aves rapaces
Las rapaces han evolucionado en impresionantes formas, colores, habilidades y cumplen un importante rol en la naturaleza. Buteo magnirostris (Hugo del Castillo).
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Las aves rapaces son en su mayoría aves carnívoras. Para sobrevivir dependen de la presencia de presas; aun cuando son carroñeras, los cuerpos en descomposición deben existir en el territorio. Así, las aves rapaces cumplen un rol clave en “limpiar” el ambiente de carcasas.

Un ave rapaz —también conocida como ave de presa o ave de rapiña— caza utilizando su mayormente potente pico y sus afiladas garras. Estas dos partes son por lo general grandes, fuertes y adaptados para desgarrar y perforar carne. A este grupo pertenecen los halcones, las águilas, los búhos y lechuzas.

Las técnicas de cacería son muy variadas y dependen de las especies. Algunas se lanzan desde el aire gracias a una aguda visión, mientras otras desde sus “perchas” observan el territorio para detectar los mínimos movimientos de sus presas y así lanzarse sobre ellas. Existen algunas especies que solo depredan sobre otras aves, así como otras que solo depredan sobre serpientes.

Aves rapaces del Paraguay

Busarellus nigricollis (Hugo del Castillo).

En Paraguay tenemos 69 especies de aves rapaces. Si bien algunas residen todo el año y nidifican en el territorio nacional, existen especies que son migratorias y que las tenemos durante parte del año.

En el subgrupo de los halcones tenemos 12 especies: el makaguaguaikuru o guaicurú (Herpetotheres cachinnans) es una de las más llamativas y se expone frecuentemente en los bosques, siempre prefiriendo alimentarse de serpientes.

Herpetotheres cachinans (Hugo del Castillo).

El kara kara o carancho (Caracara plancus) es quizás el más conocido por estar muy asociado con las rutas y caminos, siempre esperando tomar ventaja de algún animal atropellado.

Los accipítridos involucran a las águilas y especies relacionadas, con un total de 35 especies registradas para Paraguay. De este grupo, quizás el taguato ruvicha o águila harpía (Harpia harpyja) es el más llamativo, especie que posiblemente ya se haya extinguido del territorio nacional.

Uno de los más comunes podría ser el taguato jatyta o caracolero (Rostrhamus sociabilis), fácilmente visible a los costados de las rutas esperando por los caracoles que habitan los humedales o los mismos canales dejados por la construcción de las rutas.

Rosthramus sociabilis hembra (Hugo del Castillo).

También se destacan los strigiformes, que agrupa a las lechuzas y los búhos, con 16 especies conocidas para el país. Quizás el más común es la urukurea chichi o lechucita vizcachera (Athene cunicularia), la que solemos ver en sus cuevas en el suelo, observándonos tan sorprendidas como nosotros al descubrirlas.

Otro miembro de este grupo es el ñakurutũ guasu o ñacurutú (Bubo virginianus), de gran tamaño y visible que se distingue por sus “orejas”.

Athene cunicularia. (Hugo del Castillo)

El taguato rye morotĩ o águila pescadora (Pandion haliaetus) es una de las rapaces migratorias, vistosa y se la puede ver en la Bahía de Asunción.

Los buitresyryvu están agrupados en los catártidos, con cinco especies en el país, de las cuales el yryvu hũ o cuervo negro (Coragyps atratus) es un carroñero común cuando hay un cadáver.

En años de buen clima, la vegetación se hace más abundante y con ello la vida que alberga. Esto hace que exista mayor cantidad de presas, y es aquí cuando las aves rapaces actúan como reguladores de las poblaciones animales (que son sus presas), aportando al equilibrio del ambiente.

Cuando los biólogos vemos que se incrementan el número de aves rapaces, esto es normalmente debido a que hay mayor cantidad de presas. Además, la heterogeneidad de aves rapaces nos habla de una salud ambiental, ya que permite que exista variedad en la pirámide ecológica.

No solo vemos la abundancia (número) y riqueza (diferentes especies) de aves rapaces como una respuesta a la calidad ambiental por su presas, sino que también esto está influenciado por la disponibilidad de abrigo, de lugares para nidificar, de la ausencia de contaminantes e importantes cambios en la estructura de la vegetación.

En algunas ciudades se está viendo que hay un incremento de aves rapaces, y se ha demostrado que escapan a las áreas rurales por la gran cantidad de agroquímicos que afectan sus presas, haciendo que ya no estén disponibles. Inclusive hay aves rapaces que se alimentan de insectos y pequeños vertebrados, jugando un rol clave en el control y eliminación de plagas, principalmente para la agricultura.

Buteogallus meridionalis (Hugo del Castillo).

La cetrería es una actividad deportiva que utiliza aves rapaces entrenadas para alejar a animales que no son deseables, como las palomas en estaciones terminales de trenes y ómnibus. A muchos puede no gustarnos; sin embargo, este arte que ha evolucionado con el tiempo se destaca como una “simbiosis entre el hombre y las rapaces”. Hoy en día, estas aves entrenadas sirven por ejemplo en los aeropuertos, evitando las colisiones de las aves con las aeronaves.

Las rapaces han evolucionado en impresionantes formas, colores, habilidades y cumplen un importante rol en la naturaleza, manteniendo el equilibrio al que nos hemos sumado como parte del mundo natural.

En Paraguay tenemos al menos dos publicaciones que hablan de este mundo de las rapaces (de la Peña 2010; Narosky e Yzurieta, 2016). Las rapaces han sido histórica y culturalmente importantes para el desarrollo de la humanidad, y exterminarlas significa prácticamente permitir que muchas especies puedan transformarse en plagas. También sin aves carroñeras, los ambientes estarían con cadáveres que no serían “procesados” biológicamente, aumentando la contaminación ambiental.

Referencias

 

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