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La discusión con Fabrizio Pomata sigue avanzando, y amenaza con llegar a un punto muerto, dada la imposibilidad de entendernos ambos por la ausencia de un «paradigma» común. No obstante, considero que merece respuesta su última réplica, donde intenta sin éxito encontrar rebuscadas diferencias entre filosofía analítica, continental y la ciencia «normal». Esto es lo que tengo que decir al respecto.

Me sorprende Pomata cuando afirma que yo propongo que hay una «identificación entre filosofía analítica y positivismo lógico», lo que «equivale a ignorar 70 años de historia de la filosofía analítica, que comienza a romper con el positivismo lógico ya desde las Investigaciones Filosóficas (1953) de Wittgenstein y la escuela de Oxford». ¡Pues claro! ¿Acaso no he citado a Popper, Feyerabend y otros, que suponen precisamente el surgimiento de un nuevo «paradigma», por usar la terminología en la que se mueve Pomata?

Como además Pomata, siguiendo a Kuhn, no propone una definición clara de paradigma, carece de base afirmar que la filosofía «analítica» trabaja bajo un único paradigma, mientras que la continental trabaja con varios paradigmas en competencia. No existe tal cosa, entre otros motivos porque las tendencias dentro de la tradición analítica han sido diversas a lo largo de los años.

Después matiza afirmando que la filosofía analítica se mueve dentro de un paradigma «hasta cierto punto». Esta afirmación no tiene sentido: o se trabaja bajo un paradigma o no se trabaja bajo él. Máxime cuando un paradigma se compone de «teorías», algo que Pomata sorprendentemente no aclara; cita la posición estructuralista de Sneed, Stegmüller y otros, pero tampoco aclara nada.

Incluso afirmar que el «paradigma analítico es una caja de problemas, conceptos y ejemplares, no de teorías (soluciones)» lo único que hace es poner de manifiesto los problemas que la concepción de paradigma acuñada por T. S. Kuhn en La estructura de las revoluciones científicas (1962) ha provocado en quienes enarbolan su bandera.

De hecho, en sus Segundos pensamientos sobre paradigmas (1970), Kuhn ya dejó de manifiesto, muy a su pesar, que los paradigmas son aplicables a cualquier disciplina, sea científica o no. Vuelvo a repetir lo que señalé en mis anteriores réplicas: ¿acaso la Teología dogmática no se desenvuelve bajo paradigmas muy concretos a lo largo de los siglos? ¿No hay teología «normal» y teología «revolucionaria»? Nadie podrá negar que Kuhn es un teórico de las disciplinas antes que un teórico de la ciencia.

Sobre todo porque Kuhn no explicó las diferencias entre la ciencia y lo que no lo es, y aferrarse a que la ciencia se desenvuelve bajo un paradigma mientras que el resto de disciplinas no, es caer en una flagrante petición de principio.

Sorpresa me provoca leer en el texto de Pomata que la filosofía analítica es «filosofía clara y rigurosa, y articulada sobre un paradigma específico: el paradigma analítico». Ergo: el opio duerme porque tiene virtud dormitiva. No esperaba que mi interlocutor cayese en explicaciones de un rigor semejante.

Idéntico rigor muestra cuando afirma sobre mí que «está claro que Rodríguez Pardo identifica el concepto de paradigma con el de teoría. Sin embargo, creo haber mostrado que una comunidad intelectual puede compartir conceptos, problemas e incluso estándares de rigor sin estar éstos necesariamente asociados a una teoría particular, aunque me parece que esto se desvía de la ortodoxia kunhiana».

¿De dónde obtiene esa claridad Pomata? ¿En algún momento he dicho que los paradigmas sean teorías solamente? Citando al propio Kuhn, he hablado de ejemplares, matrices disciplinares y otros elementos.

Claramente he recalcado que la noción de paradigma en Kuhn es sumamente anfibológica, casi tanto como el concepto de clases sociales en Carlos Marx. Evidentemente, un grupo de autores puede compartir una serie de problemas y aspiraciones comunes, pero eso puede llevarle más bien al enfrentamiento que a la cooperación: contraria sunt circa eadem.

Tanto los positivistas lógicos como los popperianos pretenden dar cuenta de la naturaleza de las ciencias, pero desde posicionamientos muy diferentes: para los primeros el problema de la inducción era insoluble, para Popper la inducción era precisamente el fulcro que permitía falsar las teorías y demostrar cuáles disponían de mayor «validez ecológica» según el momento, un precedente precisamente de la idea de paradigma en Kuhn: diversas formas de ver la realidad que se van sustituyendo entre sí.

Según sigo leyendo a Pomata, más sorprendido me encuentro. Afirma de mi explicación de la analogía que «O Rodríguez Pardo está utilizando el término “analogía” en su acepción ordinaria de “relación de semejanza entre cosas distintas” o en el sentido técnico lógico que hace referencia a un tipo específico de razonamiento no deductivo». Considero que Pomata está bastante desorientado.

¿Desde cuándo la analogía implica semejanza? ¿Qué semejanza puede haber entre una copa y un escudo? ¿Qué semejanza existe entre el 2 y el 4 cuando señalamos que dos es a cuatro como cuatro es a ocho? La proporción establece una relación entre dos números a través de un tercero, pero eso no significa ni por asomo que esos dos números sean iguales ni semejantes (está claro que dos es distinto de cuatro).

Precisamente la relación de analogía implica diferencia, no identidad ni semejanza. Ergo, la presunta analogía que establece Pomata entre filosofía analítica y ciencia lo único que hace es mostrar las profundas diferencias entre ambas; apelar a un concepto tan genérico como el de paradigma lo único que hace es enfangar aún más la discusión.

¿Juegos de palabras?

Ludwig Josef Johann Wittgenstein, filósofo. (WikiCommons)

Pomata es incluso dado a los sofismas y los juegos de palabras, como cuando afirma que «Si es lo primero, entonces no entiendo cuando escribe “que haya una presunta analogía entre la filosofía analítica y la «ciencia normal» no implica siquiera similitud entre ambas”, pues sería lo mismo que decir “que haya una presunta similitud (relación de semejanza) entre ambas, no implica que haya similitud entre ambas”, una contradicción».

Precisamente la analogía, como el propio Pomata señala en su definición anterior, dice de una relación establecida entre cosas que son distintas. Ergo, si son distintas, ¿cómo van a ser similares? Debiera saber, con Wittgenstein, que las contradicciones no describen ningún estado del mundo.

Concluye su artículo Pomata señalando lo mismo que lleva defendiendo desde hace más de dos meses: «me gustaría volver a recalcar que no considero que la posesión de un paradigma o la claridad y la rigurosidad hagan más científica a la filosofía analítica. Mucho menos considero que estas características hagan de la filosofía analítica una ciencia. Todo lo que digo es que: a) Esto la distingue de la filosofía continental b) Facilita la cooperación entre académicos, facilitando el camino hacia el conocimiento».

Dos afirmaciones que piden el principio, puesto que ni Pomata ha sido incapaz de probar que la filosofía analítica sea en esencia diferente a la filosofía continental o a cualquier otra filosofía, ni tampoco ha demostrado que bajo el «paradigma» analítico haya más progreso o facilidad para el conocimiento, como si los académicos tuvieran que cooperar entre sí por alguna extraña razón, y no polemizar entre sí para que avance la verdad.

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2 Comentarios

  1. «Evidentemente, un grupo de autores puede compartir una serie de problemas y aspiraciones comunes, pero eso puede llevarle más bien al enfrentamiento que a la cooperación: contraria sunt circa eadem.»
    En un enfrentamiento, o mejor dicho para que exista un enfrentamiento, deben existir posiciones que sepan y concuerden en que se están enfrentando, por lo tanto hay un acuerdo previo y fundamental que sirve de soporte para la polémica, una «experiencia común», como diría Humberto Giannini.
    Esta serie de artículos está muy vital e informativa para los que hemos esquivado siempre la filosofía analítica, eso si no me tachen de continental, pues esas no son mis categorías ópticas.

  2. Señala el autor que «precisamente la relación de analogía implica diferencia, no identidad ni semejanza.» Bien, la analogía *implica* diferencia en el sentido de que establece una relación de semejanza o de identidad entre dos elementos diferentes. Por tanto, la relación de analogía implica diferencia pero *también* implica identidad o semejanza. El 2 y el 4 serán diferentes pero ambos tienen características idénticas, como, por ejemplo, la de ser números o o la de ser naturales o la de ser ordinales.

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