2 min. de lectura

 

Los cambios universitarios significativos en nuestra cultura latinoamericana se han logrado mediante revueltas estudiantiles. Hace unos años, en una rebelión estudiantil en Paraguay, un grupo de profesores y estudiantes interesados en la reforma universitaria hemos presentado ante la Asamblea Universitaria una propuesta de cambios de estatutos de la Universidad Nacional de Asunción (UNA).

El documento fue archivado por las autoridades.

En la última crisis, tipificada por el movimiento UNA No te calles, a la tragedia académica se agregó la corrupción, pero perduraron los problemas. Por ello, seguimos creyendo perentorio realizar profundos cambios en la filosofía y estructura de la obsoleta universidad pública que incluye a la Facultad de Ciencias Médicas (FCM) como prototipo.

Necesitamos una nueva visión de universidad que facilite la investigación contrastando con el actual modelo escolástico-profesionalista que ya no cumple con las exigencias de las sociedades modernas, que basan su accionar en la producción de conocimientos.

Nuestra universidad no es meritocrática pese a que el mérito figura entre las condiciones para ganar un concurso. Entonces es importante redefinir al mérito académico como la producción intelectual fácilmente demostrable en las disciplinas científicas. Es uno de los aspectos más cruciales en cualquier propuesta de transformación universitaria.

Este cambio a un sistema de jerarquías ganadas por mérito de producción científica y no por la vis a tergo de los años del escalafón cerrado se relaciona con la manera de trabajar de las grandes universidades del mundo y permite el crecimiento académico mediante el estímulo a la creación científica.

El nuevo modelo permitirá el recambio competitivo de docentes donde el principal mérito no sea la antigüedad, la acumulación cuantitativa de certificados ni las subjetivas aptitudes, sino la producción intelectual original objetivamente demostrable. Mucho menos el parentesco, la amistad o la solidaridad partidaria, que hoy destruyen nuestra universidad.

En el esquema propuesto se elimina el escalafón cerrado de docentes por el que un profesor rígidamente debía ascender cada tanto tiempo a la categoría siguiente, sin poder dar saltos de una categoría menor a la superior.

El escalafón cerrado no permite el avance de los mejores o más productivos docentes y deja en los cargos a los menos aptos y muchas veces a mediocres docentes fracasados en su profesión, que son los más apegados a eternizarse en los cargos y no dar lugar al ascenso natural de los jóvenes más meritorios.

Los Jóvenes Investigadores de la UNA también se habían manifestado en la Primavera Estudiantil de 2015, exigiendo más fondos y protagonismo a la producción intelectual. (Ciencia del Sur)

El nuevo sistema permitiría que los jóvenes de gran producción intelectual puedan optar por concurso a cualquier cargo jerárquico superior y en cualquier momento. Al no existir el escalafón cerrado, si la producción es alta puede directamente concursar para el cargo relacionado con su nivel científico saltando categorías. Por ejemplo de instructor a profesor asociado o de profesor asistente a profesor titular o incluso a jefe de cátedra.

Este sistema permitirá que todos los docentes se esmeren en su producción. Hay ejemplos de jóvenes profesores investigadores superando apenas los 30 años que ya fueron jefes de cátedras y que poco después obtuvieron el premio Nobel, como el caso del patólogo venezolano Dr. Baruj Benacerraf, en la Universidad de Harvard. Un profesor antiguo de mucha producción intelectual no debe temer la competencia de un joven productivo.

Sin embargo, un profesor antiguo improductivo será rápidamente reemplazado por otro más joven o de más edad pero más productivo.

Este darwinismo académico es característico de las grandes instituciones universitarias productoras de conocimiento. El sistema permite que los más talentosos ocupen altos cargos académicos. La habitual pregunta de quién mide la producción de los profesores no es problemática y se la realiza evaluándose la cantidad y calidad de las publicaciones.

En cada disciplina se conocen las buenas y las malas publicaciones. La antigüedad pierde sentido en el nuevo sistema dado que nunca se gana ni se pierde antigüedad —el único parámetro es la producción intelectual.

 

∗ Este artículo se publicó previamente en los Anales de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Fue editado especialmente para Ciencia del Sur.

 

¿Qué te pareció este artículo?

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (24 votos, promedio: 4,75 de 5)

Compartir artículo:

1 Comentario

  1. Esta propuesta es el equivalente universitario a eliminar las listas sábanas para las elecciones. Es normal que sea resistido con uñas y dientes, de los jóvenes depende el poder imponerlo, ojalá que ellos mismos se convenzan de que este es el camino.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here