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En el último par de años, el rótulo ideología de género (en adelante IG) se ha vuelto uno de los términos más discutidos en redes sociales y medios de comunicación. Álgidos debates políticos han hecho de esta expresión un recurso más útil para el ataque que para la explicación: por un lado, conservadores aseguran que la IG ha sido creada por la izquierda y colectivos LGTB para destruir la niñez.

Por otro lado, progresistas afirman que la IG no existe. Como ya es de costumbre en estos asuntos, la verdad no está ni de un lado ni del otro. 

Tergiversado por conservadores

En la página web de la Coordinadora Nacional Pro Familia de Perú se lee que, según la IG, las diferencias entre hombres y mujeres son “construcciones culturales”, ya que se deben a la imposición de una “educación sexuada” basada en “roles sociales”.

Para los ideólogos de género, “el sexo biológico, con sus diferencias genéticas, hormonales, psíquicas y físicas no es determinante en la vida y el comportamiento de las personas”. Por tanto, “hombres y mujeres somos iguales, y nuestros comportamientos, capacidades, percepciones, deseos, gustos, intereses y formas de aprendizaje son idénticos”.

¿Cuáles serían los planes de esta macabra IG? Por un lado, acabar con la niñez.

Aunque no lo digan abiertamente, lo que la ideología de género pretende hacer de la infancia es lo siguiente: crear niños sin derechos, sin sexo que les defina, aunque paradójicamente hipersexualizados…; troceados en el vientre de sus libres y emancipadas madres; sin dignidad humana; cosificados; mercancía objeto del capricho de los adultos (vientres de alquiler, niños a la carta…); privados de su infancia y de su inocencia; prematuros clientes del negocio sexual y futura carne que nutrirá la descomunal industria del género.

Además de apartados de uno de sus progenitores y utilizados por el otro (divorcio, uniones inestables); privados de núcleos familiares sólidos para hacerlos más inseguros y manipulables (uniones homosexuales); expuestos a las teorías de lobbies con intereses espurios; con una educación sexual que les desvincule de las relaciones estables; se les alecciona con comportamientos inmorales y egoístas a un sexo adictivo; se les convierte en consumidores de contraceptivos y abortos; se les aboca al resentimiento y a la lucha de sexos (rechazo de la heterosexualidad).

Asimismo, la IG amenaza con destruir la creación de Dios.

Feminizar al varón y masculinizar a la mujer para crear una sociedad de género neutro es el ideal social de los defensores de la ideología de género, pero no el ideal de la naturaleza tal como Dios la creó que, muchos miles de años antes de que llegaran estos señores a modelar al ser humano según su ideología, definió en el hombre pautas de conducta que resultaran exitosas para su supervivencia y para los fines para los cuales Dios la había creado.

En El libro negro de la nueva izquierda, los afamados escritores argentinos Nicolás Márquez y Agustín Laje (2016) sostuvieron que la IG es una de las “principales pantallas” del neo-marxismo. Para Laje (2017) –quizá el militante más activo en Facebook y Twitter de la región–, la IG puede ser definida como “la concepción anticientífica de nuestra sexualidad que, buscando efectivizarse políticamente, la desarraiga de su realidad natural para querer explicar semejante dimensión humana, sencillamente, a través de la cultura”.

En esta sucinta definición, confirmada en recientes entrevistas, Laje establece el carácter anticientífico y antinatural de la IG. Para el politólogo, tanto los trabajos de John Money sobre el caso Bruce Reimer como el libro La tábula rasa del psicólogo Steven Pinker, constituyen la “aplicación” y crítica de la IG respectivamente.

La ideología de género corroe libertades políticas por medio de mecanismos como las «cuotas»; libertad de opinión, bajo la creciente penalización de discursos políticamente incorrectos; libertad de conciencia, a través de leyes que penalizan, como en Canadá, expresar ciertas creencias religiosas que molestan a «minorías sexuales»; libertades económicas, en la medida en que cada vez hay más casos de comercios multados por razones de género, como las pastelerías de Colorado y Oregon que fueron penalizadas por no hacer un pastel para una boda homosexual; libertades educacionales, en tanto que los padres y madres están perdiendo toda la soberanía educacional sobre su familia, etcétera. (Laje citado en Calderón, 2018).

Manifiestación de los grupos conservadores en Perú, en contra de lo que llaman ideología de género. (Wikicommons)

Ignorado por progresistas

Para el progresismo, la IG constituye un invento retórico, utilizado por los conservadores para impedir la obtención de ciertos derechos fundamentales y frenar el desarrollo de políticas de educación sexual.

Las multitudinarias movilizaciones ciudadanas contra la “ideología de género” en varias ciudades del mundo y la presión que ejercen en el campo jurídico dan cuenta de la efectividad de estas estrategias.

Ya sea invocada mediante su nombre o su núcleo conceptual, la lucha contra la ideología de género ha desempeñado en varios países de Europa y América Latina un papel clave en los debates públicos y legislativos sobre la despenalización del aborto, los derechos de parejas del mismo sexo (v. g. el “matrimonio igualitario” y la adopción homoparental) y la formulación de currículos escolares incluyentes. (Viveros y Rodríguez, 2017: 120)

En sus planteamientos, los progresistas consideran que de facto no existe la IG.

¿Qué es esta ideología aparentemente omnipresente que ha puesto a los católicos y conservadores tan nerviosos? Según ellos, es una cosmovisión, elaborada por académicas lesbianas y feministas radicales, que sostiene que el género no tiene nada que ver con las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, y que puede ser elegido a voluntad.

La caracterizan como una peligrosa línea de pensamiento que amenaza con infectar a los niños y destruir la democracia. (Campoy, 2017)

Por un lado, Laje acierta en criticar el constructivismo de género, una cuestionada hipótesis que busca explicar el género únicamente desde una perspectiva cultural (Morales, 2017). No obstante, el politólogo yerra al proponer una definición de IG desvinculada de los estudios que remiten a dicho concepto.

Por su parte, el progresismo acierta en considerar que no existe una IG desde la mirada conservadora. No obstante, se equivoca al pretender que, en general, no exista algo llamado IG.

¿Qué dice la evidencia al respecto?

Agustín Laje acierta en criticar el constructivismo de género, una cuestionada hipótesi. Pero, el politólogo yerra al proponer una definición de IG desvinculada de los estudios que remiten a dicho concepto. (Flickr)

El concepto académico de IG

Si únicamente nos quedáramos con la información hallada en redes sociales, parecería que la IG solo existe en la cabeza de conservadores y progresistas. Sin embargo, si buscamos dicho término (o su plural traducido al inglés: gender ideologies) en repositorios científicos como Google Scholar, SAGE o JStor, hallaremos una cantidad importante de estudios que remiten dicho concepto. ¿Qué dicen algunos de esos estudios?

Meg I. Striepe y Deborah L. Tolman (2003) analizaron las ideologías de género para estudiar cómo las variaciones de la masculinidad y la feminidad estándar impactan en el desarrollo de la identidad sexual en adolescentes heterosexuales. Asimismo, Marisol del-Teso-Craviotto (2006) demostró cómo el léxico de 4 magazines para público femenino (Good housekeeping, Cosmopolitan, Working woman y Ms.) constituyen poderosos instrumentos para mantener y desafiar las ideologías de género en los Estados Unidos.

Ronald E. Bulanda (2004) examinó la influencia de las ideologías de género en la relación paterno-filial, hallando que los padres igualitarios se relacionan mejor con sus hijos que los padres tradicionales. De modo semejante, Ruth Gaunt (2006) demostró cómo las ideologías de género de los padres determinan la crianza de los hijos al influenciar las creencias sobre los roles de hombres y mujeres.

Colleen W. Colaner y Steven M. Giles (2008) comprobaron que las ideologías de género evangélicas impactan significativamente en las aspiraciones maternales de estudiantes universitarias evangélicas. De igual manera, Margaret Gonsoulin y Anjeanette LeBoeuf (2010) analizaron las diversas ideologías de género del cristianismo conservador estadounidense y concluyeron que mientras las mujeres conservadoras con mayores ingresos económicos mostraban un menor conservadurismo, aquellas con menores ingresos mostraban mayor conservadurismo.

Cathy McIlwaine (2010) analizó cómo las ideologías de género de migrantes colombianos, ecuatorianos y bolivianos se transformaban –de tradicionales a modernas– durante su estadía en el Reino Unido, involucrando factores como clase, nacionalidad y etnicidad. Por su parte, Peter Dirksmeier (2015) analizó cómo en Alemania, la otrora división entre república federal y república democrática generó una diferenciación regional de ideologías de género que produce diferentes roles de género.

Finalmente, Daniela Grunow, Katia Begall y Sandra Buchler (2018) categorizaron las ideologías de género de Europa en cinco grandes perfiles: igualitarista, esencialista igualitario, crianza intensiva, tradicional moderado y tradicional.

Como vemos, tales estudios –publicados en revistas como Journal of Clinical Child and Adolescent Psychology, Journal of Pragmatics, Journal of Marriage and Family, Sex Roles, The Social Science Journal o Annual Review of Sociology– recurren al concepto de IG para estudiar las dinámicas entre hombres y mujeres en diversos contextos.

En un balance realizado por Shannon N. Davis y Theodore N. Greenstein (2009), los autores evidenciaron que los estudios sobre ideologías de género se caracterizan por analizar en su construcción, medición, operacionalización y consecuencias.

¿Cómo las investigaciones científicas definen la IG? Para Susan U. Philips (2001):

La ideología de género se ocupa de las creencias normativas sobre los roles apropiados y las naturalezas fundamentales de las mujeres y los hombres en las sociedades humanas. […] Cuando nace un niño, las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, o sus diferencias de sexo, se utilizan como base para la asignación de género y la construcción cultural de las identidades de género. A las personas se les asigna una identidad de género en todas las sociedades, pero los sistemas de género y las ideologías de género que se cree que ayudan a sostenerlas son culturalmente variables. (p. 6016)

Según podemos observar, la noción de IG se halla fuertemente vinculada a la de roles de género, razón por la cual, para Amy Kroska (2007), serían casi lo mismo.

Tanto la ideología de género como la ideología de rol de género se refieren a las actitudes con respecto a los roles, derechos y responsabilidades apropiados de las mujeres y los hombres en la sociedad. El concepto puede reflejar estas actitudes en general o en un dominio específico, como el económico, familiar, legal, político y/o social. (p. 1867)

Varias revistas científicas recurren al concepto de IG para estudiar las dinámicas entre hombres y mujeres en diversos contextos. Wikicommons)

El caso Salus: un nefasto editorial

El año 2017, correspondiente al volumen 21, la revista de medicina Salus (de la Universidad de Carabobo, Venezuela, e indexada por Web of Science-Thomson Reuters) publicó un breve editorial titulado “Ideología de género”.

Este pronunciamiento, que defiende la existencia de una “censura a aquellos que piensan diferente”, reunió a 4 “investigadores de diferentes profesiones” para “plantar cara” a una ideología que “no tiene nada de ciencia y sí muchas mentiras que dañan a los niños, las familias, las libertades y la sociedad” (Comité editorial Salus, 2017: 5).

Roger L. Parra Villasmil:

Surge, así, toda la corriente mundial de ideología de género: pérdida de la identificación y complementariedad masculina y femenina; modas más varoniles en la mujer (usar pantalones, por ejemplo) y metrosexualización del varón; limitación o prohibición de enseñanza diferenciada en las escuelas; normativa legal para implementar igualdad laboral entre hombres y mujeres; baños transgender, para personas que no se sientan varones ni mujeres. (Ibíd.)

Jesús Ignacio Carrillo Herrera:

la “ideología de género” es una corriente que aboga por un igualitarismo entre la mujer y el hombre, llegando a negar las diferencias biológicas (cromosómicas) de ambos, con consecuencias nocivas para la persona misma, e inclusivamente, para la sociedad al quitar relevancia y significado a la maternidad, paternidad y familia. (Ibíd., p. 7)

Rafael Sanz Carrera:

la ideología de género preconiza como idea fundamental de su filosofía política una sociedad que ya no se articule sobre la dualidad hombre-mujer sino que se organice alrededor de lo que llaman “diversidad afectivo sexual”… Donde ya no haya hombres y mujeres, sino opcionales orientaciones afectivo sexuales.

Donde no haya hombres y mujeres sino homosexuales, heterosexuales, transexuales, bisexuales y lo que la imaginación dé de sí. Y donde no haya ninguna discriminación ni juicio de disparidad entre la valoración que se haga de unas u otras de esas diversas orientaciones afectivo sexuales. (Ibíd., p. 8)

Mónica Ballón Espejo:

Se crean categorías variadas que generan confusión y abren una gama de conductas con un amplio abanico de posibilidades, descartando la práctica de la psicología que ha sido siempre contrastar entre la norma y lo excepcional para ayudar al ser humano.

El nuevo principio es que nada puede ser calificado como nocivo o perjudicial. […] Con el mismo criterio, si llega a consulta una paciente anoréxica que afirma sentirse y verse gorda, a pesar de su notoria y extrema delgadez, el terapeuta no debería contradecirle porque lo importante no es la evidencia física sino su sentir subjetivo. (Ibíd., pp. 8-9)

Como observamos, solo una ingenua lectura de El libro negro de la nueva izquierda de Márquez y Laje (2016) o de La ideología del género de Jorge Scala (2010) podría estar detrás de aquellos vomitivos mamarrachos. Al respecto, urgen las réplicas de especialistas en salud y científicos afines.

Un avance más bien general lo podemos hallar en el número 27 de la revista Sexualidad, Salud y Sociedad (Viveros y Rodríguez, 2017), sin embargo, hace falta un mayor activismo académico. 

Finalmente

Si tuviera que brindar una definición sintética y acorde con la teoría existente, diría que el concepto IG refiere a aquel sistema de ideas culturalmente determinadas sobre las diferencias entre hombres y mujeres. Sin duda, se trata de una definición muy distinta de aquella parcializada, subjetiva y etnocéntrica brindada por Laje, y no solo por estar vinculada a la teoría, sino también por basarse en la noción de género en vez de rechazarla. 

Comprender cómo se construye la ideología de género (en un sentido social) puede ayudar a los investigadores a comprender las decisiones que toman los niños y las niñas en relación con la educación y las carreras, cómo los adultos jóvenes eligen parejas y toman decisiones sobre la fertilidad, y cómo las personas negocian sus vidas familiares. (Davis y Greenstein, 2009: 99)

Los estudios citados en el tercer punto del presente artículo demuestran –a contrapelo de la narrativa conservadora– que no hay una sola IG, sino múltiples ideologías de género, dentro de las cuales es menester incluir la ideología conservadora de género: un constructo caracterizado por preceptos pseudocientíficos tales como la aseveración de que la transexualidad es una patología o la creencia de que únicamente existen dos géneros (Morales, 2018; ver también Quintana, 2017). Para algunos, esta ideología constituye la “verdadera ideología de género” (Vela, 2017).

Por otro lado, el progresismo debe aceptar que las diferencias conductuales entre hombres y mujeres son tanto culturales como biológicas. Aunque hoy nadie afirme de manera tajante que la biología no tenga absolutamente nada que ver en el género, la relación del progresismo con la cuestión biológica (que incluye disciplinas como antropología, psicología o genética) sigue siendo complicada (Morales, 2017).

La necesidad de un debate informado

Mientras finalizaba este breve artículo, Guillermo Aguayo y Christian Rosas anunciaban la presentación de su libro Ideología de género: El nuevo intento por desnaturalizar el plan de Dios en la Feria Internacional del Libro de Lima (FIL).

Como era de esperarse, diversos militantes acusaron a los organizadores de apoyar discursos de odio. Tras los reclamos, la FIL Lima aclaró que dicha presentación no formaba parte de sus actividades oficiales. Horas después, la editorial Peniel (que publicó el texto de Aguayo y Rosas) suspendió la presentación del libro y acusó a la FIL de haber sucumbido ante las presiones políticas.  

Lo cierto es que el debate continuará. Procuremos ahora estar mejor informados.

La última Feria Internacional del Libro Lima fue sede de un «nuevo debate» sobre ideología de género. (FIL Lima)

Referencias bibliográficas

-Bulanda, R. (2004). Paternal involvement with children: The influence of gender ideologies. Journal of Marriage and Family, 66(1): 40-45.

-Calderón, M. (2018). Agustín Laje: «La ideología de género es una imposición que se ha decidido a espaldas de la gente».

-Campoy, A. (2017). La extrema derecha quiere venderte una teoría sobre el sexo y el género que no existe.

-Colaner, C. y Giles, S. (2008). The baby blanket or the briefcase: The impact of evangelical gender role ideologies on career and mothering aspirations of female evangelical college students. Sex Roles, 58(7-8): 526-534.

-Comité editorial Salus (2017). Ideología de género. Salus, 21(1): 5-9.

-Davis, S. y Greenstein, T. (2009). Gender ideology: Components, predictors, and consequences. Annual Review of Sociology, 35, 87-105.

-Del-Teso-Craviotto, M. (2006). Words that matter: Lexical choice and gender ideologies in women’s magazines. Journal of Pragmatics, 38(11): 2003-2021.

-Dirksmeier, P. (2015). The intricate geographies of gender ideologies in Germany. Geoforum, 64, 12-24.

-Gaunt, R. (2006). Biological essentialism, gender ideologies, and role attitudes: What determines parents’ involvement in child care. Sex Roles, 55(7-8): 523-533.

-Gonsoulin, M. y LeBoeuf, A. (2010). Intra-group variation in conservative Christians’ gender ideologies (1972–2006). The Social Science Journal, 47(1), 225-236.

-Grunow, D., Begall, K. y Buchler, S. (2018). Gender ideologies in Europe: A multidimensional framework. Journal of Marriage and Family, 80(1): 42-60.

-Kroska, A. (2007). Gender ideology and gender role ideology, en G. Ritzer (ed.), The Blackwell encyclopedia of sociology (pp. 1867-1869). UK: Blackwell.

-Laje, A. (2017). La ideología de género sí existe: Es la concepción anticientífica de nuestra sexualidad.

-Márquez, N. y Laje, A. (2016). El libro negro de la nueva izquierda: Ideología de género o subversión cultural. Buenos Aires: Unión Editorial.

-McIlwaine, C. (2010). Migrant machismos: Exploring gender ideologies and practices among Latin American migrants in London from a multi-scalar perspective. Gender, Place and Culture, 17(3): 281-300.

-Morales, S. (2017). ¿Es realmente el género una construcción cultural? La Ortiga, 4(4): 9-23.

-Morales, S. (2018). La ideología conservadora de género. Ciencia del Sur.

-Philips, S. (2001). Gender ideology: Cross-cultural aspects, en N. Smelser y P. Baltes (eds.), International encyclopedia of social & behavioral sciences (pp. 6016-6020). UK: Elsevier.

-Quintana, E. (2017). Oscurantistas, ideología de género y pseudociencia. Ciencia del Sur. 

-Scala, J. (2010). La ideología de género o el género como herramienta de poder. Rosario: Ediciones Logos.

-Striepe, M. y Tolman, D. (2003). Mom, dad, I’m straight: The coming out of gender ideologies in adolescent sexual-identity development. Journal of Clinical Child and Adolescent Psychology, 32(4): 523-530.

-Vela, E. (2017). La verdadera ideología de género. New York Times.

-Viveros, M. y Rodríguez, M. (2017). Hacer y deshacer la ideología de género. Sexualidad, Salud y Sociedad, 27, 118-127.

 

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4 Comentarios

  1. De acuerdo con el artículo. Recalcar que el concepto de ‘ideología de género’ que usa el bando conservador es radicalmente diferente al usado en la academia (roles de género), lo mismo sucede con el bando progresista que pretende teñirse de ciencia al autodenominar sus posturas como ‘enfoque de género’, cuando no es sino una gender ideology más.
    De hecho, la antropología no tiene nada que hacer ahí, salvo si los utiliza como objeto de estudio.
    Lamentablemente durante mi formación universitaria me tocaron profesores que perfectamente entran en la «ideología progresista del género»: ‘constructivismo de género’. Presentan la ‘construcción social’ como el gran descubrimiento de la antropología, lo novedoso, cuando no es sino la premisa para hacer antropología. Nula mención a la biología, la neurociencia, etc. Se remiten a diferentes etnografías para sostener «no solo está la concepción ‘occidental’, hay una diversidad», en una suerte de burdo relativismo cultural.
    Muchos colegas, y casi todas las colegas, ya no discuten eso: lo aceptan.
    En otros espacios, y por supuesto otros temas, la vanguardia progresista imputará a los críticos «te preocupan que pinten paredes, pero no te preocupan las miles de mujeres violadas, asesinadas, desaparecidas, etc.» con el propósito de imponer un discurso que no remite a la realidad, lo social-real (Por este aspecto me encanta la antropología que se ocupa de ello). Apelan al sentimiento, las emociones, el ‘me estás ofendiendo’ . No admiten que la contraparte pueda ofenderlos, pero no se ocupan si sus posturas ofenden (por ejemplo el tema del aborto). Aspectos perfectamente interesantes para la antropología. Recurrentemente erigen la ‘brecha salarial por género’ como la perfecta evidencia de un patriarcado. Cuando ni el ‘patriarcado’, ni la ‘brecha salarial por género’ resisten un argumento serio. Una cifra de 100 feminicidios es insignificante si lo comparamos con otra clase de homocidios.
    Finalmente, nada del párrafo anterior me importa salvo como objeto de estudio. Satisfactoriamente logré saltar la criminal visión de la EP de Antropología de la UNMSM, que pretende hacer antropología con «justicia social».

    • Gracias por el comentario. Haríamos bien en distinguir dos cuestiones: 1) los aportes clásicos de la antropología sobre el género supernumerario (primera mitad del siglo XX) y 2) el constructivismo de género posterior de los estudios de género y los feminismos (de los años 80 en adelante). Se trata de dos cosas diferentes, pero que son mezcladas porque el constructivismo dice basarse en etnografías clásicas.

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