El «contagio» del suicidio y los medios de comunicación

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El miércoles 3 de enero de 2018 un diario de circulación nacional de Paraguay publicó, en primera plana, con fotografías y a todo color, el suicidio de dos adolescentes. La grotesca manera de comunicar esta noticia, de por sí dolorosa, originó un gran debate acerca del impacto que podría tener la difusión de este tipo de información en personas con pensamientos o comportamientos suicidas.

El suicidio se define como aquella muerte autoinfligida en la que existen pruebas (explícitas o implícitas) de que la persona tenía la intención de morir. Representa aproximadamente el 1% de las muertes en el mundo. La tasa crece gradualmente con la edad, siendo muy raro en niños y poco frecuente en púberes y adolescentes, en comparación con los adultos o adultos mayores (Torales et al, 2012). Para 2020 se estima que 1,5 millones de personas morirán cada año debido a suicidio, y que entre 15 y 30 millones lo habrán intentando (Torales et al, 2014). Es un verdadero problema de salud pública, por lo que debe ser tratado como tal.

La descripción o comunicación realista de los trastornos mentales en los medios de comunicación (periódicos, televisión, internet) puede ser una forma efectiva de reducir el estigma en torno a los problemas de salud mental. No obstante, puede ser preocupante si esas representaciones o comunicaciones no presentan, además, opciones de tratamiento o de cómo actuar ante situaciones o crisis vitales.

Ahora bien, ¿podría la difusión de noticias acerca de suicidios generar comportamientos de imitación en otras personas? En corto se puede afirmar que sí (Nepon et al, 2009). El sociólogo francés Émile Durkheim afirmó, ya en 1897, que ningún hecho era más prontamente transmisible “por contagio” que el suicidio. Esta afirmación la hizo en su libro Le Suicide, que puede considerarse el primer estudio metodológico realizado sobre el suicidio en el contexto social (Durkheim, 1897).

Pero, ¿cómo puede una condición “no transmisible” contagiarse? Esta pregunta bien podría ser respondida por Shakespeare o por Goethe.

El “efecto Werther”

Romeo y Julieta generó un sinnúmero de casos de suicidios en adolescentes. (Wikicommons)

William Shakespeare publicó una de sus obras cumbres y más populares con la tragedia Romeo y Julieta, dos jóvenes amantes cuyas muertes finalmente aproximaron a sus enemistadas familias.

El suicidio de sus protagonistas les hizo ver como el arquetipo del amor entre jóvenes y, en una evolución no esperada por Shakespeare, generó un sinnúmero de casos de suicidios en adolescentes que vieron o leyeron la obra.

Dos siglos después, un joven Goethe publicaba Las penas del joven Werther, obra que catapultó al autor alemán al estrellato. Lo que Goethe tampoco esperó es el impacto que se produjo entre la población juvenil europea: una imitación de la manera de vestir, de las aristas actitudinales y hasta de los intereses del protagonista de la obra.

No obstante, que varios jóvenes se hayan vestido igual que un personaje literario no preocupó tanto como el notable aumento del número de suicidios entre los lectores. Esta serie de conductas imitativas terminó por llamarse el “efecto Werther”, que puede definirse como aquellos comportamientos miméticos que se observan cuando existe una sobreexposición a la información sobre el suicidio, lo que termina por generar la imitación del mismo (Philips, 1974).

Ya en el siglo XX existieron casos similares. Se destaca el suicidio de la estrella de rock Kurt Cobain, vocalista de la banda Nirvana, en 1994. El suicidio de Cobain suscitó preocupaciones inmediatas entre médicos psiquiatras, psicólogos y público en general sobre el potencial que tenía su muerte para generar un nuevo “efecto Werther”.

Si bien la cantidad de suicidios consumados no se incrementó tras la publicitada muerte de Cobain, el número de crisis de intención suicida y llamadas a las líneas telefónicas de ayuda aumentó exponencialmente (Jobes et al, 1996).

La evidencia del “contagio” en el mundo “real”

Es sabido que el suicidio no tiene una noxa única y que es el resultado de un complejo conjunto de vulnerabilidades biológicas, psicológicas y sociales, intrínsecamente imbricadas (Arce et al, 2017). Sería por tanto muy simplista afirmar que la sola exposición a una noticia sobre suicidio generaría un “contagio” y conductas imitativas en otras personas.

Sin embargo, más allá de lo literario y de la ficción, los estudios epidemiológicos revelan que una noticia muy publicitada sobre un suicidio de una persona corriente (no solamente un personaje ficticio o una celebridad) puede ser un detonante importante de otros suicidios.

Existen variadas y sólidas evidencias que demuestran que los informes de los medios de comunicación sobre casos de suicidio están relacionados con conductas imitativas en jóvenes y adultos menores de 24 años y que, además, existe una relación de causalidad entre el reporte de suicidios en periódicos y televisión y la aparición de suicidios imitados en la comunidad (Nepon et al, 2009; Gould et al, 2003; Shoval et al, 2005; Tousignant et al, 2005; Norris et al, 2001; Appleby et al, 2007).

Con base en lo anterior, médicos psiquiatras, salubristas, psicólogos, investigadores y periodistas, en conjunto con la Asociación Canadiense para la Prevención del Suicidio y el Centro para el Control de Enfermedades de EE. UU. establecieron unas directrices específicas que sirven a periodistas y comunicadores para reportar casos de suicidio de manera segura (CASP, 2004; CDC, 1994).

Las noticias sobre suicidio seguirán siendo reportadas en Paraguay y en el mundo. Por lo tanto, los medios de comunicación son aquí los principales responsables de proveer la información adecuada, en el momento preciso, implementando técnicas de cobertura y reportaje seguras y sensibles.

Explicaciones simplistas o románticas del suicidio, sobreexposición mediática, morbosidad en la forma de comunicar la noticia (por ejemplo, con fotografías del fallecido) y detalles excesivos sobre los métodos utilizados, entre otros, son elementos que terminarán por promover el “contagio” del suicidio, sobre todo en población vulnerable.

En su lugar, los periodistas y comunicadores sociales podrían transformarse en agentes de promoción de la salud mental, proveyendo en sus reportes y coberturas de noticias los siguientes elementos:

  1. Alternativas al suicidio (dónde consultar, tratamientos disponibles)
  2. Ejemplos de qué hacer frente a una crisis de intención suicida (por ejemplo, llamar a un amigo, consultar con un profesional)
  3. Signos de alarma del comportamiento suicida
  4. Cómo acercarse a una persona con intención suicida

 

13 Reasons Why: preguntas sobre salud mental

La serie de Netflix despertó la preocupación entre profesionales de la salud. (13 Reasons Why)

Finalmente, en una era en la que las personas consumen cada vez más vivencias a través de internet y donde los teléfonos celulares se han transformado en salas de cine móviles, no es posible dejar de resaltar el impacto que tienen las películas y series que se transmiten en el mundo digital. Un ejemplo de esto es la serie 13 Reasons Why, de la plataforma Netflix.

Esta serie ha tenido y tiene aún un gran número de seguidores en las redes sociales y ha atraído la atención de los medios de comunicación por las vividas representaciones que hace del bullying, la violación y el suicidio. Asimismo, ha generado preocupación en profesionales de la salud mental, que han afirmado que la serie muestra aquello que no debe hacerse pero sin ejemplos de lo que realmente se debería hacer.

Por ello, la Asociación Americana de Psiquiatría ha elaborado las 13 Preguntas sobre Salud Mental, insistiendo en la necesidad de informar acerca de qué debe hacerse cuando una persona se enfrenta al bullying, a la depresión, al trauma y al suicidio. Además, ha enfatizado que este tipo de series ficcionales, si bien pueden ayudar a reducir el estigma asociado a la salud mental, tienen la obligación de promover una adecuada búsqueda de atención en salud mental y tratamiento adecuado (APA, 2017).

¿Qué se debe hacer cuando un adolescente o un joven se enfrenta a problemas de bullying, depresión o ideas suicidas? Esta pregunta debe poder ser respondida por todos los medios de comunicación y difundida entre su audiencia cada vez que se toque un tema relacionado a la salud mental y al suicidio.

Los medios de comunicación tienen el alcance y el poder de la palabra, escrita o hablada, para generar cambios positivos, apoyar a las personas y ser aliados de los profesionales de la salud mental.

 

Las palabras son, en mí no tan humilde opinión, nuestra más inagotable fuente de magia, capaces de infligir daño y de remediarlo” —Albus Dumbledore, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte

 

Referencias

 

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Columnista de Ciencia del Sur. Doctor en medicina y cirugía, especialista en psiquiatría clínica y magíster en docencia médica superior (Universidad Nacional de Asunción, Paraguay), diplomado en psicodermatología (Academia Argentina de Dermatología y Psiquiatría y Universidad Maimónides, Argentina) y magíster en psicofarmacología (Universidad de Valencia, España). Se desempeña como profesor de psiquiatría, psicología médica, socioantropología y metodología de la investigación, como asesor de la Dirección de Investigaciones y como Director de la Filial Santa Rosa en la Facultad de Ciencias Médicas de la UNA. Es Investigador del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología - Programa Nacional de Incentivo a los Investigadores (PRONII). Es fellow de la American Psychiatric Association y miembro honorario de la World Psychiatric Association. Es presidente de la Academia de Dermatología y Psiquiatría del Paraguay (ADEPSI Paraguay) y presidente electo de la Asociación Paraguaya de Psiquiatría de la Infancia, Adolescencia y Profesiones afines (APPSIA). Sus líneas de investigación son epidemiología y psicopatología de los trastornos mentales; psicodermatología y fisioterapia en salud mental. Ha publicado 19 libros y más de 160 artículos científicos.

2 Comentarios

  1. Así como se ofrecen teléfonos para denunciar acoso o brotes fe dengue, deberíamos contar con sitios de apoyo para trastornos mentales, accesible y con capacidad de respuesta psra pacientes y familiares. Desde la salud pública se debe tratar el conjunto de sicopatologías como otras enfermedades, empezando por quitar prejuicios, estimular la consulta profesional y ofrecer asistencia eficaz.

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