En Paraguay, OMAPA tiene un programa de jóvenes de talentos. (OMAPA)
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De niño siempre me costó entender por qué los bullies parecían ensañarse especialmente con quienes se destacaban  por sus facultades mentales, y no así con quienes brillaban en otras áreas. Esta peculiar fijación de los acosadores también aparecía en la cultura popular.

De hecho, los millennials crecimos viendo película tras película que Hollywood escupía, en la que el destacado deportista era básicamente venerado por las masas y el intelectual precoz era tratado como un ser despreciable. Yo entendía que los bullies tendían a buscar víctimas que parecen débiles, pero eso no explicaba por qué preferirían atacar específicamente a intelectuales incipientes.

La conclusión a la que llegué pasa por el hecho de que las personas tienden a identificar la esencia fundamental de su ser con el contenido de su mente. La pregunta “¿Quién soy yo?” suele tener como eje central de su respuesta lo que estas personas creen, sienten y saben. Entonces, si alguien parece tener una mente que en algún sentido es más capaz (o al menos más rápida), las inseguridades personales pueden fácilmente sugerirte que su simple existencia es prueba de que tu valor como ser humano es menor que el de otros. 

Esto puede generar un rechazo enorme a quienes, con sus éxitos académicos, parecen forzar a sus pares a replantearse su propio valor personal.

Esta confusión moral se desvanece inmediatamente cuando uno entiende que el valor de un ser tiene que ver con su capacidad de tener experiencias conscientes y no con su rapidez para resolver un problema específico. Todas las personas tenemos el mismo valor porque somos igualmente capaces de sentir alegría y también dolor. 

Es por eso que vale la pena hacer esfuerzos equitativos para aumentar el bienestar y disminuir el sufrimiento de todos por igual.* Una vez entendida esta cuestión elemental, las diferencias en habilidades intelectuales entre personas dejan de ser un tabú. Lastimosamente, la falta de claridad moral facilita que los impulsos crueles de unos victimicen a otros.

Cuando los bullies tienen el poder

La infancia de un joven talento puede ser difícil si recibe bullying de parte de sus pares, pero al menos el mundo está cambiando y esto se combate. Desafortunadamente, esta no es la única fuente de maltrato posible. Los jóvenes intelectualmente precoces pueden también ser víctimas de la crueldad de parte de adultos, incluso de aquellos que supuestamente deben velar por su bienestar.  

La crueldad es una gran maestra del disfraz. Con suma facilidad se viste de preocupación moral o de buena intención. Notablemente, la edad solo parece mejorar su habilidad de enmascararse. Es mucho más común ver a un adulto que a un niño ser cruel bajo el pretexto de preservar la moral. Los actos crueles de los niños suelen ser más explícitos aunque, paradójicamente, más excusables.

La crueldad disfrazada de moral se evidencia en frases como “no hay por qué darle un trato especial”, “todos son iguales”, “tiene que aceptar que el mundo no se va a adaptar a él”. Juicios que demuestran el rechazo a la atención individualizada de los estudiantes bajo un velo de supuesto igualitarismo, aunque ese tenue velo frecuentemente deja ver un cierto disfrute en el sometimiento de quien es distinto a la regla diseñada para la media.

Otras frases corrientes que esconden un rechazo a la diversidad de habilidades suelen ser “dejen al niño ser niño”, y “puede ser que intelectualmente esté preparado pero no emocionalmente”. Aquí, el disfraz es la preocupación por el bienestar ajeno y es más sútil, menos evidente que el anterior. 

Este disfraz solamente se evidencia cuando caemos en cuenta de que todo educador es plenamente consciente de la gran diversidad de talentos, de ritmos de desarrollo emocional, y de afinidades en sus estudiantes. Siendo así, sabe que regularmente aparecen jóvenes muy talentosos, así como mucho más maduros que el resto en sus clases. Entonces, si la preocupación fuera genuina, buscaría evaluar la madurez emocional y las necesidades reales del individuo para tomar la decisión más adecuada para el caso específico. 

La máscara cae cuando en vez de buscar la evidencia del caso, el adulto elige substituirla por su corazonada genérica sobre lo que espera que se aplique a un niño a quien no ha evaluado.

Tal vez el hecho que mejor ilustra la falsedad del “dejen al niño ser niño”, es que cuando ese niño tiene talento para algún deporte, nadie se opone a que se lo lleven a los 14 o 16 años a otro país, muchas veces a vivir lejos de sus familias, para transformarlo en un atleta de élite. Es más, se hace esto con requerimientos de evaluación de la madurez emocional muy inferiores a los que se demandan para la promoción académica acelerada. 

Podríamos pensar que, en el caso de jóvenes atletas, la falta de oposición viene exclusivamente del deseo de que este se beneficie económicamente, pero las habilidades intelectuales son (en general) una apuesta mucho más confiable para la progresión económica, y el rechazo a la aceleración del entrenamiento solo se observa en lo académico, incluso cuando la familia lo apoya.

Es en esta forma disimulada en que los adultos dan riendas sueltas a su crueldad con quienes no encajan en el conveniente cuento de que la media es para todos. Para quienes no han entendido que la habilidad intelectual no es sinónimo de valor como ser humano, es preferible no ver las necesidades individuales a arriesgarse a ser confrontado con la incomodidad que les genera la diversidad.

Encontramos aquí una típica manera en la que los jóvenes académicamente talentosos son victimizados por los adultos. Tal vez tuvieron la suerte de escapar de esos bullies de su edad, pero se encontraron con que los mayores que controlan sus vidas son apenas versiones más grandes, más arrugadas y mejor disimuladas de aquellos niños moralmente confundidos que no han aprendido a canalizar sus impulsos crueles y, que como buenos bullies, los dirigen a quienes no pueden defenderse.

La cara de la genuina preocupación

El genuino interés por lo que es mejor para un intelectual incipiente se revela en la consideración cuidadosa de su situación particular. Quienes realmente buscan velar por el mejor desarrollo integral del estudiante consideran, además de las aptitudes que este demuestra, los deseos que manifiesta, las experiencias que tiene con diferentes espacios que pueden acomodarlo, la manera en que procesa emocionalmente un camino individualizado versus cómo vive el camino de la media.

En Paraguay, una organización líder en la atención especializada a jóvenes talentos es Aikumby, un centro de altas capacidades y creatividad. Ellos evalúan a niños, acompañan y apoyan a las familias y escuelas en el proceso de ofrecer desafíos adecuados para el desarrollo de altas capacidades de aprendizaje. 

Su trabajo se fundamenta en los resultados de rigurosas investigaciones, en el interés por ofrecer a los niños y jóvenes la posibilidad de disfrutar de sus talentos y habilidades y en el entendimiento de que, así como es necesario asistir a quienes necesitan ir más lento en ciertos aspectos, también corresponde apoyar a quienes necesitan avanzar más rápido.

Del mismo modo en que nos indignamos con razón cuando se promueve de grado a un niño o niña que no ha alcanzado el nivel académico necesario o no ha demostrado la madurez necesaria para encarar el siguiente grado, apenas por no querer que repita el grado, o porque cumplió la edad; también debería indignarnos (en mayor medida incluso) que un jóven que ya ha demostrado satisfacer esos criterios no sea puesto en el nivel que mejor se adapta a sus necesidades, y más puede facilitar su desarrollo. 

En ambos casos se está aplicando un criterio meramente cronológico en vez de buscar dar las oportunidades adecuadas al caso.

Ya es más que hora de escuchar a los expertos y dejar atrás los prejuicios y las presunciones de que la regla diseñada para la media es para todos. Es muy raro encontrarse con una persona de altura promedio, atletismo promedio, habilidades cognitivas promedio, salud mental promedio, etc. Las medias poblacionales son valores de referencia, pero cada individuo difiere de la media en diferente intensidad en distintos aspectos. 

Apostar a forzar la regla de la media para todos solo hace que la amplia mayoría de los individuos sufra innecesariamente en alguna medida en cada uno de los ámbitos en los que interviene. A nadie le parece lógico forzar que todos usemos calzados del tamaño del pie promedio para nuestra edad. Entonces, ¿por qué deberíamos de hacer algo tan absurdo como eso cuando buscamos el calce adecuado para las mentes?

Los beneficios de una aceleración bien considerada

El equipo paraguayo que compitió en la Olimpiada Iberoamericana de Matemática en Buenos Aires este 2026, con la preparación y acompañamiento de la Organización Multidisciplinaria de Apoyo a Profesores y Alumnos. (OMAPA)

Otra organización paraguaya que cumple un rol estelar en la generación de espacios para el desarrollo intelectual de jóvenes talentos es la Organización Multidisciplinaria de Apoyo a Profesores y Alumnos (OMAPA). OMAPA es mayormente conocida por organizar olimpiadas académicas (especialmente las de matemática) con alumnos en edad escolar, pero además produce materiales de estudio y maneja un programa de talentos a quienes provee entrenamiento avanzado.

A través de mi interacción con OMAPA, he podido conocer, y posteriormente ayudar a potenciar, a jóvenes de singular capacidad intelectual. A varios de ellos les enseñé contenido universitario (incluso de nivel de posgrado) cuando aún estaban en el colegio, y algunos de los más destacados fueron a estudiar al Instituto Nacional de Matemática Pura y Aplicada (IMPA, Río de Janeiro) durante algunos veranos, o incluso a hacer toda una maestría sin haber antes cursado un grado universitario.

Conectar a jóvenes talentos de OMAPA con el IMPA es para mí totalmente natural, no solo porque allí hice toda mi formación de posgrado y por tanto conozco muy bien su funcionamiento, sino porque es un lugar que tiene una singular apertura a la aceleración del talento matemático. De hecho, durante los 6 años en los que estuve haciendo allí mi maestría y doctorado, compartí de forma habitual clases y espacios de estudio con jóvenes que iban directamente del colegio al IMPA para tomar los cursos de posgrado. 

IMPA todavía no ofrecía carreras de grado, de modo que aquellos estudiantes llegaban allí para hacer, siendo aún escolares, lo que normalmente se esperaba de alguien mucho mayor.

Estos jóvenes eran parte integral de nuestros equipos de estudio; y, en muchos casos, eran algunos de los mejores alumnos. Más de una vez me tocó pedirle socorro a un brillante colega peruano o brasileño, de 14 o 16 años de edad, con alguna demostración que yo no conseguía cerrar. Es más, parte del plantel de profesores del propio IMPA está conformado por jóvenes que fueron acelerados a través del mismo IMPA. 

El más notable de estos es Artur Ávila, el único brasileño que ha sido galardonado con la prestigiosísima Medalla Fields. El popular pánico moral ante la aceleración académica es risible para alguien que haya pasado por el IMPA.

Nadie en el IMPA, ni en OMAPA, ni en Aikumby propone hacer de un joven talento una víctima de sus dones a quien se le debe robar la infancia en nombre de la productividad académica. De hecho, sería casi imposible pasar por una aceleración de manera involuntaria, la excelencia no va de la mano de lo que se hace sin ganas

Lo que hacen estos espacios que permiten la aceleración es abrir las puertas para quienes no encajan en el proceso estándar, como una forma más de reconocer que todos podemos ser más felices si no somos forzados a encajar en el molde promedio. Además, los jóvenes que reciben contenido avanzado antes de lo tradicional continúan perteneciendo a otros grupos de jóvenes de su misma edad en actividades deportivas, culturales y recreativas.

Es buenísimo que existan espacios como estos. Cuando yo era niño no existía una organización como Aikumby. A mí me hicieron repetir el jardín de infantes solo por edad, y para no aburrirme en mi segundo año de jardín aprendí a leer en mi casa, aprovechando que mi abuela materna, que me cuidaba por las tardes, había sido maestra de escuela muchos años atrás. 

Durante toda la escuela me resultó fácil aprender, y aprovechaba el tiempo que me sobraba para enseñar a mis compañeros,que no siempre entendían a la misma velocidad. Por suerte, encontré en la enseñanza una pasión que me permitió ocupar mi mente de manera productiva.

Pero no todos los niños y niñas con capacidades excepcionales encuentran una salida semejante. Algunos pueden perder el interés en los estudios cuando el ritmo escolar deja de representarles un desafío, mientras otros buscan en actividades menos productivas salidas menos productivas una forma de canalizar una energía intelectual que la escuela no logra aprovechar.  

Por eso, no acelerar a un estudiante cuando sus capacidades y circunstancias lo requieren puede entrañar riesgos tan reales como los de acelerar sin una evaluación y un acompañamiento adecuados.

matemática en Paraguay
El Instituto Nacional de Matemática Pura y Aplicada, IMPA, se encuentra en el Barrio de Jardim Botânico, en la ciudad de Río de Janeiro. (Wikimedia)

Una mirada revolucionaria

Hoy tengo la enorme fortuna de dedicarme a esa pasión que desarrollé desde muy temprano. Enseño e investigo a tiempo completo en Minerva University, una institución con una mirada revolucionaria hacia la educación universitaria, y mundialmente reconocida por su liderazgo innovador. En Minerva, tengo la suerte de interactuar con brillantes jóvenes (varios de ellos bien identificados como de altas capacidades) cuya formación en ciencia y matemática ayudo a acelerar. 

Dirijo un grupo de investigación e innovación con estudiantes de grado, a quienes involucro en mis trabajos o estudios  actuales, lo cual frecuentemente requiere que presente contenido de posgrado a estudiantes de los primeros años del grado. Es más, incluso mis estudiantes de Minerva ya colaboran con un joven de Ciudad del Este, a quien había ayudado a ir a la maestría del IMPA directo del colegio.

Mis actividades de apoyo a jóvenes con altas capacidades son mi venganza personal contra un mundo que no ofrecía esas oportunidades en mis tiempos de estudiante. Tal vez no se pueda cambiar el pasado, pero podemos vengarlo de la manera más productiva cambiando el presente y el futuro para quienes siguen nuestros viejos caminos. 

La educación que respeta las necesidades individuales y busca dar a cada estudiante las oportunidades que le llenen resulta en jóvenes más felices, adultos más exitosos, y permite que las personas que no encajan del todo con su franja etaria en habilidad intelectual puedan encontrar pares basados en quienes son ellos, y no simplemente en su año de nacimiento. 

Una educación que respeta las necesidades individuales y procura ofrecer a cada estudiante oportunidades acordes con sus capacidades puede favorecer su bienestar y su desarrollo, pero también algo más sencillo y más importante: permitirle encontrar pares con quienes compartir intereses e inquietudes. Para un niño o adolescente que no encaja del todo en su franja etaria por sus capacidades intelectuales, los compañeros no deberían estar definidos únicamente por el año en que nació. 

La discriminación como forma de autosabotaje

Como si los motivos ya expuestos en favor de una bien considerada aceleración fueran pocos, la promoción del talento redunda además en amplio beneficio de la sociedad en general. Los adultos que resultan del máximo soporte posible para el sano desarrollo de sus talentos llegan más lejos y adquieren más rápido mejores herramientas para contribuir a la sociedad. Una joven que hoy es una incipiente intelectual tal vez sea mañana esa excelente docente universitaria que inspire a uno de tus nietos en la universidad, o la emprendedora que genere la oportunidad laboral soñada para tu sobrina en su start-up.

La alternativa a la aceleración, cuando un estudiante realmente necesita un desafío mayor, puede ser una  experiencia académica marcada por el tedio, la pérdida de motivación y la sensación de que aprender dejó de tener sentido. Un sistema educativo que no proporciona desafíos que llenen a los estudiantes facilita que un incipiente intelectual prefiera usar su rapidez mental para ser el hazmerreír del curso. Y probablemente tenga una actitud cínica hacia la educación formal que le hubiera permitido convertirse en un líder en algún campo altamente técnico, del tipo que tanto necesitamos en los países en vías de desarrollo.

Cuando hablamos de adaptar el sistema educativo para ser más inclusivo con personas que tienen discapacidades físicas o dificultades para seguir el ritmo de la media nadie parece ofenderse, ni alarmarse. ¿Por qué entonces cuando se piensa adaptarlo para quienes pueden ir a un ritmo más rápido hay tanto pánico moral? Deberían también ser bienvenidas estas adaptaciones, que además traen enormes beneficios para la sociedad.

En este escenario no puede sorprendernos que aquellos pocos talentosos jóvenes, cuya pasión por el conocimiento sobrevive a su frustración continua con el sistema educativo, busquen migrar a países cuyas políticas educacionales y científicas tienen una mirada más inteligente para la potenciación de sus intereses.

Hace unos días, en Reino Unido, se publicaban los resultados de las pruebas estandarizadas para la admisión a las universidades. Varias noticias celebraron los casos de jóvenes de 12, 13 o 15 años de edad que aprobaron con nota máxima estos exámenes.1, 2, 3, 4

¿Qué padre o madre no quiere que su hijo/a sea ayudado/a a alcanzar su máximo potencial mientras se siente a gusto en la escuela? ¿Cómo no va a querer emigrar a un país cuyo sistema educativo tiene mejores actitudes hacia el talento excepcional una persona que vivió el otro lado de la moneda en el Paraguay? ¿Con qué cara nos podemos quejar de una “fuga de cerebros” si los empujamos a salir nosotros mismos? 

El reciente caso

Mi reflexión general sobre el clásico rechazo por defecto a la aceleración académica es motivada por el caso, de público conocimiento, de un talentoso niño cuya familia e institución educativa habían hecho lo posible por apoyar y por permitirle avanzar a un ritmo adecuado a su capacidad. Lastimosamente, el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) se opuso inicialmente a permitir la aceleración de este joven, a pesar de que su caso ha sido evaluado por expertos y de que el joven en cuestión ya viene siendo acelerado con éxito. 

De manera muy admirable, y de seguro que con mucho pesar, la madre de este joven hizo público el caso 5, cosa que solamente puedo imaginar a un padre o madre hacer como último recurso. El aspecto más chocante de la denuncia pública de la madre es su mención de que la persona responsable precisamente por educación inclusiva le dijo a la madre en repetidas ocasiones que su hijo “si se tiene que frustrar, que se frustre; porque esa es la vida que le espera” 6.

El comportamiento que esta madre nos describió es el equivalente al de un ministro de Obras Públicas diciendo algo como “y que se vean los conductores con los baches en las rutas nacionales, mejor que se acostumbren ya porque así va a ser su vida cuando manejan por la ciudad”. Si un absurdo de este tipo se constatara, sería un escándalo nacional; ya que evitar que esa sea la experiencia de los usuarios de las obras es su trabajo. Me recuerda a quienes justifican el bullying a los niños porque “ese es el mundo que les espera”, sin darse cuenta que ellos están creando ese mundo con esa actitud.

Cuando una denuncia de tal gravedad toma estado público, cuando se advierte que quien debe velar por una educación inclusiva tiene una actitud frontalmente hostil para con quienes se supone debe proteger, no le queda al ministro de educación alternativa alguna a iniciar de oficio una investigación urgente a la funcionaria acusada. 

Considero, además, que debería ser separada provisoriamente de su cargo hasta que se aclare la situación. La separación del cargo debería ser sin presumir su culpabilidad, y con la debida posibilidad de que sea reintegrada si resulta que no ha procedido mal. Sin embargo, si se constata el actuar denunciado y la total falta de consideración por el objeto principal de su función, alegada por la madre, esta persona no debería jamás volver a trabajar en educación.

Tengo certeza de que muchos talentos paraguayos que emigraron, hoy ven a este joven y piensan “ese era yo hace unos años”. Si queremos que mañana nuestros hijos o nietas tengan excelentes docentes universitarios, y excelentes oportunidades en innovadoras empresas, debemos dejar de empujar a la migración a los jóvenes que dan señales claras de apuntar a generar ese futuro.

Afortunadamente, aunque solo luego de que el caso se haya hecho público, el ministerio ha modificado su postura sobre el mismo. Espero entonces que la sociedad en general, y los profesionales de la educación en particular, aprendan de casos como este sobre la importancia del manejo digno de las necesidades individuales de los estudiantes, y especialmente que vean que las altas capacidades son un aspecto de la diversidad que no puede ser tratado como menos relevante que la discapacidad, o las dificultades para el aprendizaje.

Existen muchos otros talentos jóvenes que pueden beneficiarse de la aceleración. Me gustaría que la lucha de esta familia sirviera también para que otros niños y niñas puedan avanzar a su ritmo ideal cuando la aceleración les es recomendada por los expertos. Basta de autosabotaje al desarrollo nacional, de crueldad disfrazada de preocupación genérica, de buscar reducir a todos a la media. Que un talento surja es motivo para alegrarnos y para movilizarnos a seguir apoyándolo.

Un evento entre OMAPA y el Centro de Altas Capacidades Aikumby. (OMAPA)

Nota del Editor: Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor, y no representan ningún tipo de posicionamiento oficial de ningún ente para el cual trabaja o para el cual realiza consultorías.

*Para una discusión profunda de esta perspectiva moral, ver el libro “The Moral Landscape” de Sam Harris.

Referencias:

1-Griffin, E. (2026, 14 de agosto). Solihull School pupil, 12, achieves A in A Level maths*. Solihull Nub News. https://solihull.nub.news/news/local-news/solihull-school-pupil-12-achieves-a-in-a-level-maths-305127

2-Woolcock, N., Kampfner, C., Lambert, G., Thurston, J., Russell, H., Downer, M., & Willoughby, G. (2026, 13 de agosto). A-level results: Record number of school leavers get university place — as it happened. The Times. https://www.thetimes.com/uk/education/article/a-level-results-day-2026-uk-latest-news-d50tcj3gp

3-Hancock-Bruce, M. (2026, 13 de agosto). 15-year-old maths whizz among Beech Hall School’s ‘remarkable’ A-level achievements. Macclesfield Nub News. https://macclesfield.nub.news/news/local-news/15-year-old-maths-whizz-among-beech-hall-schools-remarkable-a-level-achievements-304951

4-Gilbert, S. (2026, 13 de agosto). Meet the 13-year-old who sat his A-levels before even starting his GCSEs. Isle of Man Today. https://www.iomtoday.co.im/news/meet-the-13-year-old-who-sat-his-a-levels-before-even-starting-his-gcses-937186

5-Al Estilo Pelusa. (2026, agosto). Niño con altas capacidades intelectuales no logra avanzar de grado: le hacen repetir lo que ya sabe.[Video]. Facebook.

6-Radio 780 AM. (2026, agosto). Indignación en redes por el caso del niño superdotado al que el MEC le niega la promoción flexible [Video]. Facebook.

 

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Carlos Galeano Ríos es matemático e investigador. Es ingeniero electromecánico por la Universidad Nacional de Asunción y tiene un PhD en matemática y un MSc en matemática computacional y modelado matemático por el IMPA de Brasil. Fue research associate en la Universidad de Bath, Inglaterra, y research fellow de dinámica de fluidos en la Universidad de Birmingham del Reino Unido. Actualmente trabaja en consultoría científica para la innovación.

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