Aborto: ¿Se puede lograr un debate basado en evidencia en era de las redes sociales?

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La legalización del aborto constituye y constituirá un tema espinoso. Sin embargo, lo que debe encarnar una discusión basada en evidencia, parece tergiversada en un mar de razonamientos abstrusos y soterrados.

Tras su publicación en Ciencia del Sur, el artículo “Algunas razones y evidencias científicas para legalizar el aborto” recibió una andanada de críticas de diverso calibre en las redes sociales (principalmente Facebook). Aunque muchas de ellas parecían no estar basada en una delicada lectura de la evidencia presentada, otras parecían no estar basadas en lectura alguna. Algunas expusieron argumentos en apariencia convincentes.

Por ello, en esta oportunidad revisaremos algunas de las críticas más populares de las redes sociales contra la legalización del aborto.

1) “Los argumentos de la legalización del aborto no son científicos”

Decir que los argumentos a favor de la legalización del aborto no son científicos, sino “ideológicos”, “basura” o “pura charlatanería”, constituye la crítica más común, aunque también es la más desatornillada.

Aunque algunas de las referencias empleadas en el discutido artículo fueron publicadas en importantes medios de difusión científica (como Psychology Today y Live Science) y periodísticos (como The New York Times y The Guardian) que pudieran ser no del todo convincentes, las investigaciones empíricas citadas que estructuran los argumentos del artículo fueron publicadas en prestigiosas revistas científicas.

SCImago Journal –un indicador que pondera la cantidad de citaciones que recibe una investigación y el prestigio de la revista donde se publica– rankea a la Journal of the American Medical Association (publicada por la American Medical Association) en el primer cuartil (Q1), esto es en el primer 25% de las revistas científicas mejor posicionadas desde el año 1999.

Exactamente lo mismo ocurre con JAMA Psychiatry (American Medical Association), Contraception (Elsevier), British Medical Journal (BMJ Publishing), Pediatric Research (Nature Publishing Group), American Psychologist (American Psychological Association), The Lancet (Lancer Publishing Group) y PLoS ONE (esta última desde el año 2007).

Dichas revistas científicas –sin ninguna duda– son las más importantes para los campos de medicina, ginecología, reproducción, psicología y psiquiatría a nivel mundial al permanecer por 20 años consecutivos en la parte superior de los rankings.

Esto echa por tierra la presunción de que los argumentos a favor de la legalización del aborto estén compuestos de broza no científica. Las investigaciones sí son rigurosas y están respaldadas por las evidencias disponibles.

2) “Un cigoto o embrión vale lo mismo que un bebé o un niño”

Aunque, en principio, es cuestionable valorar una vida en desmedro de otra, el sofisma de la valoración es empuñado para descalificar la práctica del aborto bajo la premisa de que toda vida es igual de valiosa.

Sin embargo, la realidad muestra que esto no es cierto: Sea que lo juzguemos nosotros mismos o un tercero, sí hay vidas más valiosas que otras. Tanto las guerras como la legítima defensa, la ortotanasia (“muerte digna”) o la eutanasia relativizan lo que consideramos un derecho fundamental: el derecho a la vida.

En casos de violación o embarazos no deseados, donde el concebido representa un riesgo para la salud (física y psicológica) de la madre, sí hay vidas más valiosas que otras. Imaginemos que una clínica de fertilidad se incendia al borde del colapso.

En la habitación A hay un contenedor con mil embriones viables, mientras en la habitación B está una niña de 10 años. Solo tenemos tiempo para ingresar a una de las habitaciones y salvar lo que haya dentro. ¿A cuál ingresas?

Si elegiste la habitación B (rescatar a la niña), tu acción parte de una premisa: La vida de la niña vale más que la vida de mil embriones.

En el aborto, ocurre exactamente lo mismo: la vida de una persona en riesgo, vale más que la de cualquier embrión.

3) “Un embrión o feto es una persona”

Decir que un embrión humano es vida humana no es algo errado. De hecho, el artículo en mención así lo reconoce, a despecho de varios lectores distraídos. El equívoco yace en pretender que, porque un embrión es vida humana, entonces también sea una persona humana.

Como se explicó en el artículo –y hay que ser enfático en esto– nadie puede negar que un embrión humano constituya vida humana o hasta un ser humano (aunque este término tenga poca validez científica, según dejó entrever el biólogo Alberto Kornblihtt).

Lo que el artículo ha negado es que un embrión o feto sea una persona, ya que este término no es un término científico, sino una categoría teológica que incluso refiere a los ángeles como personas divinas.

[…] hoy ninguna persona honesta, medianamente informada de los últimos descubrimientos biológicos, el ADN, el Proyecto Genoma Humano, etc., puede negar que hay vida, y vida específicamente humana, en el zigoto o embrión recién fecundado. […] Todo esto son datos científicos elementales y, hoy por hoy, indiscutibles. […]

Lo que no está claro […] es que el embrión sea además, y desde el principio, una persona humana. Jamás la biología, la embriología, etc. han afirmado tal cosa ni lo podrían hacer, por la sencilla razón de que ésta categoría –persona humana– no es una categoría biológica, sino filosófica-teológica”. (Marlasca, 2002)

4) “Si un embrión carece de percepción del dolor y consciencia, entonces también podemos asesinar a personas en coma

Una crítica persuasiva, pero errada a todas luces por la sencilla razón de que las personas en coma o con insensibilidad al dolor son precisamente eso: personas (incluso en el sentido teológico del término; ver punto 1 del artículo en mención), no embriones, pues como se indicó previamente, un embrión no es una persona.

Quien piense que, escudándose en el aborto, realmente puede acabar con la vida de personas, más que comprensión lectora, necesita ayuda profesional.

 5) “Abortar un embrión o feto implica asesinar seres humanos”

Dado que un embrión humano constituye vida humana, se podría decir retóricamente que abortar implica asesinar seres humanos. Sin embargo, aquí es necesario una precisión: abortar no implica asesinar bebés ni infantes ni adultos ni argentinos –tal como sostuvo el urólogo Fernando Secin, a sabiendas de que sería contraproducente para su causa emplear los términos embrión o feto.

Abortar implica interrumpir el desarrollo de un ser humano que no tiene más de 15 semanas (aprox.) de desarrollo, que no tiene percepción del dolor, no tiene consciencia del entorno, no es una persona y que puede poner en riesgo la salud y la vida de otro ser humano que sí tiene más de 15 semanas de desarrollo, sí tiene percepción del dolor, sí tiene consciencia del entorno y que, además, sí es una persona.

6) “Debemos salvar la vida del «niño por nacer»”

La defensa del “niño por nacer” es una poderosa arma retórica del discurso Provida. Sin embargo, hablar de bebés y niños (estados futuros) en relación a una práctica que se ejerce sobre embriones y fetos (estado actual) constituye un claro ejemplo de la llamada falacia de potencialidad –la cual apela a los estados futuros de un ente antes que a su estado actual.

Aplicada al aborto, esta falacia considera que no se debe interrumpir el desarrollo de un embrión o feto porque a futuro se convertirá en un bebé.

Sin embargo, esta crítica ignora que los abortos no son practicados ni en bebés ni infantes ni adultos, sino en embriones o fetos (hasta determinada etapa). Si bien es cierto que el proceso de desarrollo biológico es un continuum, existen diferencias biológicas abismales entre un embrión, un feto y un adulto.

Quien no lo crea así, debería mirarse al espejo para convencerse o sino autoreconocerse como feto, más aún si es ingeniero.

7) “La legalización del aborto aumenta la cantidad de abortos”

La legislación mundial sobre el aborto es variada. Sobresalen los países donde la interrupción de embarazo es legal, de color azul. (Wikimedia)

A este respecto, es necesario aclarar tres puntos.

Primero, aunque el informe del Guttmacher Institute (Singh, Remez, Sedgh, Kwok y Onda, 2017) demuestra cómo, en varios países del globo, la tasa de aborto se reduce tras su legalización, en algunos países hay más abortos que antes.

Según Aníbal Faúndes (2015), los casos de Reino Unido y España constituyen excepciones a la regla. Sin embargo, en términos generales, “la experiencia de la mayoría de estos países muestra que […] la liberalización de la ley que permite traer a la mujer que desea abortar al sistema de salud, favorece la reducción de las tasas de aborto” (p. 427).

Segundo, cantidad de abortos y tasa de abortos son dos cosas diferentes. Mientras que hablar de cantidad de abortos refiere a una sumatoria que indudablemente aumentará cada año, hablar de tasa de abortos refiere a la relación entre cantidad poblacional y frecuencia con que se realizan los abortos.

Si bien es cierto que su cantidad aumenta (generalmente en los primeros años tras su legalización), es en relación al crecimiento poblacional que los abortos tienden a “reducirse” al hacerse menos frecuentes.

Tercero, el artículo en cuestión no discute el vínculo entre legalización y cantidad o entre legalización y tasa, sino la relación entre legalización y mortalidad materna. Atendiendo a la evidencia, está absolutamente comprobado que legalizar el aborto disminuye la mortalidad materna al lograr que los abortos clandestinos desaparezcan y sean reemplazados por abortos en entornos seguros.

Realmente no interesa si los abortos aumentan o disminuyen, pues lo importante en términos verdaderos es que no mueran más mujeres. Si, por alguna razón, hay más abortos tras su legalización, es únicamente porque más mujeres confían en que el aborto seguro no arriesgará sus vidas, lo cual –por si algunos todavía no se dan cuenta– es algo positivo.

8) “Lo expuesto en el artículo son puras mentiras”

Si nada de lo anterior demostró los errores y falacias de las críticas provida vistas en redes sociales, entonces nada lo hará. Pretender que un argumento científico constituye una mentira solo porque uno lo dice, sin demostrar cabalmente lo imputado mediante evidencia científica, expone una atrevida ignorancia que ni siquiera merece respuesta.

Finalmente

Se ha dicho que el artículo “Algunas razones y evidencias científicas para legalizar el aborto” constituye un ataque contra el sector Provida. La respuesta es negativa. Dicho artículo no ataca a tal sector, sino que muestra evidencia que refuta sus argumentos. Que el mentado sector se haya sentido vulnerado por el ejercicio de una crítica académica y mediática deja mucho que desear sobre su madurez política.

Que muchos de sus militantes hayan reaccionado con insultos y agravios deja mucho que desear sobre su madurez emocional.

Es más, el artículo en cuestión también podría haber ejercido una crítica a los sectores progresista y feminista del debate, sobre todo en relación a sus altamente cuestionables estadísticas (Sohr y Martínez, 2017), al significado del lema de “mi cuerpo, mi decisión” o al deleznable comportamiento de sus activistas –avalado por una izquierda política cada vez más incompetente.

Sin embargo, si evaluamos los argumentos de ambos bandos, estar a favor de la legalización del aborto constituye una posición absolutamente avalada por la evidencia científica. Mientras que oponerse solo está avalado por falta de comprensión lectora, falacias a granel y sólo un poco de evidencia: aquella que muestra que criminalizar el aborto produce mayor clandestinidad y muerte (Boseley, 2016; Sedgh et al., 2016; Oberman, 2018).

Si Ud., estimado lector, se topa con algún provida que exponga críticas semejantes a las anteriormente revisadas, ya tiene con qué hacerle frente. En caso la polémica continúe, sométalo a un reto: muéstrele imágenes de un óvulo fecundado, un espermatozoide, un embrión y un neonato, y pídale que elija la imagen que represente a un bebé.

Si demora más de 5 segundos en responder, es mejor no continuar el diálogo. Recuerde: vida solo hay una.

[Reto Provida: Marque al bebé]
El debate sobre la legalización del aborto no es un debate puramente ético (aceptarlo sobrepone la moral cristiana al estado laico) ni tampoco únicamente científico (los resultados son leídos desde una perspectiva específica).

Sin embargo, la ciencia cumple un rol importante: brindar los fundamentos para una toma racional de decisiones. Cualquier postura que se aleje de este principio merece ser desterrada por sucumbir al misticismo y promover un estado de ignorancia permanente.

Guerra avisada.

 

Referencias bibliográficas

-Boseley, S. (2016). Criminalising abortion does not cut number of terminations, says study. The Guardian.

-Faundes, A. (2015). Malentendidos sobre el efecto de la legalización del aborto. Anales de la Facultad de Medicina, 76(4): 425-429.

-Marlasca, A. (2002). Vida humana y persona. Medicina Legal de Costa Rica, 19(2).

-Oberman, M. (2018). What happens when abortion is banned? The New York Times.

-Sedgh, G., Bearak, J., Singh, S., Bankole, A., Popinchalk, A., Ganatra, B., Rossier, C., Gerdts, C., Tunçalp, Ö., Johnson, B., Johnson, H. y Alkema, L. (2016). Abortion incidence between 1990 and 2014: Global, regional, and subregional levels and trends. The Lancet, 388(10041): 258-267.

-Singh, S., Remez, L., Sedgh, G., Kwok, L. y Onda, T. (2017). Abortion Worldwide 2017. US: Guttmacher Institute.

-Sohr, O. y Martínez, L. (2017). ¿De dónde surge el dato de que hay 450 mil abortos por año? Chequeado.

 

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1 Comentario

  1. En punto 7, recordar que buena parte del aumento inicial de abortos tras la legalización es debido al «blanqueo» de abortos que antes se escondían.
    El embrión es, técnicamente un parásito cuando se trata de un embarazo no deseado (Se puede ver la definición de parásito en un diccionario). La mujer puede decidir que no desea que ese parásito continúe creciendo dentro de su cuerpo.

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