Para tener chances reales de transformar la economía nacional, además de las estrategias del Plan Nacional de Desarrollo 2030, es necesario desechar la cultura del tráfico de influencias. (Ciencia del Sur)
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A primera vista, la relación entre la cultura del tráfico de influencias y el atraso económico puede no ser enteramente obvia. Sin embargo, mirando con un poco de detenimiento, podemos notar fácilmente que poseen una estrecha conexión que, una vez percibida, nunca puede dejar de notarse.

La economía del conocimiento y el Paraguay

El concepto de economía del conocimiento (knowledge economy) hace referencia a un modelo económico en el que las actividades productivas están fuertemente relacionadas a la generación y aplicación de conocimientos avanzados. Como es natural esperar, un modelo de ese tipo tiene una fuerte vinculación con los avances tecnológicos y científicos, así como con la posibilidad de agregar valor significativo a los productos y servicios nacionales.

La visión para el Paraguay en el 2030, resultado de una amplia consulta pública y plasmada en el Plan Nacional de Desarrollo 2030, plantea (muy acertadamente) entre sus propósitos principales la transformación del modelo económico nacional hacia una economía del conocimiento.

Las estrategias propuestas para generar tan desafiante cambio incluyen, naturalmente, la transformación del panorama de oportunidades para las jóvenes mentes que albergarán el conocimiento que soportaría un modelo de ese tipo. Esto pasa por la lucha contra la extrema pobreza, el mejoramiento del sistema de educación básica y secundaria, así como de las universidades nacionales y la expansión del acceso a internet.

Las medidas mencionadas son de tan obvia importancia que cuesta imaginar a alguien capaz de negar que su atención es una condición absolutamente necesaria para el avance del país. Asumiendo de manera provisoriamente optimista que tales medidas sean llevadas adelante con éxito, lo que cabe plantearse es qué otros cambios se necesitan.

El valor pragmático de la educación

La transición hacia una economía del conocimiento requiere que los jóvenes habitantes del Paraguay persigan una educación de calidad. Para que eso ocurra, deben existir estímulos económicos y sociales asociados al progreso de la formación personal en temas de importancia estratégica nacional.

Si la educación no sirve como elemento de transformación de la calidad de la propia vida, si no sirve como medio para ascender socialmente y adquirir independencia y poder sobre el mundo y la sociedad, la formación superior se mantendrá limitada a una pequeña élite de excepcional amor al conocimiento, que además esté dispuesta a vivir en relativa pobreza.

La necesidad de esta visión pragmática de la educación en el Paraguay nada tiene de nueva. De hecho, es la que ya planteaba Serafina Dávalos en su tesis “Humanismo” hace más de 110 años.

El valor de mercado de la educación en el Paraguay

La cantidad de organizaciones paraguayas que utilizan la palabra “universidad” en su nombre oficial haría pensar a cualquiera que la educación superior es valiosísima en el Paraguay.

Sin embargo, antes de celebrar nuestro imparable movimiento hacia una economía del conocimiento, habría que cuestionarnos si los estudiantes están realmente invirtiendo sus recursos en búsqueda de saberes o si lo hacen apenas en búsqueda de certificación. La respuesta a esta pregunta es fundamental para determinar si la educación tiene o no un valor de mercado en el Paraguay.

Podemos plantear la misma pregunta sobre la educación primaria y secundaria. ¿Son los colegios y escuelas más caros aquellos en los que mejor se aprende? Si la cuota se duplica o triplica de una institución a otra, ¿es esperable que lo que sepan los egresados de la más cara sea muy superior a lo que saben los egresados de la escuela menos onerosa?

La respuesta a estas cuestiones variará, sin dudas, de institución a institución y de persona a persona, pero alguna tendencia general que pueda identificarse sería de mucha relevancia.

El país del tráfico de influencias

Si bien en el Paraguay, como en todos lados, existen ejemplos de personas que han mejorado enormemente su situación económica gracias a su educación y la posterior honesta aplicación de los conocimientos adquiridos, todavía cabe la pregunta de si es ese el medio más efectivo para mejorar la situación económica de los individuos.

En las conversaciones informales, otro factor se destaca como un fuerte competidor por el primer lugar: los “contactos”.  Allí aparece el ya gastado y semipícaro comentario de que Paraguay es “el país de los amigos”.

Esa frase tal vez sea uno de los mejores ejemplos del peligro de los eufemismos, que si bien tienen gran utilidad cuando deseamos evitar ser desagradables con alguien, también pueden acostumbrarnos a no incomodarnos cuando contemplamos algo verdaderamente macabro.

No siempre, pero sí en muchos casos, la frase “el país de los amigos” hace referencia a la ubicuidad del tráfico de influencias; la preponderancia del cual significa que, frecuentemente, la educación personal es un camino bastante menos prometedor que la asociación con personas influyentes.

Si bien la utilización de las redes personales de contactos es parte intrínseca de nuestra naturaleza social, cuando esta se utiliza sin escrúpulos, en un ambiente en el que predominan la corrupción y la impunidad, dejan a la educación de calidad en un lugar casi irrelevante en la lista de medios para ascender económicamente.

El futuro

Para que existan chances reales de transformar la economía nacional, además de las estrategias planteadas en el Plan Nacional de Desarrollo 2030, es necesario desechar la cultura del tráfico de influencias.

La alternativa nos dejaría con universidades cuyo producto no es el conocimiento, y colegios y escuelas que tendrán mayor valor de mercado como semilleros de tráfico de influencias que como centros de desarrollo de las capacidades de los jóvenes.

Resulta muy difícil imaginar medidas simples que sean capaces de efectivizar un cambio cultural tan profundo en escalas de tiempo aceptables. Sin embargo, la identificación explícita de los mecanismos que conectan el tráfico de influencias con el atraso económico es un primer paso, y uno muy necesario para que haya alguna esperanza de cambio.

 

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