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El término «fundamentalismo» surgió en Estados Unidos, en círculos religiosos protestantes. Fue en 1927 cuando apareció por vez primera el scientific fundamentalism (fundamentalismo científico), en un libro de 1927 titulado Los constructores de Norteamérica, obra de Ellsworth Huntington y Leon Fradley Whitney, ambos miembros de la American Eugenics Society.

La idea del fundamentalismo científico estuvo ligada inicialmente a algo tan partidista e ideológico, pseudocientífico en definitiva, como fueron las prácticas eugenésicas, hoy probadas como falsas. El rótulo pronto encontró acomodo en otros idiomas, y en español se  encuentra por vez primera la expresión «fundamentalismo científico» en 1951 [1], aunque su presencia constante en nuestro idioma necesitaría de varias décadas para consolidarse.

Delimitando el campo: fundamentismo vs. fundamentalismo

Sin embargo, ¿a qué nos referimos con la expresión «fundamentalismo científico»? De sobra sabemos que la fundamentación científica es una tarea que ha sido emprendida por todo tipo de autores, que buscaban un fundamento filosófico interno de las ciencias que intentara ordenar y sistematizar los contenidos «en marcha» de cada campo categorial.

Sin embargo, los programas de fundamentación no son de por sí fundamentalistas, sino «fundamentistas», en tanto que se preocupan de los fundamentos de cada ciencia categorial (Geometría, Astronomía, Física, Química, etc. o como cuando hablamos de los Principios de Newton), cuyo canon nos fue ofrecido por la axiomatización de los Elementos de Euclides.

El «fundamentismo» (como investigación prioritaria de los fundamentos categoriales) se mantiene en el campo categorial de cada ciencia. Establece las líneas de su núcleo axiomático, purifica los métodos extraños y marca las líneas de su expansión.

Pero el fundamentalismo científico rebasa los ámbitos categoriales, puesto que pretende erigir a «la ciencia» (muchas veces, en la práctica, a una ciencia categorial dada, a la que se le atribuye un especial prestigio coyuntural, por ejemplo, a la geometría, a la física o a la biología) en canon de cualquier otra forma de racionalidad teórica o práctica.

Siguiendo lo afirmado por Gustavo Bueno en el Volumen 3 de la Teoría del Cierre Categorial (1993), y en otros lugares como su «Ensayo sobre el fundamentalismo y los fundamentalismos», publicado en la revista El Basilisco (2015), definiremos el «fundamentalismo» como una metodología o un programa, una reorientación que afecta a las instituciones científicas, respecto a su lugar en el mundo.

Una ideología en la que los científicos, superados los infantiles estadios teológico y metafísico, considerados por Augusto Comte como etapas infantiles de la humanidad, serían consagrados definitivamente como los únicos agentes capaces de controlar las riendas de la humanidad, en el contexto de lo que se denominó como Big Science y con los programas científicos que tanto han transformado nuestro mundo.

Sin duda, la cuestión de los fundamentalismos científicos se planteará cuando, ya disponiendo de una ciencia categorial en marcha, el desarrollo de su «cuerpo» comienza a producir proliferaciones de teoremas, conceptos, etc., acumulados, proclives a interferir con otras instituciones. Esto requerirá regresar a los principios directos y propios, purificando todos los procedimientos exógenos intrusos.

El fundamentalismo toma ahora la forma de un «principalismo», de una axiomática inspirada en los Elementos de la Geometría de Euclides. El principialismo científico y su axiomatismo constituyente se intensificaron a raíz de las geometrías no euclidianas, con el formalismo de Hilbert, y después con las llamadas «crisis de fundamentos» en geometría y en física, con la mecánica cuántica aplicada a la teoría del átomo de hidrógeno de Bohr, que no cumplía sin embargo con los axiomas de Newton pese a inspirarse en la Mecánica celeste.

Este principalismo, por definición, no tendría en cuenta que existen diferentes categorías científicas, e intentaría reducirlas a todas.

Tipos de fundamentalismo científico

Figuras destacadas del Círculo de Vienna, en el centro Moritz Schlick. (Kultur und Information)

El fundamentalismo científico suele establecerse sobre una supuesta ciencia («la ciencia») y la propone como canon de otras ciencias e incluso de la religión y de la política («política científica», «policía científica»). Desde esta perspectiva, cabría clasificar los fundamentalismos científicos en tres grandes grupos:

1) Fundamentalismos específicos, internos a las categorías científicas. Son los fundamentalismos que asumen el genitivo tomados de la ciencia categorial correspondiente, y tienden al gremialismo (fundamentalismo geométrico, psicológico, etc.).

2) Fundamentalismos genéricos, que se refieren no a una ciencia específica, sino a «la ciencia» en general, ya sea considerada como el sistema interdisciplinar de todas las ciencias, ya sea como una ciencia unificada, en el sentido del Círculo de Viena.

(3) Fundamentalismos expansivos, asentados ya en una ciencia categorial que pretenden erigirla en canon universal, ya sean los Elementos de Euclides, el fisicalismo («toda ciencia es un capítulo de la Física»), quimicalismo («todo es Química»), o el logicismo del Círculo de Viena y su idea de fundar una «Ciencia unificada» a partir de la deducción de enunciados teóricos desde enunciados observacionales que adoptan la forma de la Lógica de primer orden, la Fundamentación lógica de la Física, como diría Rudolf Carnap en su famoso libro de 1966.

El fundamentalismo científico no se mantiene al margen de cualquier hegemonismo, despreocupándose de los debates o conflictos ajenos a su campo. Su fundamentalismo categorial tiene un profundo significado universal: cada campo categorial queda totalmente agotado por la ciencia categorial correspondiente al fundamentalismo en cuestión.

Moritz Schlick, miembro del Círculo de Viena, decía que «Del espacio sólo puede hablar con sentido la Geometría».

Ahora bien, desde el momento en que otras instituciones, y en general otros fundamentalismos, manifiestan su voluntad de entrar en el campo acotado por un fundamentalismo especial, éste cobrará inmediatamente una dimensión si no explícitamente expansiva, sí defensiva. Que sea irreductible, e implícitamente expansiva, en la medida en la cual se opone, resiste y pretende reducir a los «intrusos».

En definitiva, que los fundamentos de un campo categorial, por muy imperialista que sea una ciencia, se resisten siempre a su colonización por una disciplina opuesta. Las categorías científicas marcan unos límites precisos al intento de diversas formas del fundamentalismo científico de fundar una «ciencia unificada», una perspectiva de por sí claramente pseudocientífica.

 

[1] Al traducirse al español un texto en lengua inglesa. El texto en cuestión era: “This description of scientific materialism is in direct opposition to scientific fundamentalism”. (Charles West Churchman, “A Materialist Theory of Measurement”, en Roy Wood Sellars, V. J. McGill, Marvin Farber (editores), Philosophy for the Future.)

 

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