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Cuando pensamos en psicología evolucionista (en adelante PE), pensamos en selección natural, adaptaciones psicológicas o módulos mentales. Aunque dichos conceptos no estén equivocados, solo se refieren a una propuesta concreta. Hay otras que emplean categorías diferentes y postulan teorías distintas sobre la evolución de la mente humana. ¿Cuáles son? ¿Qué tienen en común? ¿Qué tienen de diferente?

Generalmente, si criticamos a la PE, muchos nos dirán que estamos negando la evolución o creyendo que ella solo funciona del cuello para abajo. Si bien mente es un término debatible, todos los científicos evolucionistas coinciden en que nuestra mente es resultado de un proceso evolutivo. En lo que discrepan –y mucho– es en cómo ha ocurrido dicho proceso y cómo influye en la conducta humana observable.

Una breve revisión de literatura revela que, por lo menos, hay 3 escuelas de PE que explican la evolución de la mente humana de formas distintas, es decir, empleando teorías, conceptos, métodos y técnicas diferentes. Dado que comparten un mismo fin, dichas escuelas están de acuerdo en aspectos básicos. No obstante, nos equivocaríamos si creyéramos que postulan lo mismo. Aclarado esto, ¿cuántas PEs hay?

1) Escuela de Santa Bárbara o psicología evolucionista clásica

Leda Cosmides y John Tooby
Leda Cosmides y John Tooby, profesores en la Universidad de California en Santa Bárbara (Foto: UCSB).

Llamada así porque sus fundadores pertenecen a la Universidad de California en Santa Bárbara. Esta escuela es la más representativa y usualmente referida como sinónimo de PE. Fue fundada por el antropólogo John Tooby y la psicóloga Leda Cosmides en dos ensayos publicados a fines de los años 80 (Tooby & Cosmides, 1989; Cosmides & Tooby, 1989) y, posteriormente, incluidos en libro The adapted mind (Barkow et al., 1992).

Entre sus representantes figuran Jerome Barkow, David Buss, autor de Evolutionary psychology (Buss, 2019), Robert Wright, autor de The moral animal (Wright, 1994), Max Krasnow, Laith Al-Shawaf, Steve Stewart-Williams, autor de The ape that understood the universe (Stewart-Williams, 2018) o Steven Pinker. Este último es, quizá, su principal defensor y difusor en medios y libros como The language instinct (Pinker, 1994), How the mind works (Pinker, 1997) o The blank slate (Pinker, 2002).

Como tal, la PE de la escuela de Santa Bárbara se apoya en tres premisas: primero, la existencia de una naturaleza humana universal, expresa no en conductas culturales, sino en mecanismos psicológicos evolucionados; segundo, tales mecanismos son “adaptaciones construidas por selección natural a lo largo del tiempo” (Barkow et al., 1992, p. 5); y, tercero, la estructura de nuestra mente está adaptada a la forma de vida de los cazadores-recolectores del Pleistoceno, no a las formas de vida actuales.

Su propuesta teórica es la llamada hipótesis de la mente modular, la cual postula que nuestra mente ha evolucionado, estructurándose en módulos especializados en solucionar diversos problemas: reconocimiento de rostros, relaciones espaciales, uso de herramientas, miedo, intercambio social, percepción de emociones, cuidado infantil, amistad, gramática, entre varios otros (Barkow et al., 1992, p. 113; Morales, 2020).

De todas, esta ha sido la escuela más criticada, principalmente por su adaptacionismo, su modularismo y por desestimar la influencia de la cultura en la evolución humana (Bolhuis et al., 2017; Morales, 2020; Richerson & Boyd, 2001). Asimismo, ha sido vinculada a la pseudociencia por el carácter infalsable de sus hipótesis (Pigliucci, 2006, 2008) y hasta calificada de “imposible” (Smith, 2020).

Por esta mala fama, otras PE no comparten los postulados de esta escuela. Es necesario reconocer esta diversidad como un hecho dado y no como algo sujeto a interpretación. Las diferencias entre propuestas no son destacadas solo por los críticos de la escuela de Santa Bárbara sino también por sus representantes. De hecho, esta escuela de PE se fundó para superar las presuntas limitaciones de las otras teorías de la época (Buss, 1995).

[D]iferentes investigadores utilizan el término ‘psicología evolucionista’ de manera divergente. De manera confusa, algunos antropólogos o arqueólogos se describen a sí mismos haciendo ‘psicología evolucionista’ porque se identifican con la perspectiva de Santa Bárbara. Por el contrario, psicólogos prominentes de mentalidad evolutiva, como Henry Plotkin (1994, 1997), no están de acuerdo con la escuela de pensamiento modular y adaptacionista defendida en Santa Bárbara. Muchos investigadores se han esforzado por ampliar la psicología evolucionista para abarcar todos los enfoques evolutivos del estudio de la mente y el comportamiento humanos (Daly y Wilson, 1999; Buss, 1999; Barrett et al., 2001; Heyes y Huber, 2000), pero otros, incluidos Cosmides y Tooby, ven importantes distinciones entre las distintas escuelas. Además, muchos antropólogos evolutivos, ecologistas de la conducta humana y sociobiólogos humanos se han esforzado por diferenciarse de la psicología evolucionista y reconocer las principales distinciones teóricas y metodológicas entre los enfoques (Smith et al., 2000). (Laland & Brown, 2002, pp. 156-157)

Precisamente, este libro escrito por Kevin Laland y Gillian Brown (2002) expone las similitudes y diferencias entre la escuela de Santa Bárbara y otros enfoques evolucionistas como la memética, la ecología conductual o la evolución cultural. Más aún, desde hace buen tiempo, la literatura científica da cuenta de una interesante diversidad teórica. Dicho esto, ¿qué otras escuelas de PE existen?

2) Escuela de Oxford o psicología evolucionista sociológica

Robin Dunbar
Robin Dunbar de la Universidad de Oxford (Foto: Oxford Neuroscience).

Llamada así porque su fundador, el antropólogo Robin Dunbar, es parte de la Universidad de Oxford. Es la escuela menos conocida pese a sus importantes hallazgos en el estudio de la evolución de la mente humana. Aparte de Dunbar, esta escuela también es desarrollada por investigadores como Louise Barrett, John Lycett, Camilla Power, Chris Knight, John Gowlett o Clive Gamble.

Algunas de las múltiples publicaciones que ha logrado esta escuela son The evolution of culture (Dunbar et al., 1999), Evolutionary psychology (Dunbar et al., 2007), The Oxford handbook of evolutionary psychology (Dunbar & Barrett, 2007), How many friends does one person need? (Dunbar, 2010), Human evolution (Dunbar, 2014) o Thinking big: How the evolution of social life shaped the human mind (Gamble et al., 2014). 

Su propuesta teórica es la hipótesis del cerebro social, para la cual la mente humana fue moldeada por la evolución de nuestra intensa vida social cooperativa, manifestada en prácticas como la caza, la religión, el lenguaje o la formación de grandes coaliciones (Dunbar, 1998, 2003). Justamente por su énfasis en cómo aquellas dinámicas moldean nuestra mente, esta escuela también puede llamarse PE sociológica.

Una hipótesis alternativa ofrecida a finales de la década de 1980 fue que los grandes cerebros de los primates reflejan las demandas computacionales de los complejos sistemas sociales que caracterizan al orden. Prima facie, esta sugerencia parece plausible: hay una amplia evidencia de que los sistemas sociales de los primates son más complejos que los de otras especies. Se puede demostrar que estos sistemas involucran procesos como el engaño táctico y la formación de coaliciones que son raros u ocurren solo en formas más simples en otros grupos taxonómicos. Debido a esto, la sugerencia fue rápidamente apodada la hipótesis de la inteligencia maquiavélica, aunque existe una preferencia creciente por llamarla hipótesis del cerebro social. (Dunbar, 1998, p. 178)

Aunque su objetivo es estudiar la evolución de nuestra mente, esta escuela discrepa con la hipótesis modularista de Steven Mithen (similar a la escuela de Santa Bárbara), considerada “muy rígidamente racional” (Gamble et al., 2014, p. 106). Este deslinde se aprecia también en la división que hacen de la PE en dos extremos: la escuela de Santa Bárbara, alimentada por la sociobiología, y la escuela de Oxford, surgida de la ecología conductual, la zoología y la antropología (Workman & Dunbar, 2015, p. 126).

Por su carácter sociológico, dicha escuela también ha criticado el determinismo biológico al que suelen derivar los postulados santabarbarinos. El énfasis puesto en la selección natural hizo que la escuela de Santa Bárbara se pliegue al lado biológico en el debate nature-nurture, causando que sus promotores “se volvieran más pseudogenetistas de lo que realmente debían ser” (Workman & Dunbar, 2015, p. 127).

Para la PE sociológica, la conducta humana no está determinada genéticamente. De hecho, tener un cerebro grande nos da la capacidad de adaptarnos a entornos cambiantes (Workman & Dunbar, 2015). Como vemos, entre ambas escuelas no solo hay diferencias sino también críticas. No obstante, hay otra escuela que ha replanteado los argumentos propuestos por las dos perspectivas anteriores. ¿Cuál es?

3) Escuela de California o psicología evolucionista cultural

Michael Tomasello
Michael Tomasello (Foto: Universidad de Duke).

Llamada así por su énfasis en la cultura, esta escuela es promovida por el psicólogo Michael Tomasello, autor de The cultural origins of human cognition (Tomasello, 1999a), el antropólogo Joseph Henrich, autor de The WEIRDest people in the world (Henrich, 2020), el biólogo Kevin Laland, autor de Darwin’s unfinished symphony (Laland, 2017) y la psicóloga Cecilia Heyes, autora de Cognitive gadgets (Heyes, 2018).

Su tesis central indica que la principal fuerza que moldeó la evolución de la psicología humana no fue la selección natural ni la complejidad social sino la cultura (Richerson et al., 2021). Dicha idea emerge de la teoría sobre la que dicha escuela se apoya: la teoría de la herencia dual, formulada por el antropólogo Robert Boyd y el biólogo Peter Richerson (Morales, 2022a, 2022b). Cabe señalar que Richerson pertenece a la Universidad de California Davis —de ahí el nombre de esta escuela.

Admitir que la principal fuerza de la evolución de nuestra mente es la cultura es uno de los giros más polémicos de la ciencia de la evolución humana. Ello porque aceptar la primacía de la cultura implica criticar el adaptacionismo que caracterizó a la escuela de Santa Bárbara. Hoy, con respecto al debate sobre la necesidad de una síntesis extendida, el rol de la cultura sigue discutido (Laland et al., 2015). Aunque nadie niega su influencia en nuestra psicología, muchos discuten si tal influencia es protagónica o secundaria.

Según mapeos recientes, en la literatura hay diversas propuestas de PE cultural que se alimentan de diversas teorías, emplean métodos diferentes y llegan a conclusiones heterogéneas sobre la psicología humana (Nichols et al., 2022; Heyes & Moore, 2023). Aunque la escuela de California comparte una tesis fundamental sobre la relevancia de la cultura, sus promotores han construido marcos relativamente independientes:

  • Tomasello basa su trabajo en la teoría de Boyd y Richerson (1985), en las obras del psicólogo Lev Vygotsky y del filósofo John Searle, así como en experimentos realizados en niños pequeños y primates (Tomasello, 1999a, 1999b, 2006, 2009). Su tesis principal indica que la cognición humana es una “cognición cultural”, pues la cultura explica gran parte de los rasgos de nuestra mente (Tomasello, 1999a).
  • Henrich también se apoya en la teoría de Boyd y Richerson (1985), así como en estudios etnográficos y experimentales realizados en sociedades no-occidentales (Henrich et al., 2004; Henrich & Henrich, 2007). Su tesis principal es que la evolución de la psicología humana es moldeada por una coevolución gen-cultura liderada por la cultura (Henrich, 2016; Henrich et al., 2022). Desde esta mirada, Henrich (2020) sostuvo que la psicología occidental no es un fenómeno biológico innato sino uno cultural aprendido.
  • Laland refiere a la teoría de Boyd y Richerson (1985), a la obra de Luigi Cavalli-Sforza y Marcus Feldman (1981), y a la teoría de construcción de nicho de F. John Odling-Smee (Odling-Smee, 1988; Odling-Smee et al., 2003). Desde aquí, Laland (2017) sostuvo que “las facultades intelectuales más preciadas de nuestra especie fueron diseñadas en un torbellino de feedbacks coevolutivos en los que la cultura jugó un rol vital” (p. 3). Para este enfoque, es importante destacar las particularidades de la psicología humana.
  • Finalmente, Heyes también refiere a la obra de Boyd y Richerson (1985) pero incluye elementos de la neurociencia y la ciencia cognitiva. Para Heyes (2018, 2019), la cognición humana es producto del aprendizaje cultural, no de una adaptación biológica moldeada por selección natural. Así, muchas de nuestras habilidades cognitivas (imitación, teoría de la mente, lenguaje o metacognición) no son instintos heredados genéticamente sino “gadgets” heredados culturalmente (Heyes, 2018, 2019).

La propuesta teórica de la escuela de California es la hipótesis del cerebro cultural, que sostiene que el tamaño del cerebro humano coevolucionó con las estrategias de aprendizaje, el tamaño del grupo social, la estructura de apareamiento y la duración del período juvenil —todos elementos culturales (Muthukrishna et al., 2018). Desde aquí, esta hipótesis sugiere que el cerebro humano fue moldeado por la cultura para aumentar su capacidad de almacenar y gestionar información que genere mayor aprendizaje.

Aunque están vinculadas, la hipótesis del cerebro social y la hipótesis del cerebro cultural enfatizan diferentes mecanismos. Mientras que la postura de Dunbar (1998) se basa en la cooperación, la coordinación, la competencia y otras estrategias de aprendizaje social, la hipótesis del cerebro cultural emprende un giro de lo social al aprendizaje cultural para destacar que los individuos pueden aprender culturalmente a cooperar, coordinar o competir (Muthukrishna et al., 2018).

Si bien hay diferencias importantes entre ambas escuelas, hay algo en lo que coinciden: una actitud crítica hacia la PE clásica. Es destacable que las escuelas de Oxford y California no solo rechacen los determinismos biológicos, sino que admitan el rol activo de la especie humana en su propia evolución (vía la construcción de nichos culturales). Asimismo, ninguna de ellas ha adoptado enfoques adaptacionistas ni modularistas como la PE clásica.

De hecho, por destacar la importancia de la cultura en la evolución de la mente humana, la escuela de California es muy crítica de la escuela de Santa Bárbara, a la que acusa de proponer hipótesis adaptacionistas. Incluso la propia teoría de la herencia dual también la objetó por la misma razón (Richerson & Boyd, 2001). El deslinde de la PE cultural de la PE clásica es claramente apreciable en las palabras de sus principales representantes:

Cualquier investigación seria sobre la cognición humana, por lo tanto, debe incluir alguna descripción de estos procesos históricos y ontogenéticos que están habilitados pero no determinados de ninguna manera por la adaptación biológica de los seres humanos para una forma especial de cognición social. En efecto, mi argumento central en este libro es que son estos procesos, no las adaptaciones biológicas especializadas directamente, los que han realizado el trabajo real en la creación de muchos, si no de todos, los productos y procesos cognitivos más distintivos e importantes de la especie Homo sapiens. (Tomasello, 1999a, p. 11)

Esta visión contrasta marcadamente con la visión canónica de la evolución de la cooperación humana. Durante décadas, los investigadores evolucionistas, desde Richard Dawkins hasta Steven Pinker, han argumentado que los seres humanos son capaces de organizarse y cooperar de manera tan eficaz porque nuestra psicología ha sido moldeada por las fuerzas evolutivas de la selección de parentesco y el altruismo recíproco (reciprocidad). […] En lo que vendrá, aumentaré y enmendaré sustancialmente este punto de vista canónico. (Henrich, 2016, p. 142)

Esta imagen de la evolución de la mente humana es radicalmente diferente de la representación presentada por los psicólogos evolucionistas y muchos escritores de divulgación científica. Estos autores a menudo han afirmado que los humanos que caminan por las calles de las metrópolis urbanas de hoy en día tienen que luchar para hacer frente al mundo moderno debido al legado de cerebros adaptados a las condiciones ancestrales de los primates o de la Edad de Piedra. […] Los seres humanos no modifican su entorno al azar. Más bien, al igual que otros animales que construyen nidos, montículos, redes y presas que los ayudan a ellos y a su descendencia a sobrevivir, los humanos construyen estructuras y tienen otros impactos en su mundo que mejoran ampliamente su aptitud evolutiva. (Laland, 2017, p. 231)

La psicología evolucionista cultural implica que las mentes humanas son más ágiles pero también más frágiles de lo que se pensaba anteriormente. No estamos atrapados en el pasado del Pleistoceno con mentes de la Edad de Piedra […] La perspectiva evolucionista cultural también tiene implicaciones disciplinarias. No sugiere, como han hecho muchos psicólogos evolucionistas, que todo estudio sobre la mente humana y la vida humana deba basarse en la teoría evolucionista. Por el contrario, sugiere que la investigación sobre los orígenes evolutivos y de desarrollo de la cognición humana debe estar informada por las humanidades y las ciencias sociales. (Heyes, 2018, p. 6)

Valga aclarar algo básico. Al identificar una PE cultural, no se está diciendo que otros enfoques ignoren la cultura: la escuela de Oxford incluye variables culturales, mientras que la escuela de Santa Bárbara discute las diferencias culturales en personalidad, los universales culturales y la cultura evocada (Barkow et al., 1992; Buss, 2019). El problema es que ninguna de ellas afirma que la cultura es la principal fuerza evolutiva.

Por ejemplo, desde la PE clásica, Buss (2001) sostuvo que considerar la cultura como una “explicación causal” es un “mito”, ya que las diferencias culturales en personalidad no pueden explicarse desde la cultura sino mediante hipótesis evolucionistas. Incluso recientemente, Buss (2019) afirmó que “la cultura no es un agente causal autónomo en competencia con la biología por el poder explicativo” (p. 395).

Como se aprecia, la escuela de Santa Bárbara no reconoce la cultura como una fuerza evolutiva autónoma. Esta es la diferencia más notoria entre dicha escuela y la de California. Por otro lado, la escuela de Oxford, si bien acepta la importancia de variables culturales, no las trata en su real dimensión, algo apreciable en las diferencias entre las hipótesis del cerebro social y del cerebro cultural (Muthukrishna et al., 2018).

De forma general, es posible identificar tres posturas sobre la importancia de la cultura: nula (Santa Barbara), débil (Oxford) y fuerte (California). Como tal, la cultura ha estado, está y estará al centro de muchos debates sobre la evolución humana (Morales, 2022a). Su reconocimiento como fuerza evolutiva autónoma sirve como un predictor del tipo de creencias evolucionistas que se tendría sobre la evolución de la conducta humana.

¿Iguales o diferentes?

imagen conceptual de las psicologías evolucionistas
Muchos consideran que todas las escuelas forman una sola, ya que son varias caras de una misma gran teoría (Imagen: AI Horde).

Si bien las tres escuelas de PE comparten un mismo fin (comprender la evolución de la mente humana), se diferencian en cómo explican tal evolución. Sus propuestas (hipótesis de la mente modular, del cerebro social y del cerebro cultural) son teóricamente diferentes, sobre todo por los mecanismos en los que enfatizan (selección natural, complejidad social o aprendizaje cultural). Ello hace que lleguen a conclusiones distintas sobre la naturaleza de la mente humana.

ESCUELA OBJETIVO PROPUESTA ÉNFASIS CULTURA CONCLUSIÓN
Santa Bárbara Comprender la evolución de la mente humana Hipótesis de la mente modular Selección natural Nula La mente es un fenómeno biológico
Oxford Hipótesis del cerebro social Complejidad social Débil La mente es un fenómeno social
California Hipótesis del cerebro cultural Aprendizaje cultural Fuerte La mente es un fenómeno cultural

 

Que las diversas PEs compartan un mismo objetivo o incluso un marco teórico general (el darwinismo) puede crear confusión. En efecto, muchos consideran que tal objetivo compartido es signo de que todas las escuelas forman una sola, ya que son varias caras de una misma gran teoría. Claramente, eso no es correcto. Si bien comparten unos puntos básicos, las diferencias aparecen conforme se profundiza en la literatura.

¿Cuándo empezó aquella confusión? La idea de que solo hay una PE viene, por lo menos, desde los años 90. En un artículo publicado en la revista Animal Behaviour, Martin Daly y Margo Wilson (1999) reunieron diversos programas darwinianos (antropología evolucionista, sociobiología o ecología conductual) bajo el nombre de “psicología evolucionista humana” (o HEP de human evolutionary psychology).

Para Daly y Wilson (1999), “todos estos enfoques son ‘evolutivos’ en virtud de su marco conceptual adaptacionista y seleccionista, y todos son ‘psicológicos’ en la medida en que se concentran en cómo las personas adquieren y evalúan la información y cómo utilizan esa información en la toma de decisiones conductuales” (p. 509). Se trató de un esfuerzo forzado (valga la redundancia) de agrupar diferentes programas de investigación.

Sin embargo, para Eric Smith y colegas (2000) dicho agrupamiento es “deficiente” porque tales programas poseen una historia más amplia que la escuela de Santa Bárbara y porque entre ellos hay diferencias teóricas considerables. Para Smith y colegas (2000), la PE de Santa Bárbara es “una parte y no el todo” (p. F21). Al año siguiente, los autores reiteraron que “bajo esta aparente unidad yacen desacuerdos teóricos y metodológicos serios” (Smith et al., 2001, p. 128).

En concordancia con la pluralidad, es pertinente señalar que tales aportes no son los únicos, pues también están los de Henry Plotkin (1998), Peter Carruthers (2006), H. Clark Barrett (2015), Pascal Boyer (2018, 2021), Dan Sperber (Mercier & Sperber, 2017; Sperber, 2008), Scott Atran (Atran, 2002; Atran & Medin, 2008), estos dos a veces agrupados bajo el rótulo de “escuela de París”, entre otros (Heyes, 2019; Nichols et al., 2019).

Conclusión

Si uno revisa la literatura científica, hallará que muchas críticas distinguen la PE como paradigma (en referencia a la escuela de Santa Bárbara) y como campo de estudio. De modo semejante, otros distinguen entre Psicología Evolucionista (en mayúscula, refiriéndose a la PE clásica) y psicología evolucionista (en minúscula, refiriéndose al campo de estudio) (Smith, 2020).

Toda esta teoría nos manda un claro mensaje: no todo artículo o libro titulado “psicología evolucionista” referirá a una misma escuela o teoría. Por tanto, si alguien critica los argumentos de Cosmides, Buss, Pinker, Dunbar, Henrich o Plotkin, no significa que esté contra la teoría darwiniana ni que niegue la evolución. Ese alguien solo discrepa de ciertas propuestas de un autor o escuela concreta. Mientras antes sepamos ello, mejor.

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  • Tooby, J., & Cosmides, L. (1989). Evolutionary psychology and the generation of culture, part I. Ethology and Sociobiology, 10(1-3), 29-49.
  • Workman, L., & Dunbar, R. (2015). ‘We are not islands, there is such a thing as society’. The Psychologist, 28(2), 126-127.
  • Wright, R. (1994). The moral animal: Evolutionary psychology and everyday life. Pantheon Books.

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Sergio Morales Inga es antropólogo y egresado de la Maestría en Filosofía de la Ciencia, ambos por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Perú. Tiene publicaciones en revistas académicas de Perú, Colombia, Argentina, España y Reino Unido. Columnista de evolución humana, género y epistemología de las ciencias sociales en Ciencia del Sur. También realiza divulgación en evolución cultural a través del blog "Cultura y evolución".

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2 COMENTARIOS

  1. ¿harias un articulo hablando de rippon? muchos la considerabamos una pendeja hasta que en mi caso lei tus articulos y he cambiado mi opinion, ya que muchos creen que no tiene validez

    • Hay un artículo pendiente sobre la presunta influencia de la biología en la elección de carrera, donde exploro algunos aportes de Rippon.

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