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Aunque el mundo esté parado, los investigadores paraguayos siguen activos para buscar soluciones en esta pandemia por COVID-19, según afirmó Dr. Javier Barúa, Director General de Investigación Científica y Tecnológica en la Universidad Nacional de Asunción (UNA). En ese sentido, la academia se encuentra con el desafío de generar conocimientos propios, que puedan implementarse en nuestro país.

Condujeron la conferencia el director de Ciencia del Sur, Eduardo Quintana y el editor de ciencias sociales y humanidades, Fabrizio Pomata. Este último hizo hincapié en la necesidad de entender y enseñar cómo se practica la ciencia, para que la ciudadanía sepa de los alcances y límites de la investigación.

Una de instituciones que más protagonismo está teniendo es el Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Salud (IICS) de la UNA, debido a que todo el equipo de investigación y el laboratorio se encuentran acompañando el proceso de diagnóstico del nuevo coronavirus, de modo que puedan obtenerse resultados con mayor celeridad.

Este 8 de julio cumplió 40 años de existencia y es uno de los centros que más ciencia hace en nuestro país en su área.

“Es un semillero de muchos expertos en biología molecular y uno de los ejes más emblemáticos en el área de salud. Actualmente, cuenta con 80 docentes investigadores”, contó la Dra. Zully Vera, química farmacéutica y rectora de la UNA, en el marco del ciclo de webinarios gratuitos «La ciencia paraguaya frente a la COVID-19». 

Por otra parte, el Centro de Estudios Virtuales se ocupó de desarrollar una plataforma llamada InnovaLab para hacer la transición de las clases presenciales a las clases a distancia. Además, ejecutó cursos dirigidos a docentes para capacitarlos en materia de tecnología.

“Algunas facultades pudieron adaptarse al cambio más rápidamente y otras tuvieron que hacerlo de forma gradual. Estamos en proceso de fortalecimiento de toda esa estructura tecnológica”, señaló la Rectora.

La Dra. Zully Vera, Rectora de la Universidad Nacional de Asunción, fue la primera conferencista del webinario de Ciencia del Sur.

En cuanto a los proyectos encabezados por la universidad para sobrellevar la pandemia, el Dr. Barúa citó algunos de los más importantes, como la propuesta de la “Terapia con plasma de convalecientes de COVID-19”. Su objetivo es evaluar la efectividad de la terapia temprana con plasma convaleciente COVID-19, para disminuir la mortalidad en pacientes hospitalizados y que presenten algún factor de riesgo de deterioro clínico.

Asimismo, se encuentran realizando ensayos clínicos con hidroxicloroquina como posible profiláctico con la finalidad de determinar sus posibles efectos y riesgos adversos, aunque varios de los estudios sobre el tema se paralizaron o se dejaron de lado en el mundo. También, están evaluando los dispositivos de desinfección por aspersión a empleados para evitar la propagación de la COVID-19.

“Estos dispositivos se popularizaron bastante en algún momento pero su eficacia sigue en duda. Inclusive la Organización Mundial de la Salud y nuestro Ministerio de Salud llamaron a la prudencia de su uso”, destacó Barúa.

La controversia radica en que los productos químicos deben dispersarse sobre las personas con la posibilidad de aerolizar partículas virales. “Entonces podríamos tener un efecto más nocivo que positivo. Queremos validar su uso  para que la ciudadanía tenga mayor seguridad”, explicó.

Igualmente, están siendo ejecutados proyectos de impermeabilización de tela de algodón con triglicéridos de aceite de soja, algo que para Barúa es muy prometedor porque de lograr producir material de calidad, podríamos tener más independencia de productos importados.

La validación de ciertos respiradores manuales como apoyo y los ventiladores específicos de uso en terapia es otra de las investigaciones en curso, que requieren de pruebas muy estrictas para validar su efectividad.

Escepticismo y otros desafíos

En tanto, el escepticismo de comunidades rurales ante COVID-19 es otra de las aristas que la universidad se encuentra evaluando, con el objetivo de determinar las consecuencias de la incredulidad hacia la ciencia y cómo podría afectar al bienestar de Paraguay.

En materia económica también ya hay proyectos o estudios sobre las deudas vencidas, la capacidad de reinvención de las empresas para sobrevivir y las proyecciones económicas de impacto económico que podría tener la pandemia en Paraguay.

“Es muy importante que la universidad demuestre que puede ser útil como generadora de conocimientos. Tenemos decenas de proyectos dirigidos a dar una respuesta a la pandemia”, destacó la rectora Zully Vera.

Sin embargo, en palabras del Dr. Javier Barúa “esto nos obliga a priorizar si lo que estamos investigando servirá a la sociedad o podrá generar productos o servicios que sean transferidos a las empresas privadas”.

Dos de los desafíos que presentó la Rectora tienen que ver con la internacionalización de la universidad y la atención a las dificultades de acceso a internet por parte de alumnos, que se encuentran localizados en diferentes puntos del Paraguay, incluyendo lugares donde la conectividad es baja o nula.

Ambos profesionales finalizaron recalcando la relevancia de que Paraguay produzca sus propios datos con el propósito de que la academia se convierta en asesora de instituciones, empresas, ministerios y secretarías.

El ciclo de webinarios, organizado por Ciencia del Sur, continúa hoy y se extenderá hasta el viernes 17 de julio. Los encuentros abordarán temas de epidemiología, virología, modelos matemáticos, salud mental y políticas científicas.

El Dr. Javier Barúa, director de la DGICT de la UNA, dijo que el desafío es generar conocimientos para resolver problemas del país. (Ciencia del Sur)

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