Cómo reconstruir nuestras ciudades desde la arquitectura amable

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La arquitectura amable plantea
El Edificio Valois es el primero de tierra o tapial en altura en Paraguay (Foto: Luis Ayala).
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De niño, José Cubilla observaba las láminas que usaba su padre, patólogo, para estudiar tejidos del cuerpo humano. Las recuerda como ciudades de otros planetas vistas desde arriba. Desde la inocencia de la niñez, las veía como algo lúdico y tranquilo. Luego su padre le abrió los ojos.

—No, esto es un tejido y está en problemas. Mirá, estos puntos rojos están carcomiendo a los más claros y eso hace que el tejido muera—.

José Cubilla, arquitecto paraguayo
José Cubilla (Foto: Federico Cairoli).

Al arquitecto Cubilla esta conversación le cambió el mundo. “Uno se imagina eso en una escala que puede ser una simple piel y después puede ocurrir en los tejidos geográficos, donde actuamos como metástasis”.

José habla de una metástasis urbana cuando no se planifican las construcciones de acuerdo a cómo impactarán en el lugar. “Podemos ser testigos de la debacle de la ciudad porque no tenemos una visión con respecto a cómo actuar en los tejidos”, comentó y colocó de ejemplo las calles inundadas de la noche del 22 de marzo, a causa de las fuertes lluvias en Asunción y otros lugares del país.

“En esta ciudad mal orientada y sin visión no tenemos la posibilidad de encauzar aguas al suelo. Deberíamos tener muchos más espacios de infiltración pero seguimos asfaltando; deberíamos tener más árboles para poder llevar el agua a los acuíferos y generar un mejor microclima, pero los sacamos”.

Para Cubilla, la anécdota con su padre es el inicio a imaginar lugares como arquitecto, entre el arte y las ciencias. “Aparece un lado subjetivo e inmensurable, pero también está ligado a las ciencias y lo mensurable. Estamos siempre en el medio indagando cuestiones que deben verificarse”.

Una labor silenciosa reconocida alrededor del mundo

En enero de 2022, José Cubilla fue uno de los ganadores del Premio Global de Arquitectura Sostenible 2021. Por primera vez, tres paraguayos recibieron este reconocimiento patrocinado por la UNESCO.

Cada año, premian a cinco arquitectos que contribuyen a un desarrollo más equitativo y sostenible con un enfoque innovador y participativo. Los otros dos arquitectos paraguayos galardonados fueron Solano Benítez y Gloria Cabral.

Para José, este reconocimiento fue el más importante recibido hasta hoy, porque reconoce una labor que realizan “sin mucho ruido pero con una intención de dar una mirada más amable y con cierta preocupación hacia el impacto ambiental, social y cultural» de sus obras.

En un video que prepararon para la premiación, el arquitecto compartió su mirada sobre la importancia de entender los materiales que utilizan, los sistemas más amables, la mano de obra valiosa que puede ofrecer la comunidad y la transformación de los materiales a disposición en el lugar para el trabajo arquitectónico.

Una mirada amable en la arquitectura

Un concepto que estos arquitectos incorporan en su trabajo es la economía circular; reutilizan materiales que se encuentran en el sitio de la obra y ofrecen una remuneración digna a los artesanos de la zona. Así se reconoce el valor de su labor y también evita que los pobladores se vean obligados a salir de sus comunidades en busca de trabajo.

Cubilla busca que en sus obras se refleje el contexto en el cual se encuentra. Utiliza materiales propios de la zona y planifica el diseño buscando un equilibrio entre el impacto al sitio y un espacio amable para quienes la habitan.

“Comprender los estratos del lugar, sus capas, las dinámicas de los suelos, los vientos, los fluidos, las texturas, los colores, la topografía, la flora y el cielo”, describe el equipo en el proyecto de la Vivienda Takuru, construída en 2016 y una demostración de las posibilidades para trabajar en equilibrio con el contexto de cada lugar.

El 85 % del volumen para su construcción fue extraído de Piribebuy, el lugar donde fue levantada. La materia prima salió de la excavación de una gran fosa, la cual se convirtió en un reservorio de agua para el ganado.

Ejemplo de arquitectura amable, Vivienda Takuru
Ejemplo de arquitectura amable, la Vivienda Takuru (Foto: Federico Cairoli).

De la tierra cruda del lugar crearon ladrillos compactados para los muros y bóvedas. Tapiales de 40 cm de ancho revisten el exterior, formando gruesos muros que mantienen una temperatura agradable. Además, planificaron una ventilación cruzada convencional y un sistema de ventilación por el subsuelo que permite una temperatura entre 18° y 21° C todo el año.

Para tratar las aguas negras y grises, construyeron un sistema de fitodepuración, también conocido como humedal artificial, ya que el trabajo de depuración la realizan las raíces de plantas acuáticas como los camalotes (Eichhornia crassipes).

Los pilares están hechos de madera de quebracho; las puertas y muebles, de especies reforestadas; los pisos, de piedra arenisca de canteras de la zona.

Prepararon un sistema para canalizar el agua de las lluvias y luego distribuirlas a las huertas de las familias del alrededor.

Para pensar en una construcción amable en Asunción, la descripción de la Casa Patios, un proyecto de 2017, lo resume en estos puntos: “Los techos verdes, la ventilación cruzada, la recolección de aguas pluviales, la protección solar son técnicas apropiadas a la condición climática de una ciudad como Asunción”.

El Edificio Valois es el primero de tierra o tapial en altura, en Paraguay. Foto: Luis Ayala.

La cosmovisión del arquitecto Cubilla

Edificio San Francisco, arquitectura amable
Edifcio San Francisco en el barrio Jara de Asunción (Foto: Lauro Rocha).

José prefiere hablar de una arquitectura en Paraguay y no de Paraguay. Posiciona su actuar con las herramientas que están disponibles en el contexto.

Si uno trabaja en el Chaco, va a ser diferente a un bosque; en una sabana es distinto a una montaña; en una topografía es distinto que sobre el lago. Cubilla ve como fundamental apoyarse en el lugar donde se realizará el hecho arquitectónico para planificarla.

“Tenemos que entender nuestra contemporaneidad no como una búsqueda de estética y belleza sino como un momento para comprender una serie de cosas que están sucediendo: el cambio climático, el exceso de consumo, cómo maltratamos nuestros cauces o nuestra naturaleza misma. Hay una especie de desequilibrio del cual tenemos que empezar a hablar para poder sumar a un mejor vivir, que al final es el objetivo de la arquitectura”, compartió José Cubilla.

Opinó que esta reflexión se da para aportar desde la arquitectura a construir ciudades más amables desde el ensayo y error: “Ahí está el lado científico de nuestra labor”.

Al preguntarle sobre cómo este modo de ver la arquitectura lo ayuda con la innovación, José Cubilla explicó que no lo ve como una filosofía nueva, sino más bien como recuperar prácticas ancestrales.

Mencionó el trabajo del antropólogo Bartomeu Meliá, quien habla de la reciprocidad en la organización económica de los guaraníes, el intercambio de dones: jopoi, lo cual significa manos abiertas recíprocamente. “Es el concepto de reciprocidad el que intento transmitir en la arquitectura, donde somos respetuosos y devolvemos lo que nos prestan”.

La reutilización de materiales, el trabajo de encauzar aguas, la utilización de otras ventilaciones diferentes al aire acondicionado —como las ventilaciones por subsuelo—, construir muros de tapiales o de tierras compactadas son prácticas mal llamadas alternativas o innovadoras para Cubilla, ya que son herramientas y formas de construcción que sobrevivieron miles de años.

“No estoy diciendo que tenemos que volver a las cavernas, sino que debemos entender que hay algunas cosas que funcionan muy bien y que podríamos reaprender. Hay que tener un respeto por lo que se hizo antes para poner algo nuevo, porque al final ponemos cosas que no funcionan, son copiadas o preparadas para otro lugar, con otro clima y otra economía”.

El problema con la “sostenibilidad”

«Hay que tener un respeto por lo que se hizo antes para poner algo nuevo» (Foto: Luis Ayala).

José tiene cierta desconfianza hacia la palabra sostenibilidad. “Me parece que hay una exageración de este término. Se vuelve algo comercial. Al final lo sostenible es caro y tiene que ser todo lo contrario; debe ser accesible”. Para el arquitecto, el cambio real será cuando el aporte de las tecnologías para la sostenibilidad llegue a todas las personas.

Cubilla no ve a la sostenibilidad como el objetivo sino como uno de los puntos dentro de la obra. “Nosotros lo tenemos como el inicio de toda investigación, no como el objetivo final. Es el sentido común”.

Afirma que en un hecho arquitectónico siempre hay una especie de destrucción, al modificar el espacio. “A mí me parece interesante y me pone feliz cuando la arquitectura lo artificio a pesar de esa destrucción y puede redimirse de alguna manera, mejorando el sitio. Esto es un logro muy difícil y generalmente es todo lo contrario”.

Las contradicciones de nuestra capital

Asunción continúa construyéndose entre contradicciones. Para el arquitecto, inaugurar viaductos cerca de las zonas que producen oxígeno para la ciudad es una de las acciones que van en contra de soluciones amables e inteligentes para la capital. 

“La ciudad está superpoblada. Hay más autos que personas y el enfoque está en cómo producir e invertir antes que cómo vivir mejor”, critica.

La Costanera de Asunción es otro ejemplo de esta nula planificación de la ciudad. Cubilla lo describió como un acceso de vehículos de gran velocidad, sin espacios seguros para las familias y sin árboles que den sombra para disfrutar del lugar.

“Nuestros lugares tienen que ser mucho más amables. No podés estar en la calle y que te venga un raudal, que te caiga un cable, que no haya ningún árbol con sombra. No podés estar en un lugar donde la pared se te cae, los revoques se te caen, o hay carteles que tapan todo y unos ruidos espantosos”, explica. “Tienen que haber ciertas reglas de juego de sentido común donde podamos convivir. Asunción tiene todos los ingredientes para ser una de las más lindas y amables pero no tenemos esa visión”.

“Cuando estamos en agosto la ciudad se llena de árboles rojos, amarillos, rosados y todos se maravillan, pero luego los podamos y los echamos”, lamenta. “Es una contradicción increíble y creo que seguimos sin un rumbo fijo”.

Ocupar espacios públicos

Luego de dos años de encierro por la pandemia, se siente la necesidad de espacios públicos de recreación. Afloran proyectos que buscan ocupar los espacios públicos y reinventarnos en beneficio de sus usuarios. Las acciones lideradas por organizaciones como Fotociclo o los Amigos del Parque Caballero reúnen a quienes viven en esas zonas y ya no pueden ignorar la falta de estos espacios para la vida social.

El arquitecto piensa que proyectos como estos, donde se encuentra toda la comunidad, son ejemplos inteligentes y creativos de cómo se puede actuar para construir una nueva ciudad. No olvidó que es necesario que el Estado se involucre pero que la burocracia de las licitaciones vuelven más difícil el avance de iniciativas como estas: “También se necesita ordenar y depurar a los entes estatales para que trabajen de manera eficiente”.

José apuesta por las nuevas generaciones. “Espero que puedan absorber toda esta herencia que les dejamos, porque les dejamos un mundo lleno de problemas, y creo que ellos van a empezar a actuar más inteligentemente”.

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Alejandra es reportera junior en Ciencia del Sur. Licenciada en periodismo por la Universidad Autónoma de Asunción, se desempeñó en distintas área de la comunicación para empresas y organizaciones internacionales. Fue una de las ganadoras del IX Premio Nacional de Periodismo Científico en 2019.

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