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Que Paraguay sigue siendo un país con escasa tradición científica es una realidad muy presente en la comunidad local de investigadores y en los aficionados a las ciencias. Nuestras políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación son de este siglo, y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) nació recién en 1997 con el propósito de establecerlas e impulsarlas. Según el Plan Nacional de Desarrollo, Paraguay debe tener una economía del conocimiento para 2030, dentro de apenas una década.

¿Cómo puede lograrlo cuando las bases tambalean y falta apoyo decidido a la investigación y desarrollo? El país en su conjunto apenas invierte 0,20 % del PIB en ello y hace poco la Universidad Nacional de Asunción, la que más investigaciones hace, entró en paro para conseguir equidad salarial entre los docentes. En el sector privado, a diferencia de otros países, la contribución es aún marginal.

Fuente: Indicadores de Ciencia y Tecnología 2017, Conacyt.

A través de los años el Conacyt se destacó no solamente por atender la ciencia, sino por funcionar de manera relativamente eficiente, en el medio del caos, corrupción y desorganización de los estamentos gubernamentales paraguayos. Sin embargo, en los últimos meses esta institución cobró notoriedad por las irregularidades y desprolijidades administrativas.

Son varias las crisis en menos de 12 meses, pero las que más destacaron fueron el intento de politizar los criterios de evaluación de trabajos y propuestas por personas no calificadas, el gasto excesivo en la Expo de Mariano Roque Alonso y el pago indebido de Gs. 1.100 millones a investigadores. Además, la detección de plagio de una investigadora de la Universidad Nacional de Itapúa financiada por el Conacyt y la renuncia del antiguo secretario ejecutivo, Idelín Molinas.

¿Qué sigue?

El Conacyt renovará su consejo y su presidencia este año. La terna la debe conformar el mismo cuerpo y finalmente el presidente de la república Mario Abdo Benítez decidirá quién presidirá por dos años la institución. Son 15 organizaciones las integrantes del consejo, quienes nombran a un consejero titular y otro suplente. La mayoría no se dedican a las ciencias o a la investigación.

La primera tarea es verificar que los organismos elijan consejeros que sean investigadores o que estén relacionados al mundo científico y tecnológico ya sea como gestores o expertos en políticas de generación de conocimiento.

En segundo lugar, el próximo presidente o presidenta del Conacyt debe ser una figura intachable. Esto significa no estar vinculado a ningún hecho de corrupción. Debe ser un líder que represente genuinamente a la comunidad de investigadores y entienda no solo de ciencia, sino también de humanidades, tecnología e innovación.

Empero, los principales cambios deben ser estructurales. El Conacyt debe desligarse de la lógica estatista paraguaya si quiere despegar, simplificando la burocracia, trasparentando su trabajo y colocando a gente idónea en los cargos relevantes.

Un órgano rector de la ciencia conformado mayoritariamente por no científicos no solo es un despropósito, sino una práctica ilógica en detrimento del mismo sistema. Quienes mejor conocen cómo dar el próximo paso a la sociedad del conocimiento son quienes han trabajado con el mecanismo, la filosofía y los alcances de las investigaciones. Esto no significa que el Conacyt deje de contar con mejores administradores, asesores jurídicos o gestores, sino que reconozca los méritos, la pertinencia y la justicia de un sector largamente postergado.

La evaluación de los proyectos debe agilizarse y ser mediante pares, como en cualquier institución seria que financie investigaciones, apuntando a la excelencia. Debe velar por que las publicaciones de estudios se hagan en revistas de calidad, arbitradas e indexadas, buscando erradicar el amiguismo y la endogamia que perpetúan la mediocridad y la falta de diversidad en nuestras instituciones.

Hay dos caminos. Paraguay puede seguir como si estuviéramos en el siglo pasado, ignorando realidades que requieren una previa inversión en ciencia y tecnología hasta que es demasiado tarde, como la edición genética, la automatización de la economía, la sobrepoblación urbana, la inteligencia artificial o el cambio climático. O bien puede despertarse de su largo aletargamiento y apostar de una vez por el conocimiento y sus aplicaciones para tener una oportunidad de dar respuesta a estos desafíos.

 

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