historia de género
Para Ana Barreto, la formación es la principal barrera para hacer historia de género. (@KyguaVera)
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Hoy en día, es indispensable incorporar una mirada de género para entender los procesos sociales —y por ende, para hacer ciencia. Sin esta perspectiva, la explicación de muchos fenómenos queda incompleta. Poner la lupa sobre las desigualdades entre hombres y mujeres también ayuda a encontrar soluciones más apropiadas y a construir una sociedad más igualitaria.

En el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Ciencia del Sur conversó con la historiadora Ana Barreto Valinotti, la filósofa Teresa del Pilar Ríos y la economista Verónica Serafini sobre cómo es investigar con perspectiva de género en Paraguay.

Ana Barreto Valinotti lleva más de una década contando las historias de las mujeres en Paraguay. Con los años, se ha vuelto experta en encontrar los escondites donde se guardan las voces de las mujeres del pasado. Sobre el futuro, afirmó con esperanza que las nuevas generaciones están buscando respuestas para cambiarlo todo.

¿Cuál es la importancia de incluir una mirada de género en la historia?

Creo que el hecho de incluir mujeres, cuando vos decidís mirar la historia con una mirada de género, es fundamental. Cuando le damos vuelta a la página de la historia oficial que conocemos dentro de los textos escolares o de los cuadros de teatro que normalmente interpretamos, vemos que las características de los personajes femeninos, su biografía y su construcción narrativa en realidad tienden a reforzar el perfil masculino.

En las figuras de Juana María de Lara o de Pancha Garmendia o de Elisa Lynch lo que vemos es el refuerzo de las virtudes o perfil masculino del héroe. Por eso todos nuestros personajes femeninos de la historia tenían que ver siempre con el héroe. Son las esposas, las hijas, las amantes. Todas tienen que ver con estos personajes o sus acciones.

Entonces, somos las mujeres, somos las historiadoras quienes estamos viendo las invisibilidades. Sabemos que estos personajes no son construidos suficientemente, que están construidos por algo y, por sobre todo, que dentro de su construcción —que parecieran ser significantes dentro de la historia— en realidad están ocultando otras participaciones femeninas y están cubriendo vacíos. Tener perspectiva de género es conocer esto. Al ir al pasado una busca entender los procesos donde las mujeres no tienen voz.

¿Qué se necesita tener en cuenta para investigar con perspectiva de género?

Cuando uno va al pasado, va buscando en el vacío o buscando esos silencios. Es decir, si yo busco conocer cómo una mujer pensaba, cuáles eran los problemas que tenían las mujeres o mínimamente leer un párrafo de algo que una mujer haya dicho, probablemente no sea el periódico el lugar donde voy a ir a buscar sino que voy a buscar causas civiles y judiciales, algo donde haya estado involucrada una mujer. Entonces en esos vacíos y silencios vamos a buscar.

La historia de género no es solamente hablar de mujeres, es tratar de entender la posición y el rol de las mujeres pero también el rol que tienen los varones dentro de esa sociedad. Entonces sirve porque hoy cuando somos mujeres, cuando pensamos en nuestra sociedad, hay algo que tenemos sin explicar: este pasado que tiene silencios.

Creo que hay toda una generación de mujeres —no sé si decirte varones porque en realidad casi siempre me fijo más cómo se comportan los colectivos de mujeres— con una necesidad imperiosa de entender a las mujeres en el pasado. Entonces sí, creo que ahí hay un empuje, que no existía hace 15 años, de tener que brindar estas respuestas.

A mí me pasa, porque me gusta más trabajar el siglo XIX y el inicio del siglo XX, pero las preguntas que me hacen muchas veces sobrepasan mi campo de estudio, y digo, “¿quién de mis colegas trabaja [en eso]?” Parecería que tenemos que dividirnos el trabajo y tratar de responder estas cuestiones que nos empujan cada vez más a las historiadoras a tratar de dar una respuesta. Las desigualdades existen, pero además, ¿por qué existen? Hay una generación de mujeres paraguayas entre 20 y 30 años que ya no quieren saber nombres. Quieren saber por qué y quieren saber ahora.

Para esto también hay que tener una formación académica, una metodología, hay que estar acompañado de una escuela y una teoría encima cuando uno va al pasado.

Hasta ahora, con las investigaciones que realizaste, ¿cuáles fueron las barreras que encontraste al incorporar la perspectiva de género?

La barrera más importante te diría que es la formación, porque cuando pensamos en el desarrollo de las ciencias históricas en este país, en este mismo momento no hay una universidad que ofrezca un doctorado en historia. Maestrías sí, pero son insuficientes cuando un historiador, historiadora o historiadore quiere separarse del campo de ciertas escuelas historiográficas y quiere adherir a otras.

Lo segundo es el estado de las fuentes en Paraguay. Se tiene la mala costumbre de no cuidar el patrimonio. Sí hay muy buenos repositorios y otros, malísimos. Entonces el obstáculo es ese y que encima está en riesgo de perderse. O sea, no solamente no vas a poder investigar sino que dentro de unos años más se puede transformar en un mito. Por ejemplo, se podría decir que la violencia sexual dentro del Paraguay nunca existió y que existe solamente hace 20 o 30 años.

Esto no solamente pasa con cuestiones relacionadas a las mujeres. Con muchas otras cuestiones es difícil investigar el siglo XX por esta falta o por la dispersión de la documentación. Con respecto a las mujeres, sí se hace un poco más difícil porque, normalmente, la voz es masculina. Son los hombres los que escribieron folletos, libros y artículos periodísticos, de hasta cuestiones femeninas.

Cuando leés en un periódico del siglo XIX vas a encontrar que está firmado por un varón, aunque podría haber sido una mujer la que firme así. Por eso lo primero es tener el entrenamiento suficiente como para en este aparente vacío y ausencia de mujeres tratar de leerlas entre líneas y ver dónde pueden estar las mujeres, dónde hablan las mujeres. Si las mujeres no hablan en un espacio público y la guerra destrozó toda posibilidad de conservar muchas veces cartas escritas por las mujeres, entonces, ¿dónde tenemos que ir a buscarlas?

¿Cómo se puede incentivar más la investigación con perspectiva de género?

Compartir el trabajo que se realiza. Uno tiene que exponer su trabajo o sino no existe; sí o sí siempre está bajo el escrutinio del colega. Tampoco se puede construir si uno permanentemente no consulta ni somete a revisión su trabajo.

También necesitamos producir más ciencias, necesitamos estar dentro de las políticas públicas, necesitamos ser hacedoras del Estado y en el pasado hay. Entonces creo que eso es fundamental, construir una sociedad más igualitaria.

¿Te parece que hay un avance en cuanto a las investigaciones con enfoque de género en el país?

Sí, hay más investigaciones. De hecho, yo siento que hay preguntas que si la historia no puede resolver, están las politólogas, por ejemplo, para resolver en este momento y que también tiene que ver con cuestión generacional. Hay sociólogas, historiadoras, economistas y antropólogas que le han hecho ese pequeño giro dentro de su campo de estudio sobre ciertos temas con énfasis al género y eso es importantísimo porque la interdisciplinariedad dentro de las ciencias sociales es fundamental.

Para mí hay un avance significativo. Diría que el cambio de hace 10 años a hoy es enorme. A mí me sorprende muchas veces cuando veo caras nuevas, que no necesariamente proceden de la historia, y que están haciendo un esfuerzo por tratar de darle una respuesta a la problemática de la participación de las mujeres en el pasado.

¿Cuáles son algunos temas urgentes que requieren investigaciones con perspectiva de género?

En realidad hay tantos. Hay dos cosas que me gustan: las mujeres y la guerra. Porque sí me parece que la guerra es un momento que altera significativamente la estructura de la sociedad. Las mujeres empiezan a ocupar roles que antes no ocuparon y me gusta mucho entender el proceso de cuando la guerra termina y viene la paz. Cómo las mujeres se niegan rotundamente a volver al estadío en que estaban antes.

También me gusta entender las construcciones femeninas de lo heroico, estos discursos que hacen que nuestra heroína sea fulana o que lo que se esperaba de las mujeres en el siglo XIX era tal cosa y en el siglo XX era tal cosa y para que las mujeres no ingresen a la universidad se utilizaba tal o tal discurso.

En realidad, hay muchas cuestiones relacionadas a las mujeres que me gustan pero una sola vez tuve problemas como para escribir una línea y fue con la violencia sexual.

Leer sobre cosas de mujeres no es fácil, no solamente porque no se encuentra, sino que muchas veces te encontrás con estas cosas que parecen tan recientes y que además ahí entendés el dolor que significa ir a buscar al pasado, porque el pasado no tiene muchas respuestas para darte, más que las que son tremendamente actuales.

Es la pesada herencia de nuestra historia y se repite nuevamente…

Se repite y se repite porque no hay preguntas todavía. Hasta que le encaremos al pasado y digamos “esto es lo que pasa, el Paraguay que tenemos es esto. A partir de ahora ¿qué hacemos para solucionar?” Porque esta es la herencia que tenemos. El guaraní, el chipa guasu, todos son herencias. La violencia sexual en las familias, también. Parte de hablar del 8 de marzo también es hablar sobre estas cosas.

Para finalizar, muchas de las cuestiones del porqué de toda una generación de chicas paraguayas que tienen tantas preguntas para hacerle al pasado es porque parten del dolor, de la inequidad. No son preguntas que parten desde el lado de que está todo bien, de que nos sentimos bien en la sociedad. Son preguntas que exigen respuestas.

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Alejandra es reportera junior en Ciencia del Sur. Licenciada en periodismo por la Universidad Autónoma de Asunción, se desempeñó en distintas área de la comunicación para empresas y organizaciones internacionales. Fue una de las ganadoras del IX Premio Nacional de Periodismo Científico en 2019.

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