El Dr. Cristhian Parra es investigador en la Universidad Católica de Asunción. (Gentileza)
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Para el informático e investigador Cristhian Parra, de la Universidad Católica de Asunción, la crisis desatada por el Conacyt pone en riesgo los programas de investigación y al sistema de ciencia y tecnología. Es el peor momento para politizar el Consejo, a criterio de Parra que también pide un Conacyt compuesto por investigadores.

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología realizará cambios en evaluaciones y adjudicaciones de proyectos, a partir de denuncias en redes sociales. Esto despertó alerta en la comunidad científica paraguaya, que exige ahora un organismo integrado mayoritaria o completamente por científicos. Varias instituciones criticaron estas nuevas resoluciones.

Por ello, Ciencia del Sur y el Instituto de Patología e Investigación (IPI) organizan un conversatorio en el marco de Ciencia Abierta, para abordar la crisis, este jueves 25.

Además de Antonio Cubilla, Fátima Mereles y Esteban Ferro, el joven investigador Cristhian Parra integrará la mesa del evento. Parra (1984) es ingeniero informático por la Universidad Nacional de Asunción y tiene un doctorado en tecnologías de la información y comunicación por la Universidad de Trento, Italia. Es investigador y profesor en la Facultad de Ciencias y Tecnologías de la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción (UC).

Por uno de sus trabajos, recibió una mención de honor en el Premio Nacional de Ciencia 2018. Además, tiene varias publicaciones, premios y menciones. Está categorizado en el Programa Nacional de Incentivo a los Investigadores (PRONII) del Conacyt. Sus principales líneas de investigación tienen que ver con Human Computer Interactions e informática social.

Para entender el contexto de la crisis desatada, conversamos brevemente con el profesor.

-¿Cuáles son sus líneas de trabajo?

Mi línea de trabajo se desarrolla en el campo multidisciplinario que se conoce como Human Computer Interactions, o Interacción Persona-Computadora en español, que estudia el diseño y uso de tecnologías, enfocados en la interfaz entre las personas y las computadoras.

Desde esta disciplina, enmarcada en las ciencias de la computación, contribuyo a proyectos de lo que se podría llamar «Informática Social«, que estudia el diseño, los usos y efectos de las tecnologías de la información y la comunicación en contextos socioculturales, comunitarios o institucionales.

-¿Qué está investigando actualmente?

Actualmente, soy el Investigador Principal del proyecto PINV15-188, que diseña, implementa y evalúa, en un experimento controlado, un programa de participación de la comunidad en el combate contra el dengue y otras arbovirosis, facilitando esta participación con TICs existentes, mejorándolas a partir de la experiencia, o diseñando nuevas tecnologías, e investigando el impacto de su uso.

También trabajé en el proyecto PINV14-102 Participa, que investigó sobre tecnologías para la participación ciudadana, y en el marco del cual escribimos un artículo que recibió una mención de honor del Premio Nacional de Ciencia 2018. Sobre este proyecto, ya concluido, acabamos de enviar un artículo al ACM Journal of Social Computing, en el que analizamos el uso de Twitter en las pasadas elecciones de Paraguay, lo que sirve de muestra de cómo la investigación no termina en los límites de un proyecto.

El tema de la participación, como medio de desarrollo y empoderamiento de las personas y comunidades, en la ciencia, en gobernanza, en diseño, es un tema que, de alguna forma, siempre forma parte de mis proyectos, tanto en mi Ph.D. como en mi posdoctorado, como ahora también en mis proyectos actuales.

Me interesa seguir explorándolo de manera interdisciplinaria como lo hago actualmente, conectando el mundo de las ciencias de la computación con otras disciplinas en las ciencias sociales y otras ciencias, como lo vengo haciendo desde mi doctorado.

-¿Por qué es importante debatir sobre la crisis de la ciencia en Paraguay?

Es importante porque nuestro ecosistema de investigación científica es emergente. Antes de ProCiencia, las oportunidades de hacer ciencia en Paraguay eran escasas, como así también los incentivos para seguir una carrera académica o atraer investigadores ya afianzados de afuera.

Como resultado, muy pocos optaban, casi heroicamente, seguir la carrera académica. ProCiencia, PRONII y los demás programas que se lanzaron desde el Conacyt en los últimos 10 años significaron un salto importante en la escala de nuestro ecosistema.

Y esos programas se encuentran ahora ante el grave riesgo de ser utilizados políticamente por grupos cuyos intereses poco tienen que ver con la ciencia y su avance en plena libertad. Es importante debatir sobre esto para desnudar la poca, o inexistente, rigurosidad de las denuncias y críticas que se realizaron en redes sociales.

De esta forma los ciudadanos entenderán mejor de qué hablamos cuando mencionamos investigación, innovación y desarrollo desde las ciencias. También para forzar a que las críticas que se realicen se hagan con el rigor científico necesario.

-¿Cómo ve el desarrollo de las investigaciones en el país?

Desde mi perspectiva, la investigación en Paraguay es “emergente». En los últimos 10 años, por primera vez en la historia, se abrieron oportunidades reales de escalar la investigación a niveles competitivos (a nivel regional al menos).

Los demás miembros de este panel de Ciencia Abierta son parte de ese grupo de héroes que decidieron, por fortuna para nuestro país, asumir la carrera académica a pesar de todas las limitaciones y las escasas oportunidades que ofrecía nuestro país.

Con la llegada de ProCiencia y PRONII todo esto cambió. Hacer investigación ahora, por primera vez, puede dejar de ser la excepción a la regla, para convertirse en una opción seria, interesante, y potencialmente consistente. Una carrera para muchos paraguayos que tienen la curiosidad y actitud para ser científicos.

Ser «emergente» también implica que estamos aprendiendo. Que muchos de nuestros esfuerzos serán similares a los esfuerzos de un niño que está empezando a caminar. La calidad, que es lo que de cierta manera algunos cuestionan sin rigor, es un proceso que en nuestro caso está en sus inicios. Este es el peor momento para politizar el Conacyt.

En cambio, es una oportunidad ideal para conformarlo por científicos, no políticos. Por eso se trata de un momento clave para el desarrollo futuro de nuestras investigaciones, su libertad, su diversidad, su escala y su calidad.

-¿Qué falta para mejorar la ciencia en nuestro país?

Falta invertir más en capacidades de divulgación científica. Falta invertir más en lograr que nuestros investigadores escriban y publiquen en revistas de alta reputación, presenten en congresos internacionales de alto nivel. Ayudarnos a lograr esto, reduciendo, por ejemplo, la burocracia de los proyectos (del Conacyt y de las instituciones que investigan).

Publicar requiere mucho esfuerzo. Requiere dominio de otros idiomas (principalmente el inglés). Implica crear redes con investigadores de otros países. Conocer las publicaciones en los que se podrían compartir los resultados de un proyecto. Poder evaluar su reputación e impacto.

Y muchos otros etcéteras en los que el Conacyt podría invertir para ayudar a los investigadores, destinando recursos a la mejora continua de estas capacidades. Que incluyan ofrecer orientación, facilidades de edición de artículos para mejorar el lenguaje de los mismos y conectar a investigadores locales con grupos de investigación experimentados con el objetivo de sacar al menos una publicación.

Además, falta traer congresos internacionales de diversos temas a Paraguay e incentivar a que las comunidades académicas se encuentren aquí.

También se puede avanzar premiando a los proyectos e investigadores que publican. A nivel de investigadores esto se hace con el PRONII. Faltaría hacerlo con instituciones, creando y manteniendo evaluaciones que resulten en rankings u otras estrategias de medición de la reputación científica.

También creo que puede mejorar la ciencia conectando con los investigadores paraguayos que están afuera, invirtiendo en estancias cortas de visita, con resultados concretos. Falta, además, mejorar la conexión entre academia e industria, incentivando y premiando a las empresas o fábricas que invierten en I+D, y acogen a investigadores juniors para hacerlo.

Un tema del que se habla mucho es la necesidad de priorización. Aunque no soy partidario de esto porque creo que la ciencia debe desarrollarse en libertad de temas, entiendo que puede ser una necesidad pragmática. Dichas prioridades ya existen en cierta manera, en la forma en que se organizaron los ejes de ProCiencia, pero su definición puede ser más transparente.

A priori, yo me inclino por un Consejo de Científicos que determine y transparente estas prioridades, pero podríamos experimentar con algo más arriesgado y democrático, lanzando un proceso de democracia deliberativa, al estilo de los orígenes de la democracia.

Un proceso que involucre a ciudadanos y científicos seleccionados por sorteo, para discutir, investigar, analizar, deliberar y finalmente decidir las temáticas de priorización, a lo largo de un proceso deliberativo bien diseñado, transparente y adecuadamente facilitado. Muchas experiencias de este tipo están surgiendo hoy en día para responder a la crisis de las democracias.

Miles de ciudades tienen procesos de estas características para decidir qué hacer con porcentajes de sus presupuestos, incluyendo París, Madrid y Nueva York, entre otras. Aplicarlo a la definición de las prioridades podría transparentar, aumentar la confianza ciudadana, y zanjar esta crisis en la que de alguna forma se instala la idea de que hay una brecha entre ciudadanos y científicos. Y sería un lindo experimento para analizar científicamente.

-¿Debe la sociedad saber de ciencia y cómo se construye en Paraguay?

Sí, absolutamente. La mayor parte de la crisis actual surge de un desconocimiento de los procesos y actividades involucradas en el día a día de los investigadores. También tenemos que hacer más actividades de extensión que acerquen la ciencia a las comunidades locales.

Necesitamos demitificar a la ciencia como una actividad limitada a una élite intelectual y facilitar la participación de la ciudadanía en espacios y actividades que eduquen en ciencia a través de la práctica. Programas de ciencia ciudadana similares a los impulsados por proyectos como SETI o como el Global Observer de la NASA.

Ferias, exposiciones en colegios, concursos, etc. Todo lo que sirva a que más gente conozca y participe es fundamental y ayudará a elevar la calidad del debate público en otras cuestiones, más allá de la ciencia.

El investigador Cristhian Parra (último de izq. a der.) junto a su grupo de investigación, que recibió una mención de honor en el Premio Nacional de Ciencia 2018. (Gentileza)

«Nuestro ecosistema de investigación científica es emergente. Antes de ProCiencia, las oportunidades de hacer ciencia en Paraguay eran escasas, como así también los incentivos para seguir una carrera académica o atraer investigadores ya afianzado»

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