paraguay? ¿Por qué no se invierte en calidad? Tal vez sería bueno pensar como mi padre y finalmente entender que la educación es una inversión para el desarrollo.

Alrededor de 277.926 personas, de 15 años y más, no saben leer ni escribir en el Paraguay. (Depositphotos)

Publicación realizada en el marco del Proyecto Transición.

Referencias

-DGEEC,  2020.  Datos sobre Educación en Paraguay. Encuesta Permanente de Hogares 2017 – 2020. Cuarto trimestre. Serie comparable.  Archivo Excel.  1p.

-MEC, 2020.  Informe ejecutivo. Sistema Nacional del Proceso Educativo.  Asunción, Paraguay.  32p.

-Observatorio Educativo Ciudadano,  2020. Alfabetización en Paraguay: problemas, testimonios y desafíos. Financiamiento Público de la Educación. Análisis del contexto actual y principales desafíos.  Asunción.  28p.

-SAGAN, C.  2019.  El mundo y sus demonios.  Trad. Por Dolors Udina.  23a ed.  Bogotá.  493p.

-UNESCO,  2014.  Gasto público en la educación de América Latina. ¿Puede servir a los propósitos de la Declaración de París sobre los recursos Educativos Abiertos?  Montevideo.  58p.

* Bernardo Villalba Cabral es ingeniero en ecología humana por la Universidad Nacional de Asunción (UNA) y especialista en evaluación y auditoría ambiental por la misma institución. Está cursando su maestría en gestión ambiental en la UNA. Se desempeña como consultor ambiental y fue docente técnico extensionista en la Facultad de Ciencias Agracias de la UNA. Tiene líneas de trabajo en sustentabilidad, agricultura orgánica, gestión de proyectos, etc. En 2021 fue seleccionado por el Proyecto Transición, de la Revista Y y Ciencia del Sur, para representar a la literatura del departamento Central.

 

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8 Comentarios

  1. Muy buen artículo, para ahondar más en el intríngulis de la problemática en torno a la -para muchos- limitada capacidad de interpretación de algún texto, aunque sea básico.

  2. Ótimo artigo! Não pensem vocês que esse é um mal do Paraguai! Toda a nossa região é muitíssimo deficiente quanto à leitura e mesmo quanto à alfabetização. Esse é assunto de cidadania, e só com a soma de políticas públicas continuadas e muito engajamento civil seria possível transformar essa realidade. Que venham mais artigos como esse, e muito debate, muita cobrança! .
    B.M.

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